El noroeste reclama una red de mercancías del siglo XXI para «equilibrar» el territorio

Galicia, Asturias y Castilla y León exigen 3.100 millones para el corredor atlántico ferroviario

Encuentro de presidentes de Galicia, León y Asturias para el impulso del corredor atlántico

Santiago / La Voz

Galicia, Asturias y Castilla y León han dado un nuevo paso en su alianza estratégica basada en los valores de la buena vecindad y que tiene un planteamiento muy sencillo: a problemas comunes, soluciones y reivindicaciones conjuntas. Entre las debilidades compartidas de las tres comunidades destaca la carencia de infraestructuras básicas que permitan al noroeste peninsular ejercer una especie de contrapeso territorial al siempre dinámico eje mediterráneo. De ahí que, en esta ocasión, hayan pasado a segundo plano asuntos abordados en otras cumbres como la crisis demográfica, la financiación autonómica, el turismo, la atención de las emergencias o el futuro de las empresas energéticas, para centrarse en articular un proyecto «real y tangible» para que las principales ciudades y los puertos de Galicia y Asturias se enganchen a través de Castilla y León al eje ferroviario de mercancías que la Unión Europea quiere impulsar en el próximo período presupuestario (2021-2027). Ese plan tiene en la Península dos vertientes, la atlántica y la mediterránea, pero la balanza no está ni mucho menos equilibrada.

El año pasado, Bruselas aceptó incluir a Galicia y Asturias en el corredor, pero esa voluntad comunitaria es, de momento, un trazo grueso sobre un mapa que tiene que plasmarse en proyectos e inversiones concretas. Europa dispone de algo más de 30.000 millones de euros para toda la red, pero hay que solicitarlos con iniciativas sólidas y cofinanciadas. De la cumbre, encabezada por los presidentes Alberto Núñez Feijoo (PP), Javier Fernández (Asturias-PSOE) y Juan Vicente Herrera (Castilla y León-PP) salió reforzado el espíritu reivindicativo y una cifra concreta: 3.100 millones de euros, que es lo que debería aportar el Gobierno de España hasta el 2025 para modernizar mínimamente el ramal atlántico, que todos coincidieron en señalar como la infraestructura clave para equilibrar la competitividad de los territorios de España y Portugal.

«Reclamamos el fin del aislamiento histórico de esta región y la igualdad de oportunidades respecto a otras comunidades», proclamó el empresario leonés Javier Cepedano, presidente de la Plataforma Atlántico Noroeste. Su presencia en el encuentro celebrado en la Ciudad de la Cultura de Santiago, así como la de otros agentes socioeconómicos que aportaron su visión, tiene que ver con el reconocimiento político a una iniciativa de unidad territorial surgida en el sector privado, a semejanza de los grupos de presión existentes en el eje mediterráneo para atraer inversiones públicas.

Solo un 1 % en ferrocarril

La demanda del noroeste no es caprichosa. Alcanzaría en forma de dinamismo económico y empleo a 6,2 millones de personas, que representa al 11,2 % de la población española y que reúnen el 13 % del PIB. La fachada atlántica, explicó Juan Vicente Herrera, mueve la mitad de las mercancías de la península a través de más de 60 puertos y plataformas logísticas, pero las inversiones del Estado, denunció, «no cumplen esa proporción». De persistir esa realidad, será imposible cumplir con los objetivos para el 2030 de la Unión Europea, que pretende que un tercio de las mercancías continentales se muevan a través de una red ferroviaria eficaz. En estos momentos, en las tres comunidades el ferrocarril tiene una cuota del 1 %, mientras que el transporte por carretera asume un 83 % del total, haciendo incompatible los objetivos de rebajar la contaminación atmosférica, tal como recordó Feijoo.

El proyecto del corredor atlántico, además de exigencias genéricas y buenas palabras, precisa proyectos concretos de mejora en la red ferroviaria, que los presidentes autonómicos quieren que se vean plasmados en el plan director que tiene que redactar el Ministerio de Fomento. Los técnicos y los empresarios han detectado la necesidad de mejorar la electrificación de los trazados, así como la eliminación de algunos tramos sinuosos y pendientes que hacen inviable la utilización de convoyes ferroviarios que se muevan en torno a los 750 metros, que es la capacidad logística que empieza a influir en los precios del transporte.

