A tres euros el menú... del presidiario

Interior renueva por 3,5 millones el contrato de comida para los 3.400 presos en Galicia


vigo / la voz

Unos 400.000 euros en croquetas, san jacobos y empanadillas; 330.000 para pescado congelado; 283.000 en patatas, ajos y cebollas; 255.000 para pollo; 243.000 en fruta... La lista de la compra continúa: café, conservas, bollería, pasta, huevos... pero todo por miles de euros, hasta 27.777 para salsas. La administración de instituciones penitenciarias acaba de hacer la compra para las cinco cárceles de Galicia para el 2019 y la cuenta final roza los 3,2 millones de euros, y aún falta sumar la carne (no se presentó ningún proveedor) y otras compras más reducidas, como la de pescado fresco, que en cada penal se realizan para completar existencias.

El grueso de la compra sale a apenas a tres euros al día por cada uno de los 3.390 presos residentes en A Lama, Teixeiro, Bonxe, Pereiro de Aguiar y Monterroso. Pero a juicio de los trabajadores, los presos no plantean grandes quejas sobre la calidad de lo que comen. «Sin duda, se come más variado y en mejores condiciones en prisión que en cualquier hospital», mantiene un experimentado funcionarios de la cárcel de Teixeiro (Curtis). «De lo que más se quejan es de como están preparados algunos platos», tercia una compañera del centro de A Lama, los dos de máxima seguridad existentes en Galicia. «Por poner un pero, quizás últimamente la comida se queda un poco justa», añade.

Ahora la compra está centralizada en Madrid, en lugar de depender del administrador de cada penal como hasta hace siete años. Por eso a la cárceles gallegas la leche la aportará este año una empresa de Astorga, o de Sevilla la verdura congelada, las salsas o los precocinados. De los 22 lotes en los que se ha divido la lista de la compra, solo el pollo, los embutidos, el pescado ultracongelado y el café se aportan desde Galicia.

«Lo que tiene más éxito es el embutido», estiman en Teixeiro, donde su personal recuerda con pena que en estas Navidades «los langostinos apenas los tocaron, fracasaron. Y el 80 % del pescado se va a la basura. No tienen costumbre de comerlo». El plato estrella en A Lama son las hamburguesas y las salchichas, «lo piden para casi todas las noches», además de reconocer que los potajes proliferan en invierno.

La comida la preparan y la sirven reclusos guiados por un monitor. Todos están dados de alta en la Seguridad Social y cobran una nómina. Antes han tenido que hacer un curso de manipulador de alimentos. «Pero ese trabajo quema bastante», señalan los trabajadores consultados. Porque a las 6 de la mañana la cocina se pone en marcha. Toca dar el desayuno a los presos citados en los juzgados. A las 8 se hace el recuento de los presos y los demás tienen que bajar al comedor a desayunar. Leche, café en polvo, mermelada, membrillo y pan. Así es desde hace muchos años en el penal coruñés. Eso sí, los fines de semana cae alguna madalena y cacao. A las 13 horas toca contarse de nuevo y comer. Y al final de la tarde se repite el proceso para la cena.

«En cocina no paran los dos turnos que hay. Imagínate preparar todo para más de mil comensales». Y además hay varios menús: el general, el de los diabéticos, el de los musulmanes, el triturado para los presos sin dentadura, los suplementos para los ingresados en enfermería, y hasta el vegetariano. «Muchos etarras no comen carne», apunta un trabajador de Teixeiro que ha visto pasar por el penal numerosos miembros de la banda armada.

La máxima cautela se guarda siempre en los módulos de los presos en aislamiento. La bandeja de comida se desliza por una abertura. Se comprueba su estado al salir, así como el de los cubiertos, de un plástico muy endeble para impedir que pueda ser utilizado para causar daño. La celda en A Lama del guineano Fabrizio João, el considerado preso más sanguinario de España, requiere aún de más precauciones, después de que ocho funcionarios de Cádiz sufrieran en sus carnes su fortaleza de 1,90 y 120 kilos y su peligroso pronto.

«Muchos etarras son vegetarianos. A los demás les apasiona el embutido y las hamburguesas»

Cien euros por semana para el economato

Todos los jueves se recarga la tarjeta de saldo con la que cuentan los presos para comprar en el economato de cada módulo. Cada uno tiene una «cuenta de pecunia» en la que los familiares le hacen los ingresos, y de ella, como máximo, se transfiere un máximo de 100 euros a la tarjeta prepago. No está permitida la circulación de dinero en metálico en la cárcel.

El economato surte con los suplementos de alimentación que buscan los internos para ampliar la variedad de sus dietas. Conservas de mejillones, calamares, atún y sardinas para hacer bocadillos están entre las compras más valoradas. Para los presos que no han accedido al grado menos restrictivo, el contenido de las latas se les da en un vaso de plástico. «Aquí harían obras de arte con las latas», ironizan los vigilantes.

El tabaco, también disponible en el economato, sigue muy presente aún en la vida carcelaria. El café, que sale a 30 céntimos, no se queda atrás, incluso para los funcionarios, que eso sí, comen en la cafetería externa y lo pagan de su bolsillo. Los precios del economato no pueden superar el 7 % del valor de coste. No hay alcohol, aunque sí cervezas 0,0.  

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