«Calificaron nuestro caso de urgente y nos dieron cita para 15 días después»

Varias víctimas relatan cómo afrontan el comienzo de una nueva vida tras una denuncia

Carmen se considera una «superviviente» de la violencia machista
Carmen se considera una «superviviente» de la violencia machista

redacción / la voz

El anonimato es su escudo. Porque ella es una guerrera, pero es humana. En el tono de voz de Letizia (nombre supuesto) que se desliza a través del teléfono se percibe el terror, el miedo atroz que todavía tiene a un hombre, su padre. Porque fue ella la que, como explica su madre, Lucía (también nombre ficticio), dio el primer paso para salir de un infierno en el que llevaban años. Su historia es terrible. Asusta. Aún se estremecen cuando hablan. «Resultaba algo insoportable. Estábamos en un bucle del que no podíamos salir. Es muy difícil tomar la determinación de que tienes que hacer algo, pero por mi hija, por mí... Un día ocurrió algo y me decidí a denunciar. Acabamos dando el paso. En realidad fue la niña la que empezó a buscar por Internet cómo podíamos hacer, adónde podíamos acudir», recuerda Lucía.

Para alejarse de aquel hombre tan extraño y tan cercano que, como cuentan, las tenía atemorizadas, totalmente controladas, pues incluso «no le gustaba que fuera a trabajar», hicieron kilómetros para pedir ayuda en el Centro de Información a la Mujer (CIM). «Vieron que nuestro caso era urgente, pero nos dieron cita para dos semanas después», recuerda Lucía. Y le pasa el teléfono a su hija: «Pensé que al llegar allí nos ayudarían al 100 %, pero no fue como pensábamos. ¡Dos semanas teníamos que esperar! En ese tiempo podían matarnos. Escondí el teléfono para que no viera el número por temor a lo que podría pasarnos. No encontramos más ayuda en servicios sociales del lugar en el que vivíamos porque todo era pedir papeles, trámites burocráticos», explica Letizia.

Ella se apoya en su madre. Su madre en ella. Y las dos se apoyaron en el juez que instruyó su caso, «un hombre implicado que conoce bien lo que es la violencia de género» ylas remitió a Ana Saavedra, la responsable de la asociación Mirabal. «Ella es como Dios, lo que no hicieron por nosotras los servicios sociales ni el CIM lo hizo ella. Podemos entender que no tengan recursos, pero no puedes dejar para dos semanas un caso urgente. Porque mi hija entró en el CIM rota, llorando...», dice.

Ahora juntas van dando pasos para salir del pozo, porque, como apuntan esta madre e hija, «la sociedad aún te estigmatiza». «De mi familia no me ha apoyado nadie, pero eso es otra cosa», añade Letizia. El relato avanza. A medida que los recuerdos fluyen, va emocionándose hasta callar un momento. Respira hondo. Y pregunta: «¿Esto pasa?».

«Soy superviviente»

Sí, pasa. Lleva tiempo, pero se acaba superando aunque queden muescas en la memoria que no se van nunca. Pero ya son solo eso, muescas. Carmen (también nombre supuesto) lo logró. «No soy víctima, soy superviviente», dice. Con sus dos hijas pequeñas tuvo que huir. Estuvo en una casa de acogida y desde el CIM de Lugo le recomendaron ir a un curso del programa de inserción laboral Expresando Futuro, organizado por la Asociación de Xóvenes Emprendedores Lucenses. «Entonces estaba en la casa de acogida con mis hijas. No sabes por dónde tirar. Acudes un poco perdida, desconfías porque desconfías de todo y no sabes con qué te vas a encontrar», recuerda.

«Me gustaría que no saltara en el historial que fuiste víctima cuando te contratan»

No le fue mal. «Aprendí mucho y conocí a personas que estaban igual que yo. No te juzgaban. Fue liberador. Nos enseñaron a empoderarnos», dice. Y tras las primeras prácticas, comenzó a trabajar en la misma empresa donde las había realizado: «Desde entonces no he dejado de trabajar. Eso te ayuda mucho cuando vienes de haber vivido con alguien que te decía que no valías para nada. Descubrí que valgo para mucho».

Pero hay algo que Carmen todavía no cuenta en el trabajo. Es que fue una víctima de violencia machista. «Cuando eres totalmente honesto puedes encontrar empresarios que tienen miedo porque creen que vas a ser un problema. No lo eres. Lo único es que tengas que faltar algún día para ir al juzgado», explica mientras lanza un deseo: «Me gustaría que cuando te contratan no saltara que fuiste víctima. No quiero vivir de subvenciones, solo trabajar. Sacar adelante a mis hijas. Vivir».

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«Calificaron nuestro caso de urgente y nos dieron cita para 15 días después»