La odisea de entrar y salir de los colegios

Atascos, coches mal aparcados y escasa seguridad para los escolares que llegan andando son las principales quejas

Cuatro y media de la tarde. Alrededores del colegio Hijas de Jesús de A Coruña. Los coches parados sobre las aceras se multiplican. No han dejado de llegar vehículos desde las cuatro. Faltan quince minutos para que los niños salgan y se forma el primer atasco con la aparición de los autobuses escolares que ya bajan desde otro centro educativo de la zona. Algún vecino se aventura a salir de casa sorteando los automóviles y caminando ahora por la acera, ahora por la carretera. Lo mismo que harán los niños pocos minutos después a pesar de que los coches aparcados en las curvas y alrededor de los pasos de cebra reducen la visibilidad. Es una jornada normal. Cuando llueve el caos es aún mayor.

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«Los niños no pueden andar por las aceras porque estamos todos aparcados encima, incluso en curvas peligrosas» Padres de alumnos se quejan de la peligrosidad que genera la falta de espacios para aparcar o parar en el entorno de los colegios

Esta escena se repite cada día y no solo en este colegio coruñés sino en cientos de escuelas de toda Galicia. «Es un mal endémico y nos preocupa» reconoce Rogelio Carballo, presidente de Confapa, la entidad que agrupa a las asociaciones de madres y padres de colegios públicos de la comunidad. «Existe un problema de configuración del espacio urbano que provoca que en muchos colegios no haya accesos adecuados, ni para llegar andando ni en coche» explica. Una situación que complica la vida a las familias de los escolares pero también al resto de la población. Y es que circular por una calle en la que haya un colegio a la hora de la entrada o la salida puede convertirse en una auténtica tortura. Lo saben bien en Lugo donde de lunes a viernes la avenida Ramón Ferreiro pierde uno de sus carriles por culpa de los coches aparcados en doble fila que transportan alumnos hasta los centros de primaria y secundaria de la zona. El resultado: atascos monumentales. retrasos y dificultades también para quienes escogen el bus urbano como opción de movilidad.

Hay un problema con el espacio urbano entorno a los colegios»
LUGO: La doble fila es la reina en la Avenida Ramón Ferreiro, que pierde uno de sus carriles en horas de recogida escolar
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Falta de urbanidad

«Está claro que hay padres que no respetan las normas, es una cuestión de conciencia de cada uno pero hay cosas que desde luego no se pueden hacer, como aparcar en un paso de cebra» dice María José Mansilla que preside las Anpas gallegas de centros privados y concertados (Congapa). Pero matiza que tampoco se les ponen las cosas fáciles a los progenitores. «El transporte escolar es muy costoso y no todos los centros lo tienen y el transporte público no está adaptado a los horarios escolares. Los ayuntamientos podrían esforzarse un poco y revisar las líneas para adaptarlas en ciertos momentos del día. Mis hijos, por ejemplo, tienen un bus que les deja en el colegio pero con él tardan 45 minutos en un trayecto que en coche nos lleva apenas 15» relata.

SANTIAGO: El área de Virxe da Cerca acumula hasta cuatro colegios que convierten el tráfico en una pesadilla
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Desde la Federación de Anpas de A Coruña, su presidenta, Lola Blanco, también apunta posibles soluciones para quienes emplean el automóvil. «Prohibir el aparcamiento en uno de los lados de la calle a ciertas horas. O habilitar algunas plazas para que los padres puedan parar un momento sin formar una doble fila. Una suerte de carga o descarga que funcione 15 minutos antes y después de las horas de entrada y salida de la escuela» propone.

«En Pontevedra se limitó el aparcamiento alrededor de los colegios. Fue una decisión muy polémica y con la que yo personalmente era muy crítico pero a la larga tenemos que valorarla positivamente porque ha permitido aliviar la situación de tráfico intenso alrededor de los centros» aporta Rogelio Carballo, que defiende que los ayuntamientos deben tomar decisiones valientes sobre los usos de los espacios que rodean a las escuelas.

El problema afecta por igual a centros públicos y a privados y concertados. En el caso de los segundos, el problema se agrava porque el alumnado no se asigna por zona y hay muchos más niños que viven lejos del colegio al que asisten. Pero tampoco es raro encontrar colegios públicos con alumnos que residen a más de 10 kilómetros de su escuela. «Yo trabajo en un centro de titularidad pública de Compostela y tenemos niños que vienen de fuera del municipio como por ejemplo de O Milladoiro o Bertamiráns» relata María José Mansilla.

OURENSE: En días de lluvia los atascos son especialmente llamativos alrededor de colegios como el Concepción Arenal
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Más presión policial

La presencia de policía local en el entorno escolar es una de las medidas que suelen tomar los ayuntamientos. Las asociaciones de padres no ven mal que los agentes regulen la circulación en la zona y que su presencia disuada a los padres de cometer cafradas pero son críticos con una función punitiva. «Antes de multar, que los ayuntamientos se sienten con nosotros y consensuemos soluciones. Porque al final se producen situaciones de tensión entre los padres y los agentes que no benefician a nadie. El nivel de estrés es grande y un día un padre va a salir pitando para que no lo multen o un niño va a saltar corriendo del coche y va a pasar algo que nadie quiere» argumentan desde Congapa.

El nivel de estrés es grande y cualquier día va a pasar algo que nadie quiere»
Los accesos al colegio Párroco don Camilo son peligrosos y profes, padres y vecinos tratan de no usar el coche
Los accesos al colegio Párroco don Camilo son peligrosos y profes, padres y vecinos tratan de no usar el coche

Caminos seguros

Desde Stop Accidentes creen que la única solución es que se reduzca drásticamente el uso del coche para ir al colegio. «El camino al colegio es algo que todos vivimos en nuestra infancia y de repente se ha perdido pensando que era más seguro llevar a nuestros hijos en coche cuando es justo al revés» dice Jean Picard, delegada de esta asociación en Galicia. Para fomentarlo, en 2012 pusieron en marcha en A Coruña y su área el proyecto ANCAS, una serie de rutas seguras marcadas en el suelo con pequeñas ranas que guían a los escolares. Los mayores realizan el trayecto solos. Los más pequeños quedan en una de esas ranas con un padre responsable que los acompaña. Iniciativas similares se repiten en otros lugares de Galicia pero chocan con un problema: la falta de padres voluntarios que quieran hacerse cargo de los hijos de otros sin estar cubiertos por un seguro de responsabilidad civil. «Es algo que estamos hablando con las ANPAs y con compañías aseguradoras» avanza Picard. Desde Confapa apoyan que se recupere el ir andando al cole, «crea tejido social y forma identidad de barrio» dice Rogelio Carballo, pero recuerda que para lograrlo es imprescindible que se «pacifiquen» los entornos y se reduzca la agresividad del tráfico.

Con información de E. Filgueira, M. Cabana, A. Martínez, R. Domínguez, J. Goméz

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