Responsables y moderados

Los dos líderes del PP trazaron un discurso más pegado a las necesidades socioeconómicas, mientras que el asturiano Javier Fernández, que al igual que Herrera afronta sus últimos meses como presidente, hizo una intervención más política para justificar una alianza «responsable», impulsada desde «posiciones moderadas» y anclada en la lógica de un modelo «cuasifederal» que obliga al entendimiento «para superar las mismas debilidades». El anfitrión Feijoo, que intervino de último, advirtió que si el noroeste abría este frente es, precisamente, para estar «más cerca» de España y de Europa, mientras que el líder castellanoleonés denunció la «hemiplejia» que se consolidaría en el Estado si no se permite el avance de la periferia.

Políticos y representantes sociales incluyen el norte portugués en las demandas

Los líderes autonómicos y los representantes de la sociedad civil que participaron en la cumbre se empeñaron en internacionalizar sus objetivos al tener muy presente es sus discursos al norte de Portugal. Alfredo García, presidente de la Federación Galega de Municipios e Provincias, fue el primero en traspasar la frontera para recordar la labor que ya están haciendo los ayuntamientos para revalorizar los puertos, aunque recomendó que en este empeño cuajase la unidad administrativa sin distinciones. «Portugal no es la competencia de Galicia y de Castilla y León, es un país complementario que tiene mucho que aportar a este proyecto común. Y la diferencia entre que te escuchen o no en la UE es que haya unidad», advirtió el alcalde socialista de Valdeorras.

El mundo sindical tuvo voz propia a través de Ramón Sarmiento, secretario general en Galicia de CC. OO., quien también invitó a los líderes autonómicos a incluir a Portugal en próximos encuentros para darle mayor solidez a las demandas ante Bruselas.

Belarmino Feito, presidente de la patronal asturiana, ve determinante buscar las inversiones superando los localismos, «que en Europa no se entienden»; y en esa misma idea incidió Ignacio Santos, responsable de las plataformas de logística de Castilla y León, quien señaló que las mercancías son «tozudas» a la hora de buscar sus caminos, ya que solo entienden de competitividad y dinamismo.

Feijoo, por su parte, puso en valor el trabajo iniciado por Fraga, que entendió las inversiones comunitarias en clave de una gran eurorregión ibérica que, «lejos de amurallarse», se ha ido ampliando hasta integrar en el mismo espacio al centro de Portugal, a Castilla y León y, más recientemente, a Cantabria. Además, insistió en que la red multiplicará su potencial si se avanza paralelamente en la conexión ferroviaria entre Vigo y Oporto.

El frente de la España atlántica debe perdurar

pablo gonzález
La autovía del Cantábrico, una de las infraestructuras que contribuyeron a vertebrar el noroeste
La autovía del Cantábrico, una de las infraestructuras que contribuyeron a vertebrar el noroeste

La alianza estratégica de Galicia, Asturias y Castilla y León podría ganar peso y extenderse a otros territorios con los mismos problemas, sumando incluso a los de Portugal

En un reciente encuentro de unos doscientos directivos y emprendedores de Galicia, Asturias y Castilla y León llegaron a dos conclusiones sobre el futuro del cuadrante noroeste ibérico. La primera es que las estrategias en estos territorios deben centrarse en el desarrollo de sus amplias zonas rurales, donde de verdad se siente el problema demográfico, con pueblos vacíos y paisajes reconquistados por la naturaleza. La segunda conclusión es que habría que integrar a los hermanos portugueses del norte y centro del país vecino, con una problemática muy similar, lo que podría fortalecer este lobby político y económico que debe luchar por el equilibrio territorial y una financiación justa, con el objetivo de frenar lo que se ha ido configurando como una realidad en los últimos años: un país hemipléjico, con la economía, las infraestructuras y la población volcados hacia el Mediterráneo.

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