La Cocina Económica de A Coruña tiene 500 empadronados en sus instalaciones

El usuario medio de la entidad es una persona en la cuarta o quinta década de su vida, que se ha convertido en un parado de larga duración


A CORUÑA / LA VOZ

Sin tener ni una sola cama, medio millar de personas están empadronadas en la Cocina Económica de A Coruña. Además de alimentar a 1.300 personas al día, su sede figura como el lugar de residencia de una población en aumento. Muchos de ellos, usuarios que son remitidos por los servicios sociales para tratar de cubrir necesidades básicas de forma inmediata. «El problema de Venezuela se nota mucho, han aumentado de forma considerable», explica Óscar Castro, el administrador. Tener una dirección de referencia es la primera necesidad burocrática para poder ir regulando su situación, ya que, de lo contrario, serían personas que no tendrían siquiera un punto de referencia en el que recibir comunicaciones. «Muchos se apañan viviendo en habitaciones, pero allí no se pueden empadronar», explica.

El éxodo venezolano les proporciona otro perfil de usuarios, ya que se trata en su mayoría «de gente con formación», que ha decidido abandonar su país «porque valora sobre todo la seguridad, y también la sanidad», cuenta. Este nuevo perfil, en casos de personas solas pero también de familias al completo, se suma a otro colectivo más cronificado, con casos de largos períodos de permanencia en este peculiar padrón. «Cualquiera puede hoy ser usuario de la Cocina Económica, todos podemos ser carne de cañón a poco que la vida te vaya mal», dice Óscar Castro. El usuario medio es una persona en la cuarta o quinta década de su vida, un parado de larga duración, que a veces cuenta con alguna ayuda y que «tiene muy difícil salir del circuito, porque le da miedo dejar de percibir una subvención para aceptar una oferta laboral incierta», explica.

Esta entidad decidió además hace cinco años acercar su servicio de alimentación a quienes más lo necesitaban y desde entonces no ha dejado de aumentar el número de personas que recogen sus raciones de comida en los puntos descentralizados de los barrios coruñeses del Birloque, la Sagrada Familia y el Castrillón. «En ellos repartimos 1.100 raciones diarias -apunta- que son para alrededor de 230 familias».

Hace solo unos días recibían una subvención de 215.000 euros de la Xunta. Y es que para mantener el ritmo necesitan 3.000 euros al día. «Nuestra previsión es que esta desaceleración va a seguir, no creemos que vaya a cambiar», sentencia.

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