Galicia recupera este domingo la influencia del anticiclón

La próxima semana se esperan lluvias por debajo de la media y temperaturas por encima de los valores habituales en febrero


redacción / la voz

Hace una semana el anticiclón de las Azores desapareció de los mapas. Se retiró a su posición natural en esta época del año, el archipiélago portugués que le da nombre. El Atlántico se quedó sin escudo y las borrascas aprovecharon la coyuntura para sacar el billete hacia Europa. En solo siete días, dos ciclones con nombre y tres frentes dejaron en Galicia registros de lluvia que superaron los cien litros por metro cuadrado, especialmente en las provincias atlánticas. Pero el sistema de altas presiones ha despertado nuevamente y ahora mismo se encuentra ascendiendo en latitud. A partir del domingo protegerá a Galicia frente a los sistemas de bajas presiones, que tendrán que esperar para volver a cruzar el océano o, en todo caso, tomar rutas alternativas que los conducirían por el norte del continente, lejos de la comunidad gallega.

La presencia del anticiclón permitirá que Galicia recupere un tiempo mucho más estable. «En efecto, predominará la situación anticiclónica, lo que no excluye que puntualmente nos pueda afectar el extremo de algún frente asociado a las borrascas que se mueven por latitudes superiores. Es muy probable que en la próxima semana la cantidad de precipitación acumulada sea entre diez y treinta milímetros inferior a la media de dicha semana», apunta Francisco Infante, delegado de la Agencia Estatal de Meteorología.

La previsión señala que las temperaturas serán además algo más elevadas de lo habitual a comienzos de febrero. La anomalía positiva podría superar los tres grados, «sobre todo porque el flujo de aire en superficie va a ser predominantemente de componente oeste-suroeste, en vez del flujo de componente norte que estamos teniendo», reconoce Infante.

Avisos por nieve y oleaje

Hoy, la borrasca Helena se despide definitivamente de Galicia, pero no sin antes dejar una última jornada de precipitaciones puntualmente fuertes, acompañadas de granizo y aparato eléctrico, especialmente en la mitad norte. El viento soplará con rachas fuertes y el mar impactará con intensidad en la costa. El aviso rojo desaparece, pero la Aemet mantiene el naranja y, por tanto, las olas podrán alcanzar hasta siete metros de altura. También continuará llegando aire frío, que dejará la cota de nieve entre los 600 y los 700 metros de altura, sin descartar que pueda caer en cotas inferiores, como sucedió en la jornada de ayer. El mejor día para disfrutar de la nieve será mañana, cuando está previsto que cesen las precipitaciones. Las temperaturas mínimas descienden y las máximas se quedan sin cambios. El viento del norte provocará que la sensación térmica siga siendo de frío.

Frío en Estados Unidos

La incógnita que plantean ahora mismo los modelos meteorológicos reside en saber cuánto va a durar la influencia del anticiclón de las Azores. La irrupción de aire polar en Estados Unidos alimentará la formación de potentes borrascas, que se desplazarán desde el oeste hacia el este por el Atlántico. Dependiendo de lo que decidan las altas presiones, esos ciclones tomarán uno u otro camino. Una de esas rutas tiene como destino Galicia.

«Sentí como si el rayo cayese encima de mi casa»

Ayer en A Coruña y su área metropolitana no se hablaba de otra cosa: la fuerte tormenta de la madrugada

Ayer en A Coruña y su área metropolitana no se hablaba de otra cosa. Sobre las tres de la madrugada un fuerte estruendo despertó a los vecinos. Cada relato incidía en que se sintió la tormenta como si estuviese encima de su casa. El mismo testimonio se repetía en otras localidades del noroeste de Galicia, como Narón, donde un fuerte trueno alteró el sueño de muchos. Además de viento, nieve y grandes olas, la borrasca Helena generó mucha actividad eléctrica: se registraron hasta 450 rayos, aunque la inmensa mayoría se concentraron en la provincia coruñesa.

La responsable del intenso aparato eléctrico y también de los chaparrones y el granizo se llama cumulonimbo, y es la reina de todas las nubes. Comparte características con cualquier otra nube, pero tiene aspectos que la hacen única. Se eleva más que ninguna, alcanzado alturas que superan los doce kilómetros. Su desarrollo vertical solo se interrumpe cuando llega a la tropopausa, el límite entre la troposfera y la estratosfera, momento en el que el aire comienza a desplazarse horizontalmente, dando a la nube la típica forma de yunque. Se forma en situaciones atmosféricas como la actual, con aire frío en las capas altas de la atmósfera. Dentro de un cumulonimbo se producen intensas corrientes de convección, que desplazan el aire de arriba a abajo y de abajo hacia arriba de forma violenta. Esos movimientos bruscos en el interior de la nube transportan a las gotas desde la base hasta la cima. A una determinada altura, la temperatura es tan baja que el agua pasa de estado líquido a sólido. En ese momento aparece el granizo, que se precipita hacia el suelo por su propio peso.

Las corrientes ascendentes y descendentes que se registran en el corazón de la nube y la fricción entre las partículas terminan ionizando las gotas de agua. Este proceso carga la nube eléctricamente. Como la naturaleza odia los desajustes, rápidamente se deshace de esa carga en forma de tormenta eléctrica. Los rayos pueden formase dentro de la propia nube, cuando se conectan la cima y la base. Además, hay tormentas exteriores, que surgen si interactúan las cargas de la base de la nube con la superficie terrestre; esta última es la más habitual.

Para saber a qué distancia se encuentra un sistema tormentoso basta con contar los segundos que transcurren entre el relámpago y el trueno. El sonido se desplaza a una velocidad de unos 300 metros por segundo. Si, por ejemplo, el trueno tarda tres segundos en escucharse, la tormenta estará situada a una distancia de unos 900 metros.

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