Las estatuas del Pórtico: una disputa de largo recorrido que puede abrir la puerta a otras reclamaciones a los herederos

Análisis: las propiedades del dictador Franco, en juego

Imagen de las estatuas de Isaac y Abraham
Imagen de las estatuas de Isaac y Abraham

SANTIAGO / LA VOZ

Se equivocaron los que en 1520 decidieron que las dos figuras del pórtico de la Gloria de Isaac y Abraham eran prescindibles y las relegaron a un papel secundario. Medio milenio más tarde, su fama solo es superada por la sonrisa del profeta Daniel. En el siglo XVI, las piezas se separaron del conjunto para poder construir unas puertas de madera que protegiesen la maravilla creada por el maestro Mateo en la catedral de Santiago. Se trasladaron a un colegio de la ciudad, donde estuvieron guardadas hasta el siglo XVIII, cuando se llevaron a un pazo del casco histórico, propiedad del conde de Ximonde. Fue el descendiente del noble, Santiago Puga, el que vendió ambas esculturas al Concello en 1948, como acreditó en el juicio el catedrático de arte y académico Ramón Yzquierdo Perrín.

Lo que ocurrió a partir de ese momento y hasta que las figuras acabaron en el pazo de Meirás, en el municipio de Sada -y más tarde en la Casa Cornide, en A Coruña- es lo que tratará de dilucidar un proceso que la familia Franco, a través de sus abogados, ha tratado de dilatar todo lo posible. El periplo municipal para la recuperación de las piezas comenzó en el 2017, pero pronto se encontró con el primer escollo, porque todo el proceso se dirigía hacia Carmen Franco Polo, que falleció meses después. Los descendientes no se dieron por aludidos durante un tiempo alegando que no habían resuelto su herencia, y consiguieron retrasar hasta ayer la vista oral. Aún así, ambas partes parecen estar preparadas para un procedimiento largo, con recursos garantizados que podrían acabar con el pleito en el Supremo.

Los posicionamientos son muy firmes, y hay motivos para ello. El Concello está convencido de que la razón está de su parte y que lo que ocurrió en los años 50 es que la familia Franco se aprovechó del contexto de la dictadura para hacerse con un bien artístico sin que se pudiese articular ningún resorte democrático o legal para impedirlo.

El Concello de Santiago dice que los Franco se amparan en los privilegios que tuvo la familia para hacerse con piezas de indudable valor Según el alcalde de Santiago, los argumentos esgrimidos por la defensa buscan amparar «los privilegios» de una familia para hacerse con unas piezas de extraordinario valor patrimonial. «Quien intente proyectar la imagen de un dictador como si fuese un particular y no demostrar nada es que no entiende el contexto de la dictadura, cuestionable desde cualquier parámetro de higiene democrática», declaró el regidor a la salida del tribunal. A pesar de estar satisfecho, Noriega sospecha que la trayectoria judicial va a ser muy larga porque la familia Franco va a tratar de evitar que la resolución suponga un antecedente para muchos otros pleitos que pudieran activarse si finalmente se ponen en cuestión las formas que permitieron pasar las esculturas de unas manos a otras. El recorrido judicial trascenderá al impacto artístico de las piezas -hay un expediente para declararlas bien de interés cultural- porque las dudas sobre la legitimidad de las propiedades son más amplias. La más notable es el pazo de Meirás, enredado también en un proceso de recuperación para el patrimonio público.

Los Franco se aferran a la prescripción de los hechos en el juicio por las estatuas del Pórtico

Juan Capeáns
Juan José Aizcorbe, abogado de la familia Franco
Juan José Aizcorbe, abogado de la familia Franco

El Concello de Santiago acudió a la vista oral en Madrid «con documentos» de la propiedad municipal de las esculturas

Los abogados de los Franco y el asesor legal del Concello de Santiago expusieron ante el titular del Juzgado de Primera Instancia número 41 de Madrid los argumentos con los que unos y otros tratan de justificar la propiedad de las estatuas de Isaac y Abraham del pórtico de la Gloria, en manos de la familia del dictador. El letrado de los Franco argumentó que la adquisición de las esculturas se hizo a un particular, y trató de compensar la falta de papeles acreditativos asegurando que cualquier circunstancia en torno a esta cuestión ya está prescrita. 

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