Acuerdo definitivo para conectar Galicia y Vigo-Oporto al corredor atlántico

El enlace entre Galicia y Portugal no estará en la red básica, pero podrá recibir ayudas comunitarias

Terminal ferroviaria de mercancías del puerto de A Coruña
Terminal ferroviaria de mercancías del puerto de A Coruña

redacción / la voz

La conexión formal de Galicia con las redes ferroviarias transeuropeas de mercancías continúa su itinerario previsto a través de las negociaciones denominadas trílogos, en las que la Eurocámara, el Consejo y la Comisión Europea -que actúa como una especie de árbitro- intentan acercar posturas practicando el consenso. Esta forma de hacer política consistente en buscar el mínimo común denominador ha resultado relativamente positiva para las aspiraciones de Galicia y del resto del noroeste español con respecto al corredor atlántico, el gran surco ferroviario de mercancías que unirá los puertos gallegos, portugueses y andaluces con el corazón de Europa. Así, las negociaciones entre el Consejo y el Parlamento Europeo desembocaron ayer en un acuerdo sobre el mecanismo Conectar Europa para el período 2021-2027, las ayudas comunitarias para crear una red ferroviaria homogénea e interoperable que, como sucede con las carreteras, sirva para difuminar las fronteras nacionales.

Este acuerdo garantiza la inclusión en el corredor atlántico de la conexión ferroviaria que une A Coruña, Vigo, Ourense, Monforte y León, tal y como estaba previsto desde que en junio del 2018 la Comisión Europea aceptara incluir este eje en la red transeuropea. En realidad, la principal novedad estriba en que, por primera vez, la conexión Oporto-Vigo pasa a formar parte de la red global, el mallado secundario que sirve de red capilar a los corredores básicos que circularán de norte a sur y de este a oeste, y viceversa.

Se puede decir que la conexión Vigo-Oporto, que arrastra múltiples frustraciones desde hace años al fracasar los intentos de convertirla en una línea de altas prestaciones, llegó tarde al trámite de inclusión de nuevas líneas. No fue propuesta en su momento por la Comisión, sino que fue un proyecto abanderado en exclusiva por el Parlamento europeo, cuando se introdujo en la comisión parlamentaria de Transportes gracias al frente común de parlamentarios socialistas españoles y portugueses. Su adhesión al corredor atlántico se lleva a cabo en una posición vicaria, similar a la que mantuvo el eje León-Galicia durante la primera definición de los corredores transeuropeos que ahora se pretende corregir.

En cualquier caso, aunque la conexión Oporto-Vigo no formará parte del corredor básico, tal y como había solicitado el Parlamento Europeo, sí podrá beneficiarse de los fondos del mecanismo Conectar Europa y alcanzar una cofinanciación de los costes de construcción del 50 % al tratarse de una conexión transfronteriza, una de las prioridades de Bruselas a la hora de distribuir sus fondos.

El acuerdo alcanzado permitirá elevar la cofinanciación europea en interoperabilidad ferroviaria hasta el 50 %, frente al 30 % que planteaba la Comisión. Según el eurodiputado socialista José Blanco, «esta decisión ayudará a financiar los costes del cambio de vía de ancho ibérico a ancho internacional o UIC», una de las asignaturas pendientes de España para avanzar en la interoperabilidad ferroviaria y que se acometerá a medio y largo plazo. En el caso de Galicia, además, este proceso deberá ser coordinado con Portugal para no estrangular las mercancías ferroviarias del país vecino.

Una vez logrado este acuerdo, los trámites que restan puede decirse que son automáticos. Tanto el Consejo como el Parlamento tienen que ratificar el acuerdo, y después la Comisión proceder a la revisión de la red transeuropea en la dirección acordada.

El nuevo marco financiero para crear la red transeuropea estará vigente seis años desde el 2021 y prevé una bolsa presupuestaria de 30.615 millones para la modernización y homogeneización de los ejes de transporte. El objetivo es facilitar con una gestión única la operación de los grandes operadores logísticos ferroviarios, de forma que puedan atravesar Europa sin fronteras técnicas y burocráticas.

Satisfacción en la Xunta

El relativo sabor amargo que deja la exclusión del eje Vigo-Oporto de la red básica no debe hacer perder la perspectiva de que Galicia y el noroeste español por fin aparecerán en el mapa de las grandes redes que deben conectar a los europeos a partir del 2030. Este es el análisis, a grandes rasgos, que hizo ayer la conselleira de Infraestruturas e Mobilidade, Ethel Vázquez. «As comunidades do noroeste levamos case unha década traballando por estar nesa rede de mercadorías europeas. O traballo deu os seus froitos», explicó, celebrando el acuerdo «definitivo» entre el Consejo y la Eurocámara. Ethel Vázquez definió como «paso adiante» la inclusión del eje ferroviario entre Vigo y Oporto en la red global secundaria, pues «poderá acceder a unha importante cofinanciación europea».

La conselleira agradeció al Gobierno de Mariano Rajoy, y al entonces ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, sus gestiones para enmendar el error de excluir al noroeste de la red transeuropea, al tiempo que mostró sus «dúbidas» sobre el Plan Director que presentó el actual equipo de Fomento. Sobre las «ausencias» que la Xunta detecta en este plan, recordó la necesidad de reactivar la salida sur de Vigo ahora que podrá contar con fondos europeos.

El eurodiputado socialista José Blanco coincidió en el análisis. «Galicia queda integrada en la red transeuropea de transportes tanto hacia la Meseta como hacia Portugal, garantizando la conectividad de Galicia y abriendo nuevas oportunidades de financiación para infraestructuras cruciales para el desarrollo de nuestra comunidad».

El frente de la España atlántica debe perdurar

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En un reciente encuentro de unos doscientos directivos y emprendedores de Galicia, Asturias y Castilla y León llegaron a dos conclusiones sobre el futuro del cuadrante noroeste ibérico. La primera es que las estrategias en estos territorios deben centrarse en el desarrollo de sus amplias zonas rurales, donde de verdad se siente el problema demográfico, con pueblos vacíos y paisajes reconquistados por la naturaleza. La segunda conclusión es que habría que integrar a los hermanos portugueses del norte y centro del país vecino, con una problemática muy similar, lo que podría fortalecer este lobby político y económico que debe luchar por el equilibrio territorial y una financiación justa, con el objetivo de frenar lo que se ha ido configurando como una realidad en los últimos años: un país hemipléjico, con la economía, las infraestructuras y la población volcados hacia el Mediterráneo.

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