Los hosteleros alaban el nuevo modelo de licencias, que no evitará la picaresca

Los vecinos y consumidores destacan el consenso, pero reclaman rigor municipal

Concierto en un local de Carballo
Concierto en un local de Carballo

santiago / la voz

La reordenación del catálogo de establecimientos de ocio abiertos al público en Galicia, que dará lugar a la revisión de todas las licencias otorgadas por los ayuntamientos, se ha alcanzado con un inusitado consenso en un asunto que, a nivel local, ha generado históricos desencuentros entre diferentes intereses ciudadanos y no pocas visitas a los juzgados. Pero todos los actores que han participado en la elaboración del documento que la Xunta expone ahora públicamente para evaluación de la sociedad han coincido en el altísimo grado de consenso alcanzando entre los representantes de ayuntamientos, empresarios de música, salas de fiesta, discotecas, asociaciones vecinales, colectivos de consumidores y, sobre todo, los hosteleros, que son los que se van a tener que enfundar el traje en forma de decreto diseñado a partir de la Lei de Espectáculos.

La clasificación de las actividades, desde los bares hasta las discotecas, pasando por las cafeterías, los salones de banquetes, los pubs o las salas de conciertos, se simplifica de forma notable, y se definen con bastante precisión las características de las actividades que podrán desarrollar, además de dejar vía libre para que los establecimientos más pequeños -con un aforo de hasta 75 personas- puedan celebrar conciertos o actuaciones de «escasa incidencia».

La desaparición de las licencias de karaoke o tablao flamenco tampoco deberían suponer mayor problema porque lo lógico es que se enmarquen dentro de los pubs y los cafés-espectáculo respectivamente, un nuevo marco que satisface a las discotecas y salas de baile, que en los últimos años denunciaron «un auténtico fraude de ley en torno a estas licencias», denuncia Samuel Pousada, de la Federación de Empresarios de Discotecas. «El catálogo no generará problemas, más bien los soluciona, y nadie se va a quedar sin licencia, pero es evidente que había una competencia desleal que ahora se corrige», comenta el directivo de Fesdiga, al que solo le preocupa que los concellos puedan hacer la «vista gorda» dando continuidad a la picaresca de las últimas dos décadas.

Hay temor a que los concellos hagan la «vista gorda» para evitar problemas a los locales

Rosa Otero Raña, igual que Pousada, participó en la comisión de espectáculos públicos que coordinó la Dirección Xeral de Interior, que depende de Vicepresidencia de la Xunta. Actuó como presidenta del Consello Galego de Consumidores y coincide en que hubo entendimiento, pero advierte que el colectivo estará vigilante «para que se aplique», para lo que ve necesario el compromiso de los empresarios y el rigor de los concellos en la aplicación de normas. Esa preocupación la mantienen los grupos vecinales invitados, que también expusieron reparos sobre la aplicación de los nuevos permisos en zonas «saturadas de ruidos» y cuestionaron la connivencia municipal con determinadas actividades que ellos consideran molestas.

La celebración de pequeños conciertos sin escenarios ni amplificadores extraordinarios, que beneficia a los bares de tamaño reducido, encontró la comprensión de las discotecas e incluso de la asociación de salas de música en vivo. «Los concellos pequeños sin grandes espacios también tienen derecho a la música en directo, que es cultura, no solo ocio», apunta el colectivo.

 

El debate: ¿puede bailarse en un pub?

J. capeáns
Imagen de archivo de un concierto de Los Limones en un pub de Vigo en el 2004
Imagen de archivo de un concierto de Los Limones en un pub de Vigo en el 2004

¿Puede programar conciertos un bar o las salas de conciertos pueden poner copas?. Esas son algunas de las cuestiones discutidas durante múltiples reuniones a varias bandas

«El problema es que los bares quieren programar conciertos; las salas de conciertos quieren poner copas; los pubs quieren ser discotecas; y las discotecas quieren blindar su espacio horario. Y por encima de todo, debería estar el derecho al descanso de los vecinos». Este expresivo galimatías le sirve al abogado Pablo Franco para resumir las reuniones a varias bandas en las que una docena de representantes de colectivos implicados han debatido hasta alcanzar un catálogo de actividades que, a su juicio, quedó «xeitosiño».

El letrado coruñés acudió en calidad de secretario general de la asociación de empresarios de las verbenas gallegas, que no salen mal paradas en el decreto porque les afecta menos al celebrarse en espacios abiertos y, de ordinario, en fechas festivas. Para Franco era clave defender al vecino, «pero también nos movilizamos en favor del músico» para que tenga espacios de expresión artística regulados.

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