Solo una de cada diez parroquias mejoró su censo de población durante este siglo

Las zonas periurbanas son las que más han crecido proporcionalmente a costa de las áreas con menos densidad


Redacción / La Voz

Entre 1999 y 2018 Galicia perdió oficialmente 28.594 habitantes, pero no lo hizo de forma uniforme. Una de cada diez parroquias (11,75 %) consiguió mejorar su número de vecinos. Las otras nueve decrecieron. Concretamente, durante estos primeros 20 años del siglo XXI, 443 parroquias aumentaron su población, seis se mantuvieron y 3.327 decrecieron. Este movimiento poblacional no supone una gran novedad en la agónica deriva de la demografía gallega aunque sí ofrece algunos matices.

Uno de los más importantes es el vigor que toman las parroquias periurbanas que son las que proporcionalmente más población ganan. Las consecuencias del encarecimiento de la vivienda en los grandes núcleos urbanos ha desviado los flujos migratorios hacia parroquias próximas a las capitales y en donde se han asentado mayoritariamente familias jóvenes. El mapa elaborado por el Grupo de Análisis Territorial de la USC refleja como las parroquias donde se ubican el centro de las grandes capitales mantienen o incluso pierden población, en tanto que las limítrofes suman los incrementos proporcionalmente más importantes de estos veinte años. En muchas de estas parroquias con mejor saldo demográfico, la configuración sigue siendo rural, con huertas y cultivos que conviven con modernas urbanizaciones de vecinos de procedencia urbana.

Grandes caídas

Por el contrario, las mayores caídas se aprecian en el interior de Ourense, la parte septentrional da Costa da Morte, la montaña y el sur de Lugo, la confluencia de las provincias de Pontevedra y Ourense y el interior de la Mariña de Lugo. En muchas de estas parroquias del interior de Galicia, la caída demográfica ha dejado de estar ya relacionada con la salida de sus habitantes más jóvenes dado que esos flujos migratorios ya se dieron en la segunda mitad del siglo pasado. En el primer cuarto del actual, la caída de la población se debe casi en exclusiva a la muerte de su habitantes sin que se produzca ninguna reposición poblacional.

¿Está modificando el territorio este comportamiento demográfico? En alguna medida, sí. La mayor parte de Galicia, por encima del 90 %, puede considerarse por su densidad de población, zona rural o poco poblada. Ese porcentaje es muy difícil de variar, aunque está teniendo una evolución desigual. Espacios como la comarca de A Terra Cha, mantienen todavía una estructura agraria en declive aunque se mantienen explotaciones y pastizales. Sin embargo en otras partes del país el monte, normalmente desordenado, ocupa con velocidad el espacio que abre la despoblación: «Temos cada vez máis territorios mal atendidos, mal ocupados» constata el geógrafo Rubén Lois.

La otra modificación apreciable está relacionada con las zonas periurbanas con crecimientos urbanísticos más o menos ordenados para atender la demanda de vivienda de sus nuevos moradores.

Poca gente joven

La deriva de estos veinte años no invita al optimismo sobre la posibilidad de fijar población en el medio rural: «El problema no es si los jóvenes se pueden ir a vivir al medio rural. El problema es que no tenemos suficiente gente joven», señala el experto en demografía Manuel Blanco Desar.

El mapa que dibuja el estudio de la parroquias de Galicia no es muy distinto al que sale del análisis a nivel municipal. Prácticamente se repite el esquema de tres concellos que pierden población frente a uno que la gana. En ese sentido, el ayuntamiento que mejor saldo presenta en estos primeros 20 años del siglo es el de Ames, que ha duplicado su población. En términos absolutos, le siguen el de Lugo y el de Oleiros. En la parte contraria está el de Ferrol, que ha perdido más de 15.000 habitantes.

Un país dividido en tres tercios 

De acuerdo con el estudio efectuado por el Instituto Galego de Estadística, que calculó las cartacterísticas demográficas de cada kilómetro cuadrado de Galicia, el 35,2 % de la población vive en el 0,7 % del territorio. Ese es el primero de los tres tercios (no exactamente iguales, pero parecidos) en los que se puede dividir la población gallega. El segundo, el que vive en áreas de densidad intermedia, asimilables a zonas periurbanas, suma un 32,5 % de la población total y ocupa el 5,5 % del territorio. El otro tercio, el que vive en la zona rural, supone el 32,3 % de la población y la franja territorial que ocupa es del 93,7 %

Dos crecen, el otro no

Los dos primeros grupos se articulan alrededor de las principales ciudades y en el entorno de las rías de Noia, Pontevedra y Vigo, con algunos brotes en cabeceras comarcales como Viveiro, O Barco, Melide, Monforte o Lalín. El resto del territorio tiene la misma configuración de zonas poco pobladas. Los datos del padrón (esta clasificación se hizo bajo el último censo, elaborado en 2011) tienen a engordar los dos primeros tercios, donde todavía existe una tasa de reposición poblacional suficiente, a costa del tercero, en el que el nacimiento de nuevos gallegos es irrelevante frente al número de defunciones.

«Agora vívese ben no rural»

J. Casanova

O experto defende o futuro das zonas menos poboadas a través de políticas proactivas e de calado máis fino

Rubén Lois (Palas de Rei, 1961) é catedrático de Xeografía na USC e un dos grandes coñecedores da realidade galega, especialmente no mundo rural. No seu discurso hai realismo e esperanza para o interior do país.

-É posible vivir no rural coma na cidade?

-Agora vívese ben no rural. O que falla é que aínda non hai unha ideoloxía que arraigase suficientemente. Non nos convencemos de que se pode vivir moi ben. Socialmente segue a ideoloxía de que na cidade se vive mellor, e non é certo. Aínda que hai dous problemas: o primeiro é de xénero, pois no rural os homes viven mellor que as mulleres. Nas formas tradicionais os homes teñen más oportunidades de socializar: van máis aos bares, van ao fútbol, á caza... Por iso hai máis emigración silente das mulleres. E hai outro problema vinculado ás baixas densidades: o control social. Se ti saes unha noite na Coruña, fagas o que fagas, ninguén se decata; pola contra, se o fas nunha vila pequena, segundo o que fagas quedas marcado. Claro que tamén hai outras vantaxes: estás rodeado de xente que te coñece e que te pode axudar.

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