3 de abril de 1979, el día en el que empezaron a cambiar los concellos

Se cumplen 40 años de los primeros comicios municipales tras la llegada de la democracia, una votación por la que hubo que esperar casi medio siglo


Hace cuarenta años los gallegos se preparaban para vivir una cita histórica: el 3 de abril de 1979, y después de casi medio siglo de espera, podían volver a elegir libremente a los inquilinos de los ayuntamientos. Ese día se celebraron las primeras elecciones municipales democráticas desde 1931 y se dejaba atrás una forma de elección arbitraria. En esa jornada todo transcurrió sin incidentes y con normalidad. La votación, acompañada de una fuerte abstención, no favoreció a la UCD (partido en el Gobierno). A nivel general supuso una victoria de la izquierda en las grandes ciudades y un avance de los nacionalismos. En Galicia, las urnas provocaron un vuelco en la gran mayoría de los municipios, que dejaron atrás a alcaldes nombrados por el régimen franquista y recibieron a los elegidos por los ciudadanos en las urnas. 

Las elecciones generales de 1977 y la posterior aprobación de la Constitución habían abierto el camino hacia las elecciones democráticas en los ayuntamientos, una transición que se había acelerado con los comicios generales de marzo de 1979, en los que Adolfo Suárez había conseguido una amplia victoria, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta. Las elecciones locales ponían también a prueba la fortaleza de UCD, con todo el respeto que imponía una consulta de este tipo.

Finalmente, el 3 de abril, y tras un recuento electoral mucho más lento que el actual (varios ediles recuerdan que no conocieron el resultado hasta la mañana siguiente), se constató cómo el 49 % de los alcaldes electos en España pertenecían a la lista de Unión de Centro Democrático. Había que descender hasta valores del 24 % para encontrar la segunda formación con mayor representación. Aún así, los analistas pusieron el foco en el avance de la izquierda y de los nacionalistas en las grandes ciudades. La Voz subrayaba la «caravana de socialistas» que nada más cerradas las mesas de votación ya celebraban su victoria en Madrid y Barcelona.

En la capital, UCD y PSOE empataron a 25 concejales (obtuvo más votos la formación de Suárez) mientras que el Partido Comunista se quedaba con 9. Un pacto suscrito entre esta formación y el PSOE convertiría al socialista Tierno Galván en el primer alcalde de la capital. En Barcelona, mientras tanto, ya se avanzaba a primera hora la victoria del PSC que, tras intensos pactos (los mismos que se tuvieron que dar en otras ciudades para elegir alcalde, como en Valencia, Valladolid, Zaragoza o Salamanca), lograba confirmar a Narcís Serra como el primer alcalde socialista de la democracia en Barcelona.

Frente al triunfo socialista, la UCD esgrimió que tenía más alcaldes y más votos que ninguna otra formación (unos resultados que les permitieron controlar las diputaciones) pero lo cierto es que tras las elecciones, tres cuartas partes de la población española pasó a ser gobernada en los ayuntamientos por la izquierda.

La izquierda gana en A Coruña, Ferrol y Vigo

En Galicia, y a pesar de que la gran mayoría de los votantes respaldaron al partido en el poder, las elecciones locales de 1931 también depararon sorpresas. A nivel global, la formación de Adolfo Suárez obtuvo 60 concejales en las principales ciudades gallegas frente a los 38 del PSOE. En ninguna de estas localidades hubo regidor por mayoría absoluta, algo a lo que contribuyó la proliferación de candidaturas. Y es que las elecciones de 1979 sembraron de siglas los primeros ayuntamientos democráticos, con siete partidos en Pontevedra, cinco en Ferrol y seis en las demás ciudades.

La izquierda se hizo con bastiones importantes en la comunidad, como A Coruña, Vigo y Ferrol. En la ciudad herculina fue Domingos Merino el que logró el bastón de mando. Llegó al cargo encabezando la lista de Unidade Galega, con la que obtuvo cinco concejales. Eran uno menos que el PSdeG-PSOE, aunque el llamado Pacto del Hostal le permitió a Merino llegar a la alcaldía a cambio del apoyo a los candidatos socialistas en las de Vigo y Ferrol. En la ciudad olívica, Víctor Moro se llevó el mayor número de actas para UCD (9), pero sería el socialista Manuel Soto (8 ediles) el elegido como alcalde.

