El Alvia se esfumará entre repuestos y chatarra con la oposición de las víctimas

Técnicos de Talgo inspeccionarán en breve el convoy accidentado para ver qué componentes se pueden recuperar


redacción / la voz

Los postes de las cámaras de vigilancia siguen a vista de pájaro los restos de los vagones destrozados, pero parece que ya son como ojos ciegos. Las medidas de seguridad que en su día se pusieron para que nadie se acercara a la principal prueba del delito del accidente de Angrois ya no son necesarias, especialmente el personal de seguridad que en su día sustituyó a los agentes de policía. Así que poder pasear al lado de los coches del Alvia resquebrajados es una forma de transportarse a aquella víspera triste del día del Apóstol del 2013. Comprobar a escasos centímetros la violencia de un descarrilamiento que provocó 80 muertos y 144 heridos.

El día que el juez del caso Alvia permitió a Renfe recuperar los restos del tren accidentado en Angrois, que aún permanece en una explanada de una nave industrial de A Escravitude (Padrón), argumentó su aprobación en lo aparatoso de la prueba material. «No siempre es posible llevar ante el órgano judicial la realidad material de los efectos del delito. Desde luego, no es posible ni factible que ante el órgano de enjuiciamiento se presenten el día del juicio los restos del tren siniestrado». Es obvio que las más de 380 toneladas que pesaba el convoy lo convierte en una prueba incómoda de manejar. Por eso los peritos que trabajaron en su análisis lo tuvieron a su disposición durante largo tiempo para analizar hasta el último detalle. Especialmente el ingeniero industrial José Manuel Lamela, el experto judicial encargado de estudiar el estado del tren S-730, que acabó conociéndolo como si hubiera participado en su fabricación. Cree que es normal que lo retiren, pues en sus informes concluye que no hay ningún aspecto del tren que tuviera algo que ver con el accidente.

Cada rincón, cada pieza, han sido inspeccionados y fotografiados. Hay vídeos, imágenes a vista de dron e incluso simulaciones por ordenador del comportamiento del tren en distintos escenarios. «En ningún caso sería