Las agresiones sexuales a menores aumentaron siete puntos en cinco años y son ya el 47,6 % del total

Domingos Sampedro
Domingos Sampedro SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

La Xunta considera «tremendamente preocupante» el repunte en este tipo de delitos y anima a los víctimas, en el 84 % de los casos mujeres, a denunciar

02 may 2019 . Actualizado a las 17:30 h.

Los delitos de abuso y agresión sexual están creciendo de manera progresiva en España desde el año 2014, y lo hacen todavía con más intensidad entre el grupo de menores de edad. La secretaria xeral de Igualdade de la Xunta, Susana López Abella, considera que este indicador es «tremendamente preocupante», pues destacó que las agresiones sexuales contra niños y adolescentes se incrementaron en siete puntos en solo cinco años y representan ya el 47,6 % del total de 11.692 delitos de este tipo de los que se tuvo conocimiento a nivel de todo el Estado en el 2017, el último ejercicio del que hay informe disponible.El 84 % de las víctimas son mujeres y el 16 % restante,  hombres.

López Abella llamó este jueves la atención sobre estos datos al hacerle entrega al presidente del Parlamento, Miguel Santalices, de la memoria anual que elabora la Xunta sobre violencia de género, un documento que en los próximos días será debatido con los grupos políticos en comisión, como también se debatirá otro informe específico sobre violencia sexual. En lo que concierne a Galicia, el número de delitos contra la libertad sexual aumentaron en un 17,6 % en el 2018, al registrarse 540 casos, frente a los 459 del ejercicio precedente. Por provincias, en A Coruña y en Pontevedra se registrar el 40 %, respectivamente, de las agresiones, mientras que en el Lugo y en Ourense se producen el 20 % restante.

La responsable de Igualdade de la Xunta reparó en que el informe recoge tan solo datos registrados, pero que las cifras pueden ser todavía mucho más elevadas, ya que «moitas rapazas, ante o medo de non ser creídas, continúan calando», si bien la obligación de la Administración gallegas es animarlas a que cuenten lo ocurrido y que denuncien, algo que muchas veces no hacen por sentirse avergonzadas o incluso culpables.