Sube la demanda de los comedores sociales en Galicia con casi 3.000 usuarios al día

El perfil habitual: hombres españoles de mediana edad que llevan mucho tiempo sin empleo

Los registros no son ni parecidos a los de la crisis, pero 3.000 personas siguen necesitando de los comedores sociales cada día. La mayoría de los centros han detectado un repunte en los últimos meses. Es lo que sucede en la Cocina Económica de Ferrol. Solo en el 2018, el servicio de comida ha subido un 31 %. Un 41 % en el caso de las cenas. «Desde el 2013 hasta enero del año pasado la bajada había sido constante, pero de repente, algo empezó a cambiar», dice Antonio Tostado, presidente de la entidad. Si hace un año recibían a 89 comensales a mediodía, ahora son 118. El perfil habitual es el de un varón solo, sobre los 50 años, que lleva mucho tiempo desempleado. «Suelen tener unos ingresos bajos, de menos de 500 euros y viven en una habitación», explica.

«El incremento es clarísimo. A veces nos preocupamos por la cantidad de comida que hay que preparar»

La Xunta tiene registrados 12 comedores sociales, aunque hay más. Según sus datos, 11 están gestionados por entidades y uno es de gestión pública, la Casa do Pescador del Concello de Vigo. Entre todos, cuentan con unas 1.000 plazas autorizadas, que en ningún caso se corresponden con los usuarios. Los comensales entran y salen durante los servicios y en muchos casos se doblan turnos. Sucede en el comedor de San Francisco, en Pontevedra. Allí también han notado el ascenso en los últimos años. «Podemos llegar a los 134 usuarios. Hacemos dos turnos porque no caben. Comen la mitad, limpiamos y vuelta a empezar», dice el padre Gonzalo Diéguez. En su caso, notan más movimiento entre aquellos que les piden ayuda. «Viene más gente desconocida, pero aquí hay sobre todo españoles y gallegos. Personas con pagas de 300 euros que viven en pensiones o habitaciones». Lo mismo perciben en el comedor de San Froilán de Lugo, aunque allí llevan varios años con 90 usuarios de forma sostenida. «Lo que vemos es que hay mucho hombre sin trabajo. Mujeres, pocas», dicen sor Monserrat y sor Faustina.

«Casi el 80 % de nuestros usuarios son hombres de entre 46 y 60 años que han perdido el trabajado»

En Cáritas, en Ourense, donde preparan 80 raciones de comida al día también han percibido que hay más demanda. Sus responsables apuntan a que las ayudas tardan y que, quien las tiene, apenas consigue pagar el alquiler y algún recibo. «Hay mucho trabajador empobrecido. Hay quien viene solo las últimas dos semanas del mes. Lo poco que ingresan, ya no les llega», explican.

En la Cocina Económica de Santiago han notado el repunte en los pocos días que han transcurrido del 2019. «El incremento es clarísimo», sentencia sor Esther. En este centro dan una media de 70 desayunos, 100 cenas y casi 180 comidas. «Ha habido pocos, pero sí hemos tenido días de 200 usuarios a mediodía. A veces nos preocupamos por la cantidad de comida que tenemos que preparar. Nos preguntamos hasta dónde podremos llegar. Vemos que hay más gente joven, sin estudios o con problemas familiares. La mayoría son gallegos, pero viene gente de otros puntos de España hasta Santiago. La vida aquí no es cara». Lo mismo sucede en San Vicente de Paúl, en Marín, donde atienden a 100 personas al día. Su responsable ha detectado el aumento de jóvenes. «Están fuera del sistema por muchas circunstancias». Mientras, en Cáritas Arousa, Paco Fernández tiene el perfil más que definido. «Casi el 80 % de los usuarios son españoles, sobre todo varones de entre 46 y 60 años. Del total, más del 97 % han trabajado alguna vez, pero la mayoría tienen solo estudios primarios», detalla. En el Comedor de la Esperanza de Vigo no han notado gran variación en sus 130 usuarios al día. No en número, pero sí en que hay «más jóvenes sin empleo. Son un montón. Muchos con problemas de drogas y alcohol. También hombres con trabajos precarios o que lo han perdido a una edad en la que ya no consiguen recuperarlo», explica sor María Fernanda.

