vigo / la voz

José Luis Luna Pereira, un expresidiario de 46 años condenado por tenencia ilícita de armas, alegó ayer en el juicio contra él por asesinar de un tiro a un joven en una playa de Chapela en el San Xoán del 2017 que tiene «recuerdos vagos» del crimen y contó al jurado que es heroinómano desde los 12 años.

La vista con tribunal popular comenzó ayer en la sede viguesa de la Audiencia en Pontevedra. Dado que el acusado no niega el crimen, solo dice que no se acuerda de esa noche, el debate giró sobre si puede ser absuelto por haber actuado bajo los efectos de la bebida o de las drogas.

El asesinado fue Álvaro Daniel Beltrán Pinto, Dani, de 25 años, que trabajaba en la descarga de barcos desde los 16 años por 700 euros al mes. La víctima convivía con su hermana y su padre en Vigo. La bala le atravesó el corazón y un pulmón y salió por el otro lado. Un testigo relató que le taponó con su sudadera la sangre que salía del agujero de la camiseta.

El motivo de la riña fue que Dani amonestó al pistolero, quien salió solo de un bar de la playa de Arealonga a las cinco de la madrugada y quiso orinar sobre dos chicas que dormían en la arena.

Varios testigos vieron como Luna empuñó lo que el fiscal definió como un «pistolón» de calibre mágnum, el doble de lo normal. Apoyó el cañón en el pecho de la víctima, que hizo el gesto de apartarlo antes del disparo mortal. Dani retrocedió dos pasos y cayó desplomado en medio de la calzada. Luego, el pistolero disparó contra Eduardo P., porque le empujó a gritos: «¡Fuiste tú!». Un amigo los vio: «Sacó la pipa del macuto y disparaba, echamos a correr». Otro añadió: «Tiraba a dar». El propio Eduardo cuenta: «Vi sacar el arma, me agaché y eché a correr. Oí disparos pero no miré atrás». Si falló fue porque al pistolero se le cayeron los pantalones y la riñonera.

José Luis Luna solo respondió a su abogada. Afronta 42 años de cárcel. Alegó que consumió heroína desde los 12 años y estuvo a tratamiento con metadona y pastillas contra la depresión: «Y siempre he recaído». Siguió terapia en el centro Cedro desde los 14 años y es usuario de Érguete desde 1993. Fue tratado psiquiátricamente por «impulsividad» y le recetaron ansiolíticos, tranquilizantes y metadona. «Pero a veces no la tomaba», confesó.

Luna contó al jurado que el día del crimen tomó «bastantes pastillas de lorazepam». Alega que pasó la tarde bebiendo «bastante» en los bares de Teis. «Volví a casa y decidí tomar la última copa en Chapela. Estuve allí con mucha gente. Tomamos gin tonics y cervezas. Me encontraba mal y quería volver a casa y le pedí a un amigo que me llevase», relató. No recuerda lo que pasó esa noche: «Tengo vagos recuerdos». Se enteró del crimen en la comisaría. «Y me volví loco, me autolesioné, fui al hospital», dice.

Su amigo Santiago confirmó que esa noche tomaron cuatro copas, pero niega que José Luis le pidiese volver a casa. En uno de los bares, vio asomar la culata de la pistola en su bandolera y el acusado le quitó hierro: «Es de broma». Comentó que José Luis fue atracador. Más tarde, Santiago oyó «tres petardos» y vio en la playa un corro de gente y a José Luis. Él le dijo: «Vámonos, por hoy ya llegó». Se fue tranquilo.

El fiscal rehúsa conceder una eximente de embriaguez al acusado. Cree que «estaba bien» y mató «a propósito, vilmente, de forma cobarde, a traición y con malicia. Disparó con un pistolón y a cañón tocante y luego alzó el arma apuntando a matar al testigo que le increpó y que se salvó de milagro al huir haciendo eses». Hoy declaran los policías.

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«Sacó la pipa del macuto y disparó», dicen testigos del crimen de San Xoán