Jesús Chenel: «En coches, casi siempre decide ella»

El presidente de los empresarios del polígono del Tambre augura malos tiempos y recuerda sus inicios, cuando instaló el primer tren de lavado de Galicia


A la entrada de su despacho, Jesús Chenel (Santiago, 1946), tiene varias fotos colgadas en la pared. En lugar preferente, una con Felipe VI y otra con Claudia Schiffer: «Una mujer encantadora. Yo comí con ella y es una experiencia que le recomiendo». Lo dice como si estuviera al alcance de cualquiera. Así es este hombre que ha vendido más coches que pelos tiene en la cabeza (y aún le quedan bastantes) y que ofrece mucho más de lo que podría parecer en un principio.

-¿Se acuerda de cuando montó su primer negocio?

-Mi primer negocio lo instalé en la calle Montero Ríos. Fue el primer tren de lavado que se instaló en Galicia junto con otro en A Coruña. La gente decía que estábamos locos, que aquello lo escarallaba todo. Pero yo sabía que era el futuro.

-Tendría la exclusiva durante mucho tiempo.

-Sí, muchos años, hasta que empezaron las gasolineras. Luego nos mudamos a la Avenida de Lugo y ya empezamos a vender coches.

-¿Y recuerda el primer coche que vendió?

-Sí. En realidad fueron dos coches. Eran Citroën dos caballos y se los vendí a una empresa que cobraba multas para el concello.

-Un buen negocio, que los coches dejan buenas comisiones.

-No eran muy caros, la verdad. Pero la venta de coches ha tenido épocas. Antes sí dejaban algo; ahora vendemos al costo y, a veces, perdiendo dinero.

-Perdone, pero eso no me lo creo.

-No todos, pero algunos, sí.

-Eso es más posible. ¿Diría que los vendedores de coches son la élite de los vendedores?

-Seguramente. Yo digo que nacen mezclados con gasolina. El vendedor de coches tiene que ser dinámico, caer bien... Mire, aquí, cuando entra el cliente por la puerta, el vendedor ya sabe si viene a comprar o a pasar el rato. El vendedor, nace.

-Y usted tiene ese talento...

-Bueno, tal vez lo tuve. Ahora ya estoy un poco mayor.

-Cuándo entra una pareja a comprar, ¿a quién hay que convencer más intensamente?

-Quizás hace años decidía el hombre, pero hace mucho tiempo que, en coches, casi siempre decide ella. Más del 90 % de las veces. Si la señora dice que el coche le gusta, el vendedor ya sabe que está vendido.

-¿Qué características de un coche diría que le interesan más al comprador gallego?

-El gallego, lo primero que dice es: «Quiero un coche diésel». Eso para empezar. Luego le interesa la seguridad y, en tercer lugar, cualquier otra necesidad que tenga.

-Siempre se dice que la venta de coches muestra la salud económica de un país. ¿Cómo está el termómetro?

-Bueno, hubo unos años gloriosos y luego vino lo que vino cuando nos metimos por debajo de cero. Parecía que aquella situación había pasado ya un poco y se relanzaba la venta, pero en estos momentos se está ralentizando de nuevo. En Santiago, el mes pasado, la venta cayó un 12 %

-¿Vienen tiempos malos?

-Sin lugar a dudas.

-¿Qué espera de las próximas elecciones?

-Estabilidad. No me preocupa mucho quien gobierne, pero sí que sea de forma estable. Eso es lo que ayuda a los empresarios.

-¿Un salario mínimo de mil euros es una barbaridad?

-No. Otra cosa es que haya empresas que puedan pagarlo o no. Pero no es ninguna barbaridad.

-¿Cómo era usted de pequeño?

-No muy travieso. Dormía poco de aquella y sigo durmiendo poco. Era muy de fiar. El profesor me puso de capitán de la clase varios cursos. Era muy inventor. Igual ya tenía mentalidad de vendedor.

-¿Y qué vendía?

-Le cuento un caso: cuando tenía 8 años recuerdo un cura al que se le estropeó la moto, rompió el cable del embrague. Yo me hice con uno y le arreglé la moto. Y el cura se marchaba, pero yo le dije: «¡Eh! ¿Dónde va? ¡Que me tiene que pagar!». Ja ja.

-¿Y le pagó?

-¡Claro! Siete pesetas.

-¿Celta o Dépor?

-No soy nada futbolero, pero si le tengo que responder obligatoriamente, prefiero un empate. Eso sí, cuando juegan con un equipo de fuera de Galicia, quiero que gane el equipo gallego.

-¿Qué tal cocina?

-Hago mis pinitos. Me defiendo. Ni mi familia ni yo nos moriríamos de hambre si yo cocinara. Eso sí, no me pida el emplatado ni que gane un concurso de Master Chef.

-¿De qué se arrepiente?

-De pocas cosas, o de ninguna. Tengo una buena familia, un hijo y una nieta. Me considero afortunado.

-Lo de la nieta...

-Eso no tiene precio.

-Defínase en pocas palabras.

-Soy una persona honrada, cumplidora y muy amiga de mis amigos.

-Elija una canción.

-Un beso y una flor, de Nino Bravo.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Hay dos cosas: la familia y la salud, pero si solo pudiera elegir una sería la familia.

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