Feijoo, entre cifras y lágrimas

El PPdeG celebra los diez años de su mayoría con un acto repleto de datos, emociones y guiños a la continuidad


santiago / la voz

Uno de los mayores desafíos de un gabinete político es acertar al escoger los lugares para los actos de campaña. Si hay sillas vacías, malo. Si se queda gente fuera, también. Elegir el claustro de un convento franciscano reconvertido en hotel monumental para la celebración de un cumpleaños siempre implica cierta austeridad, que es exactamente lo que pregonó Feijoo al día siguiente de su primera victoria electoral, el 1 de marzo del 2009. A diferencia de aquella noche, en la que tuvieron que improvisar una fiesta y tomar al asalto un hotel del barrio compostelano de San Lázaro, el PPdeG organizó con mimo un evento que se movió entre el agradecimiento y la rendición de cuentas y que por momentos tuvo aires de precampaña con un llamamiento al voto útil, que es lo que dicen que permite esa excepción en España que es la mayoría absoluta de Galicia.

Todo el que ha sido algo en la familia popular gallega en los últimos diez años tuvo allí su hueco, una frase que tiene que escocer entre los miles de militantes anónimos y alcaldes de pequeños pueblos que creen, con razón, que ellos también contribuyen a un modelo de éxito que se ha desvanecido en casi toda España y que resiste sin mayores sobresaltos que los propios desvelos de su líder. Porque así es la jerarquía. Sobre el presidente popular gira todo, y alrededor de él, sus principales recursos humanos que le ayudan a sostener el tinglado. Los presidentes provinciales -estaban todos-; los diputados autonómicos, con amplia representación; los actuales conselleiros al completo; y varios ex, con ausencias como las de Agustín Hernández y Jesús Vázquez, ocupados en tareas locales; Pilar Farjas y Rocío Mosquera, con responsabilidades sanitarias pero alejadas ya de esa trinchera del frente que es el Sergas; y Marta Fernández Currás, Samuel Juárez y Roberto Varela, ausentes de la vida orgánica gallega e incluso con kilómetros de por medio. También había cargos de segundo nivel en la Xunta, unos cuantos militantes de base y «amigos» como Carlos Negreira, que anda a otras cosas pero que mantiene su compromiso.

«Seguimos e seguiremos», repitió una y otra vez Feijoo sin los matices suficientes para saber si se trataba de un plural mayestático o si de verdad estaba revelando sus intenciones más allá del 2020. Si el delfín estaba en la sala, o no sabe que lo es o lo disimuló muy bien durante los 48 minutos en los que el indiscutible jefe desgranó los objetivos alcanzados con cifras y referencias más propias de un consejero delegado de Galicia: «Uns escollen axitar bandeiras, nós preferimos pagar facturas», proclamó.

Su disculpa para repetir es evidente: igualar a Fraga en mayorías absolutas. En lo que ya está a la altura del de Vilalba es en su capacidad para el lagrimeo. De momento, solo ocurre cuando deja a un lado el PIB, el déficit y los centros de salud construidos y le pone una dimensión familiar a todo, la que va desde la dura Galicia que vivió su padre a la que ya disfruta su hijo.

La oposición habla de una década popular «negra» y augura el final de su hegemonía

La oposición también estuvo atenta a la celebración popular y no perdió la oportunidad de destacar lo peor de los últimos diez años, que analizaron sin una sola concesión. Luís Villares cree que «esta é unha década perdida para Galicia, cunha clara involución democrática, cunha perda de dereitos sociais, laborais e económicos para as galegas. Unha década negra na que non se conseguiron novas competencias, cun Feijoo que non cre en Galicia e que agora mesmo volve a ameazar o benestar das galegas, do autogoberno, dos dereitos das mulleres e da lingua polos pactos do PP coa ultradereita», valoró el líder de En Marea.

El PSdeG prefirió lanzar un vídeo a través de las redes sociales en el que denuncia el «fracaso» de las políticas puestas en marcha por los populares, incidiendo en temas en los que cojea la década de Feijoo, como la pérdida de población o el envejecimiento, o denuncias recurrentes como la caída de las inversiones en los servicios públicos o la lacra del paro, entre otros asuntos negativos a los que Gonzalo Caballero invita a «darlle a volta». 

«Terminator Feijoo»

Por su parte, la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, auguró que tras el «decenio negro» llegará el final de «Terminator Feijoo». A su entender, si a día de hoy se celebrasen elecciones no tendría mayoría absoluta como resultado de una política que no ha solucionado los problemas del paro o la brecha salarial y que ha propiciado una sanidad «máis privatizada» y más emigración juvenil.

Ciudadanos, un año esperando a la decisión del exconselleiro Javier Guerra

carlos punzón

El político vigués estudia desde febrero del 2018 la invitación del partido naranja

En febrero del año pasado, Javier Guerra y el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, concertaron una cita. El objeto de aquella reunión era único, comprobar si había sintonía entre ambas partes. La reunión vino propiciada por el convencimiento del responsable del área económica y empleo estatal de Ciudadanos, Luis Garicano, de que Guerra reunía el perfil idóneo de emprendedor, experiencia en gestión y dinamismo que entendía le serviría para liderar el partido en Galicia y convertirse incluso en cartel naranja para las elecciones autonómicas del 2020. Y así se lo transmitió Garicano al número dos de C’s en España. El conocimiento del distanciamiento de Guerra respecto a la dirección del PPdeG no hizo más que alimentar esa expectativa por parte de Ciudadanos.

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