Adolescentes solos: «Me aíslo en mi burbuja y solo pienso en estudiar. Estoy sola en el mundo, sé que todo depende de mí»

Apenas el 1 % de los jóvenes tutelados por la Administración consigue acceder a los estudios universitarios

Ana vivió parte de su infancia y adolescencia en un centro de acogida.
Ana vivió parte de su infancia y adolescencia en un centro de acogida.

Ha conseguido entrar dentro de un grupo muy reducido. De una estadística que apenas supera el 1 %. Y todo se lo debe a una persona: a ella. Para proteger su intimidad, no citamos su nombre real. Ana tiene 18 años y el año pasado consiguió realizar su sueño. Acceder a la universidad. Lo que para cualquier joven es casi lo esperado cuando termina el bachillerato, para esta pontevedresa es lo excepcional. Aún no había cumplido los diez años cuando su hogar pasó a ser un centro para menores bajo tutela institucional.

«Siempre supe que, si ponía de mi parte, podría conseguirlo», resume así su particular hazaña. Le resta magnitud. «Tuve una oportunidad y la aproveché. No me gusta contar mis problemas ni estar recordando el pasado». La titulación que ha escogido no es una casualidad. Cursa primero de Derecho en la Universidade de Vigo. «Influyó lo que me pasó, me gusta defender lo justo. También me gustó el papel del fiscal que llevó mi caso», añade. Se crio en una residencia. Fue una de las menores «institucionalizadas» por la Xunta al no estar sus padres en condiciones de hacerse cargo de ella. Una realidad que afecta a unos 3.000 adolescentes gallegos. «Ser introvertida me ha ayudado mucho. Me encierro en mi burbuja, me aíslo de todo, y solo pienso en estudiar. Estoy sola en el mundo, sé que todo depende de mí». Esa vulnerabilidad fue para ella, en cierta medida, un estímulo.

Jóvenes excepcionales

En los centros como en los que vivió Ana, cuando cumplen los 18 años, la Administración deja de ser responsable de su tutela. Según la oenegé Igaxes, la asociación que gestiona el Programa Mentor, cofinanciado por el Fondo Social Europeo y dirigido a los jóvenes bajo responsabilidad de la Xunta de entre 16 y 21 años, apenas el 1 % de los adolescentes que viven con ellos acaba realizando estudios universitarios. Dar ese salto, cuando les falta un soporte familiar, es una meta complicada.

No tenemos a nadie que nos apoye si nos falta un trabajo

Los que realizan un ciclo formativo son una cifra más amplia. 330 de los 545 participantes del Programa Mentor en el 2018 cursaron estudios en la enseñanza reglada o itinerarios formativos. «No tenemos a nadie que nos apoye si nos falta un trabajo. Te quedas desamparado. Si no sales adelante por tu propio pie, no tienes a dónde ir», cuenta Ana. Cuando comunicó en la residencia que quería seguir estudiando, la Administración autonómica se puso en contacto con ella. Puede prolongar su estancia en una de las viviendas supervisadas por Igaxes el tiempo que dure la carrera: «Me dijeron que estaban muy orgullosos de mí».

Escuchar a los menores

No es de quejarse, pero sí de reclamar. «Para los niños, pido que se vigilen más sus situaciones cuando quedan con las familias. Su palabra no cuenta tanto como la de un adulto, no le dan importancia a lo que dicen. A veces, los técnicos se equivocan. A mí me pasó. No ven lo mal que lo está pasando un niño», admite. No tuvo una infancia fácil, pero no ve su paso por la residencia como algo traumático. Lo contrario. «Para mí, salir de casa fue salir de todo lo malo. Vivir en el centro me dio tranquilidad. Estuve a gusto y voy de visita siempre que puedo. No deseaba ir con una familia de acogida, tenía miedo de que fuera peor».

La palabra de un niño no cuenta como la de un adulto. A veces, los técnicos se equivocan, a mí me pasó

En la sociedad, todavía quedan pasos por dar. Los más urgentes, opina, los que afectan a la infancia: «Hay gente que te mira raro, como si hubieras hecho algo malo. Es por desconocimiento. Por el camino, también te encuentras a otras personas muy buenas que lo contrarrestan». Es una joven valiente. También generosa: «He cogido el rumbo de mi vida. Siempre intento ser feliz y hacer feliz a los demás».

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m. méndez
Mónica Pazos y Carlos Sánchez son padres de acogida
Mónica Pazos y Carlos Sánchez son padres de acogida

Mónica Pazos y Carlos Sánchez son padres de acogida de un menor en A Coruña

Mónica y Carlos son los padres de acogida de uno de los 286 menores en Galicia incluidos dentro del programa de acogimiento familiar en hogares con los que no guardan lazos de parentesco. Mónica es quien contesta.

-¿Qué los llevó a ser padres de acogida?

-Soy profesora en una escuela y lo conocía porque era mi alumno. El día que supe que lo iban a llevar a un centro era el de mi cumpleaños. Me machacó. Solo quería llegar a casa y plantearle la idea que me rondaba la cabeza a mi marido.

-¿Acogerlo?

-Acogerlos, porque tiene hermanos. Pero, claro, ¿cómo le decía a mi marido que, con tres hijos, quería traer más niños a casa? Su respuesta, sin embargo, fue la de ‘adelante’. Así fue como nos inscribimos en el programa.

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