Un pontevedrés diagnosticado de voyeurismo espió con una microcámara a sus compañeros en el baño

Sucedió en la empresa en la que trabajaba


Pontevedra / La voz

Un año de prisión y 4.500 euros de multa que tendrá que abonar en apenas cuatro meses. Estas son las penas que ha asumido un pontevedrés ante el titular del Juzgado de lo Penal número dos de la capital provincial que colocó una microcámara con un micrófono adherido en los baños mixtos de la empresa en la que estaba empleado para espiar a sus compañeros de trabajo.

Se da la circunstancia de que esta persona ha sido diagnosticada de voyeurismo, un trastorno que, si bien no altera su capacidad intelectual, sí que limita moderadamente sus facultades volitivas. En todo caso, el magistrado deja claro que, «pese a ser conocedor de sus inclinaciones, realizó voluntariamente las acciones [...] de forma prolongada en el tiempo».

La sentencia recoge que, desde principios del 2017 hasta mediados de julio de ese año, el pontevedrés de 34 años montó un dispositivo en forma de petaca que integraba una microcámara de vídeo, un micrófono, una batería, una tarjeta de memoria y un interruptor para accionar su funcionamiento. De este modo, en distintas ocasiones durante esos meses, «se dedicó a colocar el referido dispositivo de forma oculta en la parte inferior del lavamanos del cuarto de baño mixto que hay en la empresa», de tal modo que captó imágenes de vídeo en el momento en el que sus compañeros de trabajo de uno y otro sexo utilizaban el aseo.

Estos hechos quedaron al descubierto el 17 de julio de hace dos años. Aquel día, el sospechoso accedió al interior del baño poco antes de las once de la mañana para colocar el dispositivo grabador debajo del lavamanos orientando el objetivo de la cámara hacia el inodoro y accionando el interruptor para que comenzase a captar imágenes y sonidos de los usuarios.

La sentencia considera acreditado que, a lo largo de cerca de una hora, llegó a captar a varias personas que accedieron al baño en el momento en que hacían uso del mismo. De este modo, pasadas las once y media de la mañana, una de las empleadas de esta conocida firma pontevedresa descubrió el dispositivo, circunstancia que propició la interposición de una denuncia por la responsable de la empresa.

Posteriormente, tres compañeras del pontevedrés se sumaron al procedimiento judicial ejerciendo la acusación particular por un supuesto delito contra la intimidad de las personas. De este modo, en el momento de celebrarse el juicio, la defensa del encausado, junto a las acusaciones particulares y la Fiscalía presentaron un escrito conjunto que fue asumido por el propio pontevedrés y por el que se acuerda suspender la ejecución de la pena de cárcel a condición de que no delinca en dos años.

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