Los ojos que cuidan del pueblo

Una mañana con agentes de A Estrada permite conocer cómo es la labor del cuerpo más cercano al ciudadano

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Los ojos que cuidan al pueblo Una mañana con agentes de A Estrada permite conocer cómo es la labor del cuerpo más cercano al ciudadano.

Redacción / la voz

«Teño o nome das cinco vogais. Son Aurelio». Esa es la carta de presentación de un hombre que lleva treinta años recorriendo los 212 kilómetros cuadrados del concello de A Estrada, el centro geográfico de Galicia, el municipio con más núcleos de población de España y el lugar en el que tiene su sede la Academia Galega de Seguridade, la cuna de la que salen los agentes de la policía local de Galicia. Aurelio Fernández Bascuas es, desde que el inspector se jubiló en el 2017, el jefe de la Policía Local en funciones. Su trabajo, entre decenas de insospechadas labores como retirar una serpiente de un gallinero para devolverla al monte o ayudar a levantarse a un hombre mayor que se ha caído en casa, es el de organizar el día de los doce agentes con los que cuenta un cuerpo que tiene cinco plazas vacantes y una persona de baja. Antes de subir al coche patrulla hace un resumen rápido, esquemático, de su día a día: «Cubrimos as 24 horas do día en quendas de dúas persoas. Aquí tamén hai Garda Civil e colaboramos con eles en temas de seguridade cidadá. Esa función, xunto co tráfico, é o que centra o traballo da noite. Pero despois está todo o resto que hai que facer, cousas que non se ven. Non damos abasto. En Noiteboa e Fin de Ano traballou todo o cadro de persoal. Como? Pagando horas extras».

Mientras hace su esquema suena el teléfono. No se detiene en la respuesta. «Nada! Non pasa nada! Era a concellería de Cultura polo Panic, un desfile que van facer mañá», dice, mientras marca el número para avisar a los dos agentes que están de servicio. Raúl llega en un coche. Francisco, Fran, en otro. «O ideal é que os axentes vaian en parella, pero non poderiamos chegar a tódolos puntos que queremos cubrir», cuenta.

Raúl continúa su camino y Aurelio se sube en el automóvil de Fran, que en sus horas libres toca la tuba en la banda de Silleda, para dar una vuelta por el casco urbano. La velocidad de crucero son los 25 kilómetros por hora. Es la velocidad de la tranquilidad. «Oxalá puidésemos estar dando voltas todo o tempo co contaquilómetros a 20 ou 25, porque querería dicir que non pasa nada!», comentan mientras se dirigen hacia la zona escolar.

En A Estrada, con 20.661 habitantes, hay tres institutos de enseñanza secundaria y otros tantos colegios de primaria. Esos son unos de sus principales focos de atención. «Vixiamos a entrada e saída dos centros e tamén os recreos. Ao ter entradas graduais dános tempo de que os dous axentes da quenda cheguen a todos», explican. Más allá de la imagen de controladores del tráfico, la labor que desempeñan en el entorno de los centros escolares va mucho más allá. «Gustaríame que durante un mes se suprimisen as policías locais para que a xente vise todo o que facemos. O que máis tempo nos leva son os labores burocráticos. Debería haber unha sala de coordinación que centralizase todo en Galicia», dice el jefe.

Fran, igual que Aurelio, es veterano. Lleva 28 años en el cuerpo. En la imagen de sus caras en el retrovisor se perciben las arrugas que van dibujándose en torno a sus ojos. Son las huellas de una experiencia que les permite saber cuándo algo no va bien. «Cando vemos que un rapaz non fai o que acostumaba facer ou cambia de súpeto de hábitos porque pode ter algún problema, tratamos de falar cos pais ou cos servizos sociais para ver qué pasa. Agora co tema do xihadismo esas cousas son importantes porque un rapaz desconcertado é unha persoa vulnerable», explica Aurelio.

La ruta continúa. Del IES García Barros al Antón Losada y al IES número 1. Luego tocan los centros de primaria. El coche patrulla se mete después por las tres calles que ahora concentran la movida en A Estrada (travesía de la Iglesia, do Cruceiro y de Vea). Ahora la marcha es tranquila. Atrás quedan los frenéticos años en los que A Estrada, junto con Ordes, era uno de los centros de la movida en Galicia por obra y gracia de la mítica discoteca Lenon, primero, y Viceversa, después. Pero la Policía Local tiene que estar ahí. Vigilando que los bares no excedan la hora, que los palcos de las orquestas que van a las verbenas cumplan con las normas de seguridad, que durante un evento la gente esté segura aunque no lo note... Tienen, en definitiva, que cuidar de más de 20.000 vecinos.

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