Los últimos cachorros del narcotráfico

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO VIGO / LA VOZ

GALICIA

Vivieron de niños la Nécora; algunos ni fueron condenados pero llevan años investigados y ya esperan sentencia en prisión; son la enésima camada de la activa cantera arousana

12 feb 2019 . Actualizado a las 12:03 h.

Al árbol genealógico del narcotráfico en Galicia le brotan ramas con cada nuevo acusado o alijo apresado. El oscuro linaje cumple 35 años aportando capataces y peones al negocio. Son los hijos y nietos de la operación Nécora. Los mismos que, junto a fundadores del negocio, siguen alimentando el estigma de las Rías Baixas. «El nivel de uno mismo lo elige cada uno: bajo, para mover gramos; medio, con paquetes de kilo; y alto, ya sea organizando descargas o alijos. Depende siempre de lo que te guste el dinero», detalla un mando policial. Galicia, desde el 2017, encadena 24 toneladas requisadas. Un indicativo del bum actual en los cinco continentes. «No puede hablarse de generaciones estancas, están mezcladas, se conocen del negocio, de la cárcel... trabajan juntos, se mezclan con extranjeros». El Ministerio del Interior ubica 25 organizaciones activas a orillas del Atlántico e Interpol cifra en más de 400 los gallegos implicados. No todos se llaman Miñanco, pero sí aspiran a la posición y el dinero que el gran jefe manejó antaño. Los más jóvenes, los que anhelan fortuna y ocupar el trono, tienen nombres y apellidos. Mientras, los más importantes se mueven en la sombra. Todos, en definitiva, son cachorros de la fariña.

VÍCTOR MANUEL Lemiña

«El barón de la droga en Marruecos». Uno de los últimos aventajados peces gordos en caer. Ocurrió en septiembre, concretamente en Perú. Interpol, atendiendo a una orden del Tribunal de Primera Instancia de Tánger, lo arrestó acusado de organizar en el 2016 un alijo de 2,5 toneladas de coca usando la costa marroquí. Trabajaría con magrebíes, españoles y proveedores en Colombia y Venezuela. El perfecto ejemplo de narco (ya apuntaba maneras al caer en el 2005 en la operación Gaviota) con pretensiones que salió de su Vilaxoán natal, en Arousa, para trepar a lo más alto. Y todo con 36 años de edad. Su detención, en Lima, fue sonada. La prensa nacional lo bautizó como el «barón de la droga en Marruecos», e Interpol lo retrató como un bróker internacional de este gran negocio globalizado. Le otorgan el poderoso rol de mover toneladas en España, Holanda, Italia o EE.UU. Incluso lo ubicaban asentándose en Lima para ampliar mercado ayudándose de colegas, en México, con los que ya habría trabajado. Ahora espera la sentencia que le impondrá Marruecos por las 2,5 toneladas de coca, y que tendrá que cumplir en alguna cárcel del país. Lo último que se supo de Lemiña es que seguía esperando la extradición al norte de África en una prisión peruana.

Juan Carlos Santórum

Dos años por cumplir. Fue precoz y con pretensiones. Nació en 1980, en Vilanova, y su bautismo judicial llegó, en el 2004, en la Audiencia Nacional por un alijo de 5,5 toneladas de hachís junto a Manuel Charlín Pomares, entre otros. La anulación, como prueba, de las escuchas telefónicas devolvió a Santórum, y a otros 13 acusados, a la calle. Ya en el 2014 protagonizó una huida por el Atlántico que acabó en Madeira con una planeadora de grandes dimensiones. Todo, según parece, por un alijo de 3,6 toneladas de coca que cruzaba el Atlántico. Entonces, según investigaciones, bajo el ala de Patoco, otra ballena blanca del negocio que fallecido en accidente de moto. Pero la gran aportación de Santórum a la historia del narcotráfico, sin haber sido condenado nunca por ello, aún estaba por llegar y retrató el verdadero alcance de la mafia gallega. Santórum sobornó a dos agentes de la Guardia Civil especializados en crimen organizado para comprar información confidencial. Según sentencia, fue contratado por otros peces gordos, verdaderos destinatarios de los chivatazos y responsables de frustrar, al menos, cuatro operaciones antidroga. La Audiencia Provincial condenó a Santórum, en marzo del 2018, a dos años de cárcel que, según parece, aún no empezó a cumplir.