Habla la madre gallega de un chico fugado: «Ruego que mi hijo sea recogido y devuelto a España cuanto antes para su reintegración»

María, una funcionaria coruñesa, no sabe nada de su hijo, de 17 años y en régimen de guarda por la Xunta, desde que se escapó en enero a Portugal

manso madre

a coruña

Los problemas de conducta de su hijo llevaron a María (prefiere solo dar su nombre de pila) a pedir auxilio a la Administración. Desde el 11 de octubre la Xunta tiene la guarda del menor, que cumplió 17 años en noviembre. Esta coruñesa pensó que ahí el chaval podría comenzar a enderezarse. Primero estuvo en un centro en régimen cerrado en Rábade y después pasó al de Protección de Menores María Inmaculada de O Barqueiro. El chico iba a clases de formación profesional en el instituto, pero solo aguantó un mes. Se fugó el 15 de enero.

«Está bajo tratamiento, nadie vigila si lo sigue o no», alerta. Tras semanas de pesquisas, dieron con su paradero. Está en Oporto. Han conseguido que duerma en un centro de menores de la ciudad lusa. «Puede salir y entrar cuando quiere. No sé con quién anda ni lo que hace por el día. Ruego que sea recogido y devuelto a España. Que se reintegre en un centro de su país cuanto antes», solicita desesperanzada. Agradece el trabajo de la Guardia Civil y de Policía Nacional y Autonómica. Aunque sigue teniendo la tutela, la Xunta ostenta la guarda. Ha entregado una carta en la Consellería de Política Social, de la que depende la Dirección Xeral de Familia e Infancia. «Queda muy bien escrita y verbalizada la palabra protegido cuando una Administración la aplica a un menor pero, si se escapan, caen en el más absoluto de los desamparos», censura.

Desde San Caetano están al tanto del caso. «Solicitouse á policía que realice os traballos precisos para o retorno do menor, por ser da súa competencia a coordinación cos corpos de seguridade doutros países. Estamos á espera de que se realicen estas actuacións para a volta do rapaz e continuar traballando na súa posible reintegración familiar», apuntan desde la consellería.

Tres meses fuera

Han transcurrido tres meses de la huida, que a esta madre le parecen interminables. «La coordinación entre la Xunta, el propio centro de menores donde residía mi hijo y las autoridades portuguesas y españolas debería ser más eficaz. No hay un protocolo claro. Las medidas tendrían que ser personalizadas para cada caso», insiste María. Integra una familia monoparental desde que adoptó al pequeño cuando este contaba con cinco años.

Como su hijo, la Xunta tiene bajo su guarda o tutela a 300 chavales con problemas de conducta en el ámbito familiar. Además, están aquellos a los que se les impusieron medidas judiciales por situaciones de violencia filioparental. Fueron 119 en el 2018.

«Hay que pararse a pensar en los motivos por los que son conflictivos y acaban en un centro. Asegurarles una atención para su recuperación y que los padres podamos estar tranquilos porque sabemos que no se pueden escapar ya que estarán supervisados las 24 horas por profesionales. Ahora solo están en centros cerrados si hay un delito de por medio», alega María.

En Galicia existen dos tipos de centros de menores: los de protección, donde se da acogida residencial a los que están en riesgo o desamparo; y los centros de cumplimiento de medidas judiciales, «para os que cometeron un ilícito penal», matiza Política Social. De los primeros hay 74, tres de ellos terapéuticos, específicos para trastornos de conducta. De los segundos, se cuentan cuatro en régimen de internamiento, y cinco semiabiertos.

La opinión del centro

«Él insistía en que quería emanciparse. A partir de los 16 años, si hay un consentimiento paterno, pueden hacerlo. ¿Qué haces con un chaval de 17 años que no dejará de escaparse?», pregunta Valentín Calvín, el director del centro de protección de O Barqueiro del que se fugó el menor y que tiene capacidad para 25 jóvenes.

«La convivencia es cada vez más complicada entre padres e hijos. Estamos viviendo muchos cambios sociales y generacionales», explica Calvín, que también es psicólogo sanitario. «Ningún menor es igual a otro. Intentamos adaptarnos a cada uno. Con un buen diagnóstico, siempre hay una forma de reconducirlos. Hay varios tipos de intervención: psicológica, de salud mental... Después, claro, los medios de los que disponemos son los que son», insiste. Calvín recalca: «Muchas veces, en las familias el ‘no’ no está en el vocabulario, y eso también educa».

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