El granero de votos de la Galicia interior se derrumba

El PP y el PSdeG ven amenazada su fortaleza en Ourense y Lugo por varias fugas y escisiones

Pachi Vázquez dialoga con el alcalde de Ourense en presencia de Rogelio Martínez (centro)
Pachi Vázquez dialoga con el alcalde de Ourense en presencia de Rogelio Martínez (centro)

La última vez que los socialistas se asentaron en la Xunta, en el 2005, su conselleiro de Presidencia, Méndez Romeu, amagó con una reforma electoral dirigida a rebajar el sobreponderado peso político de las provincias de Lugo y Ourense, identificadas durante décadas como el granero electoral del PP, la llave de seguridad de sus mayorías y, por extensión, de la estabilidad política en Galicia. Aquello fue solo un globo sonda. El PSdeG conquistó en el 2007 la Diputación de Lugo y ya nunca más habló de modificar el poder de la Galicia interior.

El PP, y en menor medida el PSOE, son los dos partidos que más se beneficiaron del comportamiento electoral estable de Lugo y Ourense. Es como una especie de prima. En las autonómicas y en las generales del 2016, el PSdeG obtuvo en Lugo un respaldo electoral que superó en dos puntos la marca gallega, diferencia que se amplió a seis puntos en las municipales del 2015. Es más, En Marea se estrenó en las generales del 2015 desbancando al PSdeG como segunda fuerza gallega, pero en las dos circunscripciones orientales no logró rematar la faena.

El cuando al PP, su plus electoral en Lugo y Ourense fue de entre cinco y once puntos superior a la media en los últimas cuatro elecciones celebradas en Galicia, como ocurrió durante décadas.

La diferencia es que la política de la Galicia interior ha empezado a temblar más incluso que la de la franja atlántica y es difícil que las fuerzas que se más se beneficiaban de la estabilidad puedan escapar ahora a la onda expansiva. El granero se derrumba con la sucesión de espantadas de concejales o diputados provinciales que sufren el PP y el PSOE en Lugo y Ourense, y las amenazas latentes de candidaturas alternativas.

En Lugo, los socialistas se están resintiendo de la salida accidentada de escena protagonizada por Besteiro, sin nadie que ocupara con claridad el vacío al frente del partido y de la diputación. La plataforma electoral que intenta crear el alcalde de Becerreá, el exsocialista Manuel Martínez, intenta seducir a grupos independientes para competir en los partidos judiciales de Lugo, A Mariña, así como A Ulloa y Chantada, con la vista puesta en la diputación. Que el PSOE la retenga en sus manos va a depender mucho de que Lara Méndez resista bien en la capital.

La única buena noticia del PSdeG en Lugo es que también el PP tiene problemas, no tanto en la capital, pero sí en localidades importantes como Monforte, Viveiro o Sarria, donde sufrieron la fuga de concejales y grupos enteros de militantes, que le puede restar potencia en su intento de asentarse en San Marcos.

La debilidad de Lara Méndez en Lugo tiene su equivalente en la de Jesús Vázquez en Ourense, quien sufrió la baja cualitativa del portavoz del PP, que podría estar llamado a ponerle la proa a la candidatura de Ciudadanos, inexistente en el 2015. A mayores está el movimiento de Pachi Vázquez, exlíder del PSdeG, que amplifica el seísmo ourensano con la intención de sus afines de promover listas independientes. El granero de la Galicia interior arde y puede pasar de todo. Ni siquiera Baltar tiene la partida ganada, aunque ayer, en la convención del PP, pregonó lo contrario prometiendo el 50 % de los votos. Son siete puntos más que en el 2015, un reto estratosférico al alcance de muy pocos.

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