Los tablaos que quedan en Galicia cerrarán antes con la nueva licencia

Podrán abrir como café-espectáculo hasta las cinco, y los karaokes serán pubs


santiago / la voz

En Galicia llegaron a existir hace una década doscientos tablaos flamencos sin rastro de cantaores, cuando en Andalucía solo estaban registrados oficialmente 61. También hubo karaokes en los que había que esperar turno para cantar, y otros tantos en los que el micrófono y el televisor formaban parte del atrezo, siempre apagados. Pero el furor no era artístico, sino administrativo.

El decreto aprobado por la Xunta en el 2005 para regular los horarios de los espacios de ocio propició que los empresarios nocturnos se refugiasen en estas licencias tan específicas para ganar amplitud en el cierre y competir con las discotecas sin los requisitos urbanísticos y de seguridad que se le exigen a estas. Y así fue como se forjó un fraude masivo al que se le va a poner fin en las próximas semanas, cuando se apruebe el nuevo catálogo autonómico de actividades recreativas. A partir de la publicación oficial, los concellos tendrán dos años para adaptar todas las licencias.

Los karaokes y los tablaos desaparecerán como tal, y los pocos locales que siguen abiertos bajo este paraguas tendrán que tener licencias más genéricas, de pubs para los primeros, y de cafés-espectáculo para los segundos. Para esa adaptación, la Xunta ha especificado que todos los pubs puedan ofrecer servicio de karaoke, y el horario de cierre será el mismo, las cuatro de la madrugada. Los tablaos, en cambio, tendrán que ceder media hora y bajar la verja a las cinco en vez de a las cinco y media, hora límite que queda reservada para discotecas y salas de fiesta.

Para los empresarios de discotecas es un alivio que se ponga en marcha el nuevo catálogo, porque les permitirá sacudirse un problema de competencia desleal que, en determinados concellos, contribuyó decisivamente a ahondar en la crisis de los locales de ocio de última hora, de la que no se han levantado. De hecho, es la federación empresarial de salas de fiesta la que en su día hizo recuento de los tablaos flamencos en Galicia, a los que tenían en el punto de mira y a los que trituraron a denuncias. Hasta que apuntaron más alto y llevaron a un alcalde permisivo a los juzgados por amparar horarios bajo licencias fraudulentas. José Toja, exregidor de Santa Comba, acabó siendo inhabilitado cuatro años por prevaricación, y la sentencia -del 2012- fue mano de santo. Las licencias empezaron a diluirse en Galicia como el hielo en las copas «y ahora son anecdóticas», afirma Samuel Pousada, representante del colectivo.

El caso de los karaokes es distinto. Su ocaso, que se va a confirmar a nivel administrativo con la nueva norma, tiene que ver «con que han dejado de estar de moda», comenta Pousada, y los que hayan resistido no se verán, de momento, perjudicados por los cambios horarios.

Ojo con los bailes en los pubs

Al integrarse los karaokes en la categoría de pubs, queda claro que en estos últimos se podrá cantar. Sin embargo, según la nueva tipificación, el baile queda para las discotecas: «O pub estará destinado ao servizo de bebidas, con ambientación musical por medios técnicos e sen pista de baile», dice el texto. Este fue uno de los asuntos que generó un debate más intenso en las mesas de consulta que la Xunta impulsó meses atrás con empresarios, asociaciones vecinales, artistas y legisladores con el objetivo de que el catálogo tuviese un alto nivel de consenso.

ANÁLISIS - el declive de la movida: Santa Comba, del furor por el flamenco al bajón nocturno

La movida nocturna de Santa Comba, ahora de bajón, alcanzó dimensión nacional cuando trascendió que entre sus múltiples locales había 43 tablaos flamencos, casi tantos como en toda Andalucía. Algo de leyenda hay, porque en rigor esa cifra era la de establecimientos que acumulaban algún tipo de denuncia, «pero licencia de tablao la tenían solo siete u ocho», confirman desde el Concello xalleiro. Ahora no queda ni uno solo, tampoco karaokes.

La inhabilitación por prevaricación del exregidor socialista José Toja y el severo seguimiento que hicieron los empresarios de discoteca acabaron con una práctica claramente fraudulenta, y los nuevos hábitos de ocio hicieron el resto, de forma que unos y otros, además de bares y pubs, han acabado cerrando sus puertas y algunos locales, pocos, se van recuperando para otro tipo de negocios.

La movida de Santa Comba flojea igual que ocurre con la de Ordes o incluso en las ciudades, donde los locales de hostelería nocturna han acompasado sus cierres con los de miles de comercios, como se puede apreciar en A Coruña, Vigo o Santiago. «En Galicia hay varias zonas de marcha que están muertas porque nada de lo que ha ocurrido en los últimos años nos ha beneficiado», lamenta Samuel Pousada, presidente de Fesdiga. La lista de causas es larga: la crisis económica, por supuesto, pero también la ley antitabaco, con una aplicación errática; el botellón, que se alimentó de los menores que no pueden beber en los locales; las estrictas normas de alcohol al volante y los controles, que dinamitaron la movilidad en las comarcas; y las deslealtades empresariales, que acabaron por destrozar a un sector que nunca ha actuado unido, lo que permitió a las administraciones legislar sin demasiados miramientos ni resistencias. A todo ello se suma la digitalización y los cambios de hábitos de los jóvenes, con más alicientes en casa que en la calle. «Ya ni ligan en los bares», recuerda Pousada, que está convencido de que el nuevo decreto «vendrá bien, pero siempre que se cumpla». A expensas de que los concellos hagan su trabajo de actualización y control, algo se habrá ganado, ya que la Xunta tendrá por primera vez un registro detallado de todas las actividades y locales abiertos.

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