En Cangas, en el Santiago Apóstol, han pasado de 60 a 80 comensales en solo unas semanas. «Vienen sobre todo hombres y mujeres víctimas de malos tratos. También más familias sin trabajo. La gente viene con vergüenza», dice Ángela Rodas.

Caso aparte es el de la Cocina Económica de A Coruña. Solo ellos atienden a 1.300 personas al día. «Son unos 200 usuarios de comedor, pero servimos a 230 familias a domicilio», explican en el centro.

La coruñesa Padre Rubinos, por primera vez «en colapso» en sus 100 años de auxilio social

Incluso las entidades con más músculo y mayor dotación experimentan dificultades para gestionar la demanda. Es el caso de la institución coruñesa Padre Rubinos. En 100 años de historia, jamás habían tenido una actividad tan elevada. «Nunca habíamos registrado un volumen de usuarios tan alto», asegura Jorge Sampedro, director del Centro Integrado de Atención Social. Desde la institución tampoco tienen claros los motivos de lo que está sucediendo, pero no ahorran palabras para describir cómo han sido los últimos meses. «Estamos en máximos históricos. En colapso», comenta.

En Padre Rubinos dan al año 130.000 servicios de comida en sus instalaciones. A mediodía se pueden encontrar con 215 personas en el comedor, pero no es la única franja horaria con actividad. Los desayunos pasan de 100 y las cenas de 180. «Sí hemos notado un incremento. Entre el 2017 y el 2018 los usuarios del comedor subieron un 15 %, con picos del 25. El pasado noviembre registramos un récord de 217 comidas. Es el más alto que tenemos en nuestros registros. Y hay que tener en cuenta que el comedor no es nuestro único servicio. Tenemos una demanda similar en la residencia, en la atención a familias, en el ropero y en las duchas», relata Jorge Sampedro.

«Estamos en máximos históricos. En colapso»

Los motivos todavía no los tienen claros, pero esperan poder ponerlos sobre papel en la memoria de los últimos doce meses. «Siempre ha habido épocas más altas, pero desde septiembre no hay descenso alguno». Estamos al cien por cien y no tenemos claro cuál es el factor que lo motiva», apunta con extrañeza sobre un servicio que no es abierto. En Padre Rubinos, los usuarios acreditan su situación de carencia de recursos económicos o bajo umbral de renta, entre otros.

«Nuestros usuarios son, sobre todo, españoles. Un 65 %. De ellos, la mitad son gallegos. En cuanto a las problemáticas, son amplias. Tenemos casos de violencia de género o adicciones, pero sobre todo personas que ya no tienen derecho a prestaciones sociales. Son colectivos sin acceso a la salud, al trabajo o a la vivienda y la verdad es que es muy difícil que salgan de la situación en la que están», razona Jorge Sampedro, a quien se le ocurre otra clave: «Podría tener que ver con la carestía del acceso a la vivienda».

«He vuelto de Venezuela sin nada. Es muy duro, hay que vivirlo»

Gladys Vázquez
Juan Manuel Freire ha pasado toda su vida en Venezuela
Juan Manuel Freire ha pasado toda su vida en Venezuela

Juan Manuel prefiere vivir en la que considera su casa, Ferrol, aunque dependa de las instituciones sociales

«Nací en A Graña y me fui con 11 años a Venezuela, porque allí ya estaban mis padres». Es la carta de presentación de Juan Manuel Freire. También es usuario de la Cocina Económica de Ferrol, pero podría serlo de cualquier otro centro. Aquellos que retornan o dejan de Venezuela se han convertido de por sí en uno de los colectivos que llegan a estos centros sociales. «Estaba muy bien económicamente. Tengo 70 años y llevaba 10 con una pensión. Todos mis ahorros se han ido a la basura. Lo que pasa en Venezuela me ha tumbado», explica con expresión triste. «Me he vuelto a mi casa sin nada. Esto es muy duro. Hay que vivirlo», añade.

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