Por fin hay un cole del rural que crece

El CEIP O Valadouro ha pasado de 78 a 135 alumnos tras la creación de un servicio de apoyo a familias trabajadoras

El colegio de O Valadouro tiene este curso 45 alumnos en Infantil y 90 en Primaria
El colegio de O Valadouro tiene este curso 45 alumnos en Infantil y 90 en Primaria

O Valadouro / La Voz

La pérdida de alumnado provoca que el goteo de cierres de escuelas rurales sea continuo en toda Galicia curso tras curso. Pero en medio de ese escenario gris, el CEIP Santa María de O Valadouro aparece como un oasis donde por ahora la matrícula crece año tras año. En el colegio de este municipio del interior de A Mariña lucense, que apenas supera los 2.000 habitantes y en el que tienen una fuerte pujanza los sectores forestal y agrícola, estudian este curso 135 alumnos. Pero el próximo «sairán 14 [de sexto de Primaria], e entrarán 20 [de cuarto de Infantil]», avanza su director, Enrique Penabad, que recuerda que el centro «tocou fondo» hace una década, cuando se quedó con 78 niños y 10 profesores -ahora tiene 16-. «Ao marchar a EXB, cando sacaron sétimo e oitavo, perdemos tres unidades. Desde esa o alumnado foi caendo pouco a pouco, aínda que ao principio non se notaba tanto coma noutros sitios de España», señala Penabad, que razona: «Éramos conscientes de que algo pasaba e viamos que moitos nenos non nacían, pero démonos conta de que as familias traballadoras necesitaban un servizo de madrugadores como o que hai nas cidades».

Moitas nais e pais traballan fóra do concello e necesitan un servizo como o das cidades para conciliar»

De aquel torbellino de ideas y el apoyo del Concello de O Valadouro nació un servicio que es gratuito para las familias y que ayuda a que madres y padres que trabajan en municipios como Alfoz, Ribadeo, Mondoñedo, Foz, Burela e incluso Cervo, donde se asienta la multinacional Alcoa, puedan compaginar mejor los horarios escolares de sus hijos con los laborales. «Polas mañás funciona de 08.15 a 09.30 horas, e ten en torno a 20 alumnos e unha monitora. Polas tardes faino de catro a sete. Hai dúas monitoras e algún día coma os xoves chega a haber 60 nenos», comenta Penabad. Muchos niños aprovechan para hacer los deberes y el colegio siempre oferta actividades deportivas, como fútbol, baloncesto, patinaje o informática con mecanografía. Por cuenta de la ANPA corren la zumba y el atletismo. «Os días que hai pelota e patinaxe e pelota e zumba son os días que máis xente hai», bromea el director, que agrega que el CEIP siempre ha estado involucrado proyectos de innovación. Desde Erasmus para intercambiar experiencias educativas a nivel europeo con profesores de Lituana, Polonia o Alemania -«É unha maneira de non queixarse tanto e aprender moito porque as reflexións que podes facer non son só pedagóxicas, senón tamén humanas», dice-, al proyecto Combas, en el que fue uno de los ocho colegios gallegos que participaron en Madrid en la elaboración del nuevo currículo. Pero también el Plambe, de bibliotecas escolares, el Abalar o el Edixgal, de implantación del libro digital, o de robótica.

Con jornada partida

La respuesta es tan buena que por ahora nadie ha planteado formalmente la posibilidad de implantar la jornada única en O Valadouro, igual que ocurre en otros muchos centros de Galicia. «Funcionamos coma unha familia, e o comedor tamén é importante no organigrama», añade Penabad. El respiro que supone para las familias saber que sus hijos reciben una alimentación saludabe y casera, ya que en el CEIP hay cocina, explica que coman en él 130 de los 135 alumnos, además de la mayor parte del profesorado. Cada docente tiene asignada una mesa en la que atiende siempre al mismo grupo de niños, donde se mezclan los de infantil con los de primaria. «Uns aprenden con outros e axudan, que é o máis importante. Ao estar día tras día cos mesmos, sabes que a este que é máis pequerrechiño hai que axudarlle a picar, a estoutro non lle gusta o brócoli, este repite sempre patacas...», relata Penabad con la pasión de un maestro vocacional que ha sido director 33 de los 34 años que lleva en el centro. «Creo que outra das cousas importantes é o compromiso educativo coa comunidade na que se vive», expone. Ese vínculo hace que en el colegio se hayan impulsado estudios sobre hórreos, pájaros o árboles, o se visite siempre el Museo do Mel. «Nunha zona de mel, o neno ten que saber que hai apicultores, en que consiste o seu traballo, e, aínda que sexan pequenos, se é algo que ten futuro», concluye.

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