El PSdeG pide sopa de letras para la cena

Gonzalo Caballero afronta el primer test electoral decidido a crecer en la izquierda y poder tutear al PP

Gonzalo Caballero
Gonzalo Caballero

Santiago / La Voz

Al principio de los tiempos fue Esquerda Nacionalista, el partido que Beiras fundó en 1992 dentro del BNG y que acabó expulsando al padre. Después surgieron corrientes nuevas, con subgrupos y escisiones, como Encontro Irmandiño, Movemento pola Base, Espazo Socialista Galego, PNG-PG, Máis Galiza. Fuera del Bloque cobró vida el Novo Proxecto Común, y se encontró con la FPG, el Espazo Ecosocialista, Causa Galiza y el Partido da Terra. Nació también Anova. Y Acción Galega, con el Partido Galeguista Demócrata. Esquerda Unida se unió a la fiesta, lo mismo que Equo. Se fundó así la coalición AGE, dos años antes de que Podemos viera la luz con Izquierda Anticapitalista en su vientre. Foro Galego, Cerna, Xeira, Espiral y plataformas o listas locales de todo signo surgieron por el camino para dar sustento a En Marea, que en las generales del 2015 y las gallegas del 2016 desbancó al PSdeG como segunda fuerza política en Galicia.

La acumulación de fuerzas provocó que el volcán En Marea entrara ayer en erupción. Y vuelta a empezar. Anova, EU y Podemos fueron expectorados como lava para apostar por unas nuevas siglas y por la «unidade popular», un gran oxímoron, pues piden unidad justo cuando se dividen.

El espacio de la izquierda política en Galicia está sufriendo una sacudida. La concentración parcelaria que se había realizado más allá del PSdeG-PSOE ha resultado fallida y ahora son los socialistas, más estabilizados y con su interinidad ya resuelta tras la elección de Gonzalo Caballero como secretario general, los que más provecho pueden acabar sacando de la sopa de letras y de siglas que habita en los dominios de las mareas gallegas.

Galicia sienta 23 diputados en el Congreso (no hay variación para los comicios del 28 de abril). En junio del 2016 quedaron repartidos de este modo: 12 del PP, 6 del PSdeG y 5 de En Marea, formación que, pese a tener un representante menos que los socialistas, consiguió superar al partido de Pedro Sánchez en las provincias de A Coruña y Pontevedra, justo cuando el PSdeG estaba descabezado y dirigido por una gestora.

Ahora las cosas cambiaron, tanto a derecha como a izquierda. Al PPdeG, que tenía en Ciudadanos un competidor sin demasiado fuelle en su mismo espacio, se le añade ahora Vox. Y en la parcela ocupada por En Marea a la izquierda del PSdeG, habrá muy probablemente ahora dos siglas: una, la de esa Galicia en común que proponen formar Anova, EU y Podemos; otra, la propiamente dicha de En Marea, que pugna por tener «voz propia» en Madrid, que es la misma bandera que Ana Pontón y el BNG eligieron para la batalla del 28-A.

Los socialistas gallegos están convencidos de que la fractura de En Marea les brinda la oportunidad de crecer en el campo de la izquierda, siempre y cuando tenga éxito en su empeño en polarizar con la derecha y logren aglutinar el voto útil bajo sus siglas. En eso está Pedro Sánchez. Eso transmite también Gonzalo Caballero en Galicia: o un gobierno que pivote en torno al PSOE o una alternativa que necesita del concurso de la ultraderecha.

Con esta estrategia, el PSdeG está decidido a comerse una buena parte del espacio que deja la sopa de letras de En Marea. Quizás no tenga potencial para llegar al tope de 10 escaños obtenidos con Zapatero en el 2008, pero sí para despuntar en la izquierda y recortar distancias con el PP.

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