Médicos gallegos reciben de laboratorios desde 25 euros hasta 27.000 en un año

La industria farmacéutica aporta estos fondos por la prestación de servicios o para que acudan a congresos

La asistencia a congresos médicos es una de las actividades que financian los laboratorios
La asistencia a congresos médicos es una de las actividades que financian los laboratorios

Santiago / La Voz

En el año 2017 la industria farmacéutica en España aportó a organizaciones y profesionales sanitarios -la gran mayoría médicos- más de 564 millones de euros para desarrollar proyectos de investigación; acudir a reuniones y congresos científicos; organizar encuentros; prestar servicios profesionales; y también en calidad de donaciones, en este caso solo a entidades, nunca a particulares. Entre los beneficiarios figuran muchos facultativos gallegos, fundaciones públicas, asociaciones u hospitales, como por ejemplo la Fundación Biomédica Galicia Sur, la Profesor Novoa Santos o el CHUS. Desde el año 2016, Farmaindustria, a la que están adheridos 155 laboratorios, publica de forma totalmente transparente estas ayudas, con nombres y apellidos de quienes las reciben.

En ese 2016 se publicaron por primera vez estas transferencias de valor, aunque de forma individual solo si el médico daba su consentimiento. Pero en el 2017 la Agencia de Protección de Datos concluyó que no es precisa esta autorización, por lo que se publicaron todas y cada una de las aportaciones. Y en Galicia las sumas para que los médicos asistan a congresos o hagan colaboraciones con los laboratorios son de lo más diverso. En una revisión de algunas de las compañías más importantes -Novartis, Sandoz, GSK, Merck, Bristol-Myers Squibb, Esteve o Janssen- aparecen desde 25 euros hasta más de 27.000, pasando por cifras tan dispares como 825, 1.265, 2.737, 3.579 o 16.025.

La industria farmacéutica cuenta desde hace años con un Código de Buenas Prácticas que hace que estos honorarios se revisen con lupa y estén accesibles a cualquier ciudadano. De hecho, se publica no solo la aportación al sanitario, sino en concepto de qué. Por ejemplo, en el caso de los congresos se diferencia la ayuda de la inscripción de la del desplazamiento y alojamiento; y en el caso de que se abone un servicio, si son honorarios o gastos relacionados con esa prestación. También aparecen todas las donaciones y patrocinios para eventos con entidades sanitarias. Un ejemplo, en el 2017, Janssen (de la conocida Johnson and Johnson), estableció con la Fundación Biomédica Galicia Sur colaboraciones para eventos de más de 110.000 euros en Vigo y Pontevedra.

José Ramón González Juanatey, jefe de cardiología del CHUS, defiende la relación que hay no solo entre laboratorios y profesionales, sino también entre los primeros y las administraciones y sociedades científicas. Y destaca los proyectos de investigación «que son un pilar fundamental en el avance del conocimiento científico». El cardiólogo recuerda que aunque el laboratorio es quien patrocina, son las sociedades científicas las que velan por la calidad del programa. No obstante, apunta, «las sociedades científicas deberían ser en último caso las responsables de las actividades de formación continuada, y esto debería regularse de una forma más específica».

En cuanto a si existe algún intento de injerencia por parte de las farmacéuticas, Juanatey asegura que la integridad profesional ya debe impedirla «y la administración debe velar por un ejercicio profesional basado en la mejor evidencia clínica». El cardiólogo apuesta por regular de forma «más estricta» la prescripción ineficiente o injustificada, estableciendo indicadores de calidad asistencial que, opina, «deberían ser públicos».

«La imagen de farmacéuticas que pagan viajes está superada, ya no está en el debate social»

Los laboratorios no podrán organizar eventos de carácter lúdico, ninguna comida podrá sobrepasar los 60 euros por comensal y la hospitalidad no puede extenderse más allá de la reunión científica, es decir, no pueden pagarse noches de hotel a mayores. Son algunas de las normas del código de buenas prácticas de Farmaindustria, que además cuenta con una unidad de supervisión deontológica. Al frente, José Zamarriego, quien asegura que desde que funciona este órgano se han presentado más de un centenar de denuncias contra los laboratorios por incumplir este código.

Vulnerarlo acarrea dos consecuencias, una económica, que va de 6.000 a 360.000 euros en función de la gravedad, y otra más importante para Zamarriego, y es que se hacen públicos los hechos, y el nombre del laboratorio. Considera el responsable de la unidad deontológica que la imagen de una farmacéutica que paga viajes a los médicos y sus acompañantes «se ha superado, ya no está en el debate social. Nuestra preocupación es que ese tipo de prácticas no se puedan volver a hacer, y si se hacen, se penalizan».

Los laboratorios asumen en muchas ocasiones la formación continua de los profesionales, de la que carece la Administración sanitaria. No obstante, apunta Zamarriego, «en ningún sitio se establece que las farmacéuticas sean las responsables de la formación, pero la industria la apoya voluntariamente porque considera que es su deber a la hora de dar al médico el acceso al mejor conocimiento para que después se plasme en el tratamiento del paciente». 

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