La UCD obtuvo la alcaldía de Pontevedra - la lista de Rivas Fontán fue la más votada con 9 ediles, seguida por Unidade Galega con 6-; Santiago, con el ya fallecido José Antonio Souto Paz al frente; Ourense (el alcalde fue José Luis López Iglesias, con un gobierno de concentración en el que también participaban PSOE, AP, Partido Comunista, BNG e independientes); y Lugo, donde José Novo Freire consiguió 8 de los 25 concejales. 

Otro de los principales concellos gallegos que vio cómo un rostro nuevo ocupaba el bastón de mando fue Lalín, donde un joven de 29 años, Xosé Cuíña Crespo, se alzaba al primer intento con la alcaldía. Su intención había sido concurrir a las municipales bajo las siglas de UCD pero el partido apostó por otro candidato que militaba ya en la formación centrista. Logró la mayoría absoluta como independiente. 

Alta abstención

En abril de 1979 comenzaba una nueva etapa, difícil pero ilusionante. Por ello, y más allá de los resultados y de los aires de renovación y democracia que se abrían paso en los ayuntamientos, la votación de ese día también dejó otro titular destacado, que contrastaba con la expectación creada: la escasa afluencia de votantes. Galicia fue, además, la comunidad que registró la abstención más alta de todo el país. 

«Normalidad y bajos índices de participación» (de poco más del 40 %) resumía la página del especial que La Voz publicó pocas horas después de los comicios y en la que se informaba sobre las votaciones en la comarca compostelana: «No hubo colas ni aglomeraciones y tan solo los cartelones con las diferentes candidaturas, colocados en lugares visibles desde el exterior en algunos colegios, detectaban la celebración de los comicios que no alteraron el ritmo normal de la vida cotidiana».

 

«Normalidad y escasez de votantes» en la ciudad de A Coruña, destacaba también La Voz sobre esa jornada de abril de ambiente gris, en la que el tiempo no ayudó. «Más desinterés que nunca» titulaba en grande sobre lo ocurrido en Pontevedra, donde «el voto tardó muchas horas en llegar a las urnas».

Incidentes hubo pocos («la jornada electoral fue más tranquila que la del uno de marzo») pero, anécdotas -en un país que aún despertada a los hábitos electorales-, muchas. El periódico recogía la de una votante lucense que compareció en un colegio electoral preguntando si allí era donde se votaba por Adolfo Suárez: «Le informaron que en esta ocasión no se trataba de votar por Suárez, sino de elegir concejales, ‘los señores que mandan en el ayuntamiento’». También se hizo eco La Voz de Galicia de la acción del principal candidato a un «ayuntamiento norteño», que llevó camiones con grava para reparar un camino, «aconsejando al vecindario que le votaran a él, ya que si no lo hacían, volvería a llevarse la grava». El problema fue que, «coas presas de última hora, os camións, ao levar o material, romperon as cañerías ao seus paso», según un comunicado del BN-PG,.

En A Coruña, la aparición de sobres con dos papeletas motivó dudas y fuertes polémicas en la propia jornada electoral. En la página de La Voz se incidía en que «los presidentes de las mesas electorales no utilizaron criterios idénticos sobre la validez de esos votos».

Desde Bergondo llegaba, además, una de las sorpresas amables de la jornada, recogida por La Voz. «Un niño de siete años se acercó a la mesa y dijo que quería votar. Iba solo. A la pregunta de por quién quería votar, ni corto ni perezoso, contestó rápido. "Por el Partido Socialista Obrero Español". Los miembros de la mesa le siguieron la corriente y apuntaron en un papel el nombre del partido, diciéndole al niño que ya estaba. Este sorprendido les dijo: «¿Y no me preguntáis mi nombre?» Los de la mesa tuvieron que preguntarle el nombre, tomar nota de él y, entonces, ya satisfecho, el niño se marchó». 

Sin casi alcaldesas

Visto con cuarenta años de perspectiva, otro dato llamativo sobre esos primeros comicios de la democracia es el propio perfil de los regidores, que dista mucho del actual, sobre todo en lo que se refiere a perspectiva de género. El 99 % de los alcaldes eran varones. Según datos facilitados por el Ministerio de Política Territorial, y recogidos por Efe, entre los 8.462 alcaldes elegidos en aquellas primeras municipales, solo había 104 mujeres (1,27 %) y cero presencia de alcaldesas en provincias como A Coruña, Lugo o Pontevedra.

Cuatro décadas después, el número de alcaldesas ha crecido hasta el 19,89 % y suponen, tras las elecciones municipales de mayo de 2015, un total de 1.666 frente a 6.708 varones.

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