Ciudadanos, Vox y las infidelidades al PP de última hora


No guardar rencor y no ser muy duro con uno mismo. Son dos de las recomendaciones para superar una infidelidad o una traición en cualquier ámbito de la vida, y también en la política. El PPdeG solo se aplica la segunda, y por eso ha enmarcado en el capítulo de «anécdotas» la dimisión y la salida del partido del portavoz en el grupo municipal ourensano, o las desabridas reacciones de los presidentes locales de Monforte y Viveiro tras la configuración de las listas municipales.

El problema de los populares gallegos no es que se les marchen, objetivamente, unos pocos miembros de sus cuadros de los que casi nadie conocía su nombre hace solo una semana. Lo que le duele a Feijoo y a su entorno es que esos legítimos Judas de última hora se estén aprovechando del partido hegemónico y otrora monolítico para catapultarse hacia otras candidaturas, que es el colmo del corneado.

El primer sarpullido salió hace medio año, cuando el exconselleiro Javier Guerra aireó diferencias con la dirección que lo situaron inmediatamente en la órbita de Ciudadanos, movimientos que el partido naranja no se preocupó de desmentir. Otro ex de la etapa de Fraga, Juan Miguel Diz Guedes, sí dio un paso más y se postuló para salir en los carteles de Tui al lado de Albert Rivera, pero al menos este no especuló con su decisión porque llevaba años desvinculado de la vida orgánica. Y si no es José Araújo en Ourense, algún cambio de chaqueta más habrá que contabilizar en los próximos días en el que Ciudadanos seguirá aprovechándose de las debilidades ajenas para presentarse como un partido «sin deudas ni sospechas». Ayer volvía a hacer recuento a través de su secretario de Organización, Laureano Bermejo: siete mil simpatizantes inscritos y mil militantes de cuota. Una cifra respetable para un partido que ahora sí se quiere tomar en serio Galicia pero que, efectivamente, es anecdótico si se compara con la maquinaria popular, que hoy va a meter a dos mil personas en Santiago en un acto para presentar a sus más de trescientas candidaturas. Mientras, Ciudadanos mantiene su estrategia de dilatar la presentación de los suyos, que primero iban a desvelar en diciembre, después en febrero y ahora hablan ya de las primeras semanas de marzo, dos meses antes de la campaña.

Abascal se aprovecha de Feijoo

Otro que también intenta catapultarse a lomos de Feijoo es Santiago Abascal. El referente de Vox ha visto en el presidente gallego un buen soporte publicitario para poner de relieve su mano dura con las comunidades autónomas y lo que él considera desmanes lingüísticos. «Son nacionalistas», dice del PPdeG. «No se lo cree ni él, por desinformado que esté», le contestó Feijoo, que tiene mucho más que perder en la porfía que el líder de la extrema derecha, que ya ha demostrado en Andalucía que con una cuenta de Twitter y agitando temas polémicos puede meter la cabeza y la mano donde haga falta.

Los populares gallegos están tranquilos. Creen que las provocaciones de Abascal son de consumo nacional y que tonto, no es. Si fragmenta el voto en Galicia es probable que el nacionalista Feijoo acabe en la oposición y que los próximos responsables de la política lingüística sean unos radicales de derechas como los del BNG o En Marea.

Santiago Abascal: «El PP de Galicia es nacionalista»

La Voz
El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto a otros cargos del partido
El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto a otros cargos del partido

El líder de Vox censura a Feijoo tras pedir el Parlamento gallego por unanimidad nuevas competencias para la comunidad

El líder de Vox, Santiago Abascal, ha criticado en Twitter al PP gallego asegurando que «es un partido con un discurso nacionalista», después de que este, junto al resto del Parlamento de Galicia, haya solicitado más competencias para la comunidad. Con este movimiento, Feijoo marca distancias con el discurso centralizador de Pablo Casado después de una década sin recibir ninguna transferencia, y apoya una reivindicación del BNG para desarrollar la ley reguladora de la policía en Galicia. Con esta iniciativa, la Xunta pretende asumir competencias de tráfico y seguridad vial, algo que ya intentó el gobierno bipartito en el 2008.

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