Las charlas en colegios destapan gran parte de los abusos sexuales sobre menores

La Guardia Civil y las asociaciones constatan que más del 80 % de los agresores son del entorno de la víctima


redacción / la voz

El movimiento #MeToo abrió la delgada cortina tras la que durante años se ocultaron los casos de abuso sexual sobre mujeres en diferentes ámbitos, pero hay otra cortina que, poco a poco, también comienza a abrirse. Es la de los abusos sexuales contra menores, un problema que según los datos que maneja el Consejo de Europa a los que alude Javier Aznar, psicólogo clínico y psicoterapeuta de la Fundación Meniños, afectan a uno de cada cinco niños.

La prueba de que ese otro velo también se está abriendo son los datos que aluden al creciente número de víctimas detectadas por Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Local. En respuesta a una pregunta formulada al respecto en el Congreso por el diputado popular Miguel Lorenzo, el Gobierno avanzó el mes pasado que solo en Galicia en el 2015 fueron registrados 108 casos, mientras que entre enero y noviembre del año pasado estos pasaron a ser 152.

Pero como advierten distintas entidades dedicadas a realizar programas de apoyo a esos menores como Fundación Meniños o Aminogal, el incremento de casos no quiere decir que este fenómeno se esté dando más, es porque se está más encima y, como explican fuentes del Equipo Mujer-Menor (EMUME) de la comandancia de A Coruña, se denuncia más, aunque es algo que lleva ocurriendo años.

Dicen los que trabajan en esa especialidad que es la más cruda de la Guardia Civil. «Convives con lo peor del ser humano», comentan fuentes adscritas a esa área. No vale para todo el mundo porque la realidad que han de enfrentar cada día es muy cruda y la resolución de cada uno de los expedientes que acaban con la detención del abusador suele destrozar a las familias afectadas. ¿Por qué? «Porque, al menos en el territorio que abarca esta comandancia, en más de un 80 % largo de los casos, quien comete el abuso es un miembro de la familia o una persona muy allegada a ella, un vecino...», apuntan. Pero además de investigar los casos, los agentes de esta unidad han de prevenir que se produzcan otros delitos: «Pasamos horas convenciendo a los padres y madres para que no maten al agresor».

Aprovechan la cercanía

Ese mismo índice de casos que se producen dentro del entorno familiar lo corroboran entidades como la Fundación Meniños o Aminogal, que hablan a nivel gallego de porcentajes del 80 %. «Van atrayendo a la víctima poco a poco, es como un proceso de seducción. Y la víctima no puede oponer resistencia porque se siente aislada y tiene miedo a pedir ayuda. Es lo que llamamos muro de la vergüenza y que, en realidad, es un mecanismo de control», apunta Javier Aznar. Aprovecharse de la cercanía o la confianza del menor es, como explican fuentes de la Guardia Civil, un atenuante del delito.

El hecho de que sea una persona cercana quien comete el delito hace que muchos menores, sobre todo a edades tempranas, no sean conscientes de lo que les están haciendo. De hecho, como explican fuentes de la EMUME, «hay muchos casos en que los menores que han sufrido abuso denuncian al llegar a la mayoría de edad. Porque suelen ser abusos que llevan años produciéndose».

Los agentes que trabajan en este cuerpo investigan a partir de una denuncia. Muchas de ellas llegan, como explican desde ese cuerpo, desde el entorno escolar o se producen después de una de las charlas que se dan en los centros dentro del Plan Director impartido por la EMUME en los colegios que están dentro de la jurisdicción de la Guardia Civil, o la Policía Nacional, en las ciudades.

Una vez que hay una denuncia, es un uno contra uno, como en los casos de violencia machista. «Lo que hacemos entonces es hacer una exploración, cuando se trata de menores hay que hablar de exploración y no investigación. Porque los menores suelen habérselo contado hace tiempo a una amiga... hasta que al final cuentas con todos los elementos para realizar la detención», apuntan.

Formación a profesores

La necesidad de dar visibilidad a los casos de abusos sexuales a menores fue la razón por la que hace poco más de 4 años nació Aminogal, un colectivo de profesionales que, entre otras cosas, dan cursos en los centros escolares para formar a los profesores para la detección de indicios que pueden esconder un abuso sexual.

Además, de la mano de Política Social, desarrollan la campaña Poñendo os Lentes que, con material didáctico adecuado a cada edad, tratan de explicar a los menores el problema. «Co libro La regla de Kiko, editado polo Consello de Europa, traballamos nas aulas ata 7 anos -explica la a coordinadora de Poñendo os Lentes para la zona sur, Isabel Pence-. Para os nenos de primaria elaboramos un material que lle chamamos Escola de detectives, pero agora tamén imos presentar outro material para máis maiores».

¿Cómo superar el muro de la vergüenza?

Construir un entorno de seguridad en la víctima que ha sufrido abuso sexual es uno de los pasos fundamentales para poder superar lo que se conoce como muro de la vergüenza. Lo explica Javier Aznar, experto de la Fundación Meniños encargado del programa de Atención a Menores víctimas de Abuso Sexual de la Consellería de Política Social.

«Tiene que ser una seguridad física, pero también sentida», apunta al tiempo que destaca que no solo hay que trabajar con la víctima, también con su familia, que sobre todo en los mayoritarios casos en los que el agresor procede de ese entorno queda totalmente destrozada.

Lo que no existe, como apuntan fuentes de Política Social, es «ningún perfil familiar maioritario». Dicen que la única diferencia está determinada «por se a situación de abuso se dá no ámbito doméstico por parte dalgún dos proxenitores. Neste caso, asúmese de forma inmediata a tutela do menor coa conseguinte separación do núcleo familiar. Se o abuso provén do ámbito extrafamiliar trabállase con todos os membros da familia».

Desde ese departamento recuerdan que en caso de conocer o sospechar de algún abuso «pódese chamar ao 112, comunicalo aos equipos técnicos de menores ou directamente ao Ministerio Fiscal. Calquera vía abrirá a investigación do caso».

Los abusos sexuales a menores no prescribirán hasta que la víctima cumpla 40 años

La Voz

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad contarán con unidades especializadas en violencia sobre los menores

El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes el anteproyecto de la Ley de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia que, entre otras medidas, ampliará el plazo de prescripción de los delitos de agresión y abuso sexual cometidos contra menores: empezará a contar cuando la víctima cumpla 30 años. Actualmente se cuenta cuando la víctima cumple los 18 años y los delitos prescriben entre 5 y 15 años después, dependiendo de su gravedad.

La intención de acometer un cambio legal para alargar el tiempo de prescripción de estos delitos ya fue avanzada hace unos meses por la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. Justicia barajaba tres escenarios: que esos delitos fueran «imprescriptibles» o que la prescripción empiece cuando la víctima cumpla 50 o 30 años, eligiendo finalmente esta última opción. La ampliación del plazo de prescripción, según informa Europa Press, lleva implícita la modificación del Código Penal y afecta a los delitos más graves que se cometan contra los menores, en los delitos relativos a la tentativa de homicidio, delitos sexuales, las lesiones agravadas, maltrato habitual y trata de seres humanos cometidos sobre personas menores de edad.

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