Los planes de recogida evitan la mayor presencia de jeringuillas en las calles

«Las campañas que hemos hecho contra el VIH han dejado una enseñanza», dicen colectivos como Érguete

El concello de Santiago cerró un subterráneo cercano al campus sur usado hace un año como chutadero
El concello de Santiago cerró un subterráneo cercano al campus sur usado hace un año como chutadero

redacción / la voz

El accidente sufrido durante el fin de semana por un niño de dos años que acabó pinchándose con una aguja infectada con el virus de la hepatitis C mientras jugaba en un parque de Santiago ha devuelto a la memoria imágenes propias de los ochenta en las que las jeringuillas usadas abundaban en parques, playas o bajos abandonados usados habitualmente como picaderos por los toxicómanos. La irrupción de enfermedades como el VIH provocó que tanto las asociaciones de ayuda a los drogodependientes como el propio Sergas lanzaran programas de intercambio y recogida de este material para evitar infecciones.

Estados en el que se encontraba el subterráneo del campus sur hace un año
Estados en el que se encontraba el subterráneo del campus sur hace un año

Pese a sucesos como el de Santiago, las denuncias realizadas hace unos días por colectivos como la asociación socio-cultural López Bouza en Ferrol que detectó algunas cerca de un parque infantil y un área de mascotas en Ferrol o las que hace unos meses realizaron vecinos de un aparcamiento cercano al colegio de A Escardia en Vilagarcía, desde las asociaciones de ayuda a drogodependientes dicen que la presencia de jeringuillas en las calles es mucho menor ahora que hace años.

Las razones: las campañas de intercambio y recogida de este tipo de instrumental y que, aunque en los últimos años se ha constatado un alza en el consumo de heroína, esta es fumada y no administrada por vía intravenosa. «Los consumidores de ahora -apunta Carmen Avendaño, de Érguete- también son más asépticos. De alguna forma todas las campañas para luchar contra el VIH que llevamos a cabo han dejado una enseñanza».

Adela Uriz conoce bien cómo han cambiado los chutaderos que había en las calles de Vigo. Sus compañeros de A Coruña también saben lo que se cuece en los que hay repartidos por algunos barrios de A Coruña. Adela lo sabe porque es la coordinadora del programa Sísifo de la Fundación Érguete, una iniciativa de ayuda a personas drogodependientes o en exclusión social que, entre otras cosas, hace recogidas periódicas de jeringuillas por las calles o zonas de consumo. «Hacemos campañas en Vigo y A Coruña. En la primera de estas ciudades últimamente encontramos muchas menos. En la segunda se mantienen. Ahí vamos cada quince días», apunta. En A Coruña, por ejemplo, algunas de las zonas donde más jeringuillas encuentran son el entorno del parque de Oza, la refinería y, ya en menor cantidad, en el entorno de Barrio de las Flores, la Sardiñeira o Montealto. 

Nuevas pautas de consumo

Adela explica que las pautas de consumo también han cambiado desde que se puso en marcha el programa en el 2006. «Ahora hay un mayor consumo de heroína fumada (chino). El efecto es menos fuerte que inyectada y puede que algunos de los que empiezan fumándola acaben pasando a esa otra forma de consumo a medida que precisen algo más fuerte», avisa.

La vuelta de la heroína es un hecho que constatan en los centros de atención a drogodependientes, aunque las estadísticas aún no lo recojan en Galicia. Fuentes de la Asociación Ciudadana de Lucha contra la Droga (Aclad) explican que ha habido un repunte en el nivel de intercambios. «Los usuarios del programa tienen que traer las usadas para poder obtener una nueva. de un año para acá hemos notado que han aumentado». De ahí la importancia que tiene el mantener este tipo de programas de intercambio y recogida.

El Concello de Lugo fue condenado en el 2016 por clavarse una menor una aguja en un parque

No es la primera vez que un niño acaba clavándose una aguja mientras juega en un parque o en una playa en Galicia. En el verano del 2014, en Lugo, una niña sufrió un pinchazo con una aguja hipodérmica mientras estaba en la zona de juegos del parque de O Cantiño, una zona propiedad del Concello de Lugo cuyo mantenimiento estaba adjudicado a Calfensa. Al mismo tiempo, la empresa encargada del servicio de limpieza era Urbaser. Dos años más tarde, el Concello de Lugo fue condenado después de que fuera estimada en parte la demanda presentada por la madre de la pequeña porque tras el accidente, la niña tuvo que someterse a un tratamiento anti-VIH, virus que no llegó a contraer.

El juez que emitió la sentencia entendió en aquel momento que la responsabilidad del hecho era compartida entre el propietario del parque y la empresa que tenía adjudicado el mantenimiento. Además recogió en su sentencia que «el hecho de que exista una aguja en un parque y acabe clavándose en el calzado de uno de sus usuarios, debe generar unas responsabilidades de índole social». Además, marcó una indemnización para la madre de la pequeña de 2.000 euros. 

Playa de Cangas

El de Santiago tampoco es el único caso ocurrido en Galicia en el último año. En septiembre pasado, los médicos del Hospital Álvaro Cunqueiro tuvieron que realizar analíticas a un niño de 12 años que se había clavado en la planta del pie una jeringuilla que pisó en la arena de la playa de Rodeira, en Cangas. Ocurrió donde están el río u un puente que hay en el arenal. Después de que el niño pensara que se había clavado un anzuelo, la madre y una amiga descubrieron la aguja bajo la arena, pero no el tubo.

En su momento, la madre también había pensado en denunciar al Concello de Cangas por no limpiar el arenal porque no era la primera vez que se hallaba una aguja de este tipo en la playa.

Más allá de playas o parques, otro de los lugares en los que suelen encontrarse jeringuillas tiradas por el suelo es en viviendas que no fueron nunca ocupadas o que quedaron a medio terminar en urbanizaciones paradas cuando estalló la burbuja. Algunas de ellas están a medio habitar. De ahí el peligro que puede presentar para los niños jugar en esas áreas usadas como picaderos.

El fin de la imagen devastadora de la heroína favorece la vuelta al consumo

maría cedrón
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Cientos de jeringuillas cubren una finca de la avenida Mestre Mateo Los vecinos están preocupados y el concello compostelano asegura que hay un repunte del consumo de heroína

El incipiente incremento en Galicia es parte del alza de la demanda a nivel mundial

«Veo conocidos del barrio que últimamente, con cuarenta años, han vuelto a recaer. Pero también veo algún que otro chaval de 20 o 25 años que ha empezado a fumar chinos. El ambiente donde se mueven les lleva a meterse en eso. No saben lo que es. Piensan que es un juego más». El barrio del que habla este hombre de 41 años está en A Coruña. Él vive ahí. Cuando era niño tenía un sueño. Quería ser bombero, pero antes de poder apagar su primer fuego, el jaco lo quemó. Luego vinieron las pastillas, la coca... «Me enganché en los noventa, cuando tenía 14 años. A los 19 empecé con la metadona. En el 2004 me quité. La heroína te destroza. Ahora empiezo a acercarme de nuevo al mundo», dice este usuario anónimo de la Asociación Ciudadana de Lucha contra la Droga (Aclad), en A Coruña.

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