Feijoo, el reverso autonomista de Casado

El líder del PPdeG rescata la agenda del techo competencial para no perder pulso con la financiación

Feijoo y Casado, en una de las últimas visitas de este último a Galicia
Feijoo y Casado, en una de las últimas visitas de este último a Galicia

Redacción / La Voz

Alberto Núñez Feijoo es como el San Pedro del PP. Antes de cantar el gallo, ya negó varias veces que discrepe con la línea trazada por Pablo Casado en el partido. Ya en los inicios se apresuró a desmentir que la elección del nuevo líder popular supusiera un giro a la derecha, como vaticinaba la troupe de analistas, y continuó negando cualquier disensión tras el pacto con Vox en Andalucía, pese a que se confesó indignado con las propuestas de la ultraderecha sobre las mujeres y a que su número dos en la Xunta, Alfonso Rueda, advertía a sus colegas: «Aceptar cualquier cosa con tal de gobernar, tampoco».

El pasado jueves, Feijoo negó por tercera vez una contradicción con Pablo Casado. Su partido venía de pulsar el botón en el Parlamento autonómico para reclamar el tope de competencias para Galicia y cualquier cesión en materia de autogobierno que el Estado pueda hacer al País Vasco o Cataluña.

Es un acuerdo que va a contrapelo del jefe de filas del partido, porque Casado está a otra cosa y, cada vez que habla, se le entiende. Cuando el de Ávila se pregunta «qué pintan las autonomías decidiendo si solo se estudia el río de su pueblo o qué idioma se tiene que hablar en el recreo» se sabe que quiere la recentralización educativa. Si denuncia en Murcia que no puede ser que coexistan 17 políticas sobre el agua, es evidente que aboga por retomar el mando sobre la gestión de la política hidráulica, que paradójicamente es un traspaso que ha sido invocado muchas veces desde Galicia.

Gran parte del éxito que tuvo en Galicia el PP, y antes AP, se debe a que este partido, nacido en las postrimerías del franquismo, supo envolverse muy rápido en la bandera del autonomismo. Olvidamos pronto que Fraga tensionó las costuras del Estado al reivindicar la Administración única, y que el propio Pujol pidió raudo media ración de lo mismo. O que el entonces número dos de la Xunta y jefe del aparato del PPdeG, el desaparecido Xosé Cuíña, pasmó al mismísimo Aznar al confesar que su galleguismo se situaba al borde de la autodeterminación.

Feijoo acabó con aquello, y el contexto de crisis le ayudó a arriar la bandera blanquiceleste. Bastante tenía la Xunta con gestionar las competencias ya asumidas e intentar cuadrar las cuentas. Pero en el programa electoral del 2016, el PPdeG parece volver por sus fueros. «Coa mellora da situación económica e dos ingresos, estamos de novo en condicións de negociar transferencias que ata o de agora quedaron relegadas por mor das limitacións orzamentarias», proclamaba el documento con el que inició su tercer mandato, en el que se citan expresamente la cesión de la AP-9, la inspección de trabajo, la ordenación del litoral, la inspección pesquera, el tráfico y los órganos compartidos para la gestión de puertos y aeropuertos.

La reclamación está esbozada, por mucho que la oposición subraye que Feijoo es el único presidente gallego que no sumó ni una nueva transferencia a la Xunta. Con tantos profetas de la recentralización, que ven el modelo autonómico completado, será cada vez más raro discutir sobre traspasos. Pero no así de una materia asociada a las competencias: la financiación. Y ahí es donde estriba el interés estratégico de Galicia, en exigir la misma financiación vía Presupuestos que las demás comunidades históricas. Ahí es donde Feijoo mete la cuña, aun a riesgo de ir a contracorriente de Pablo Casado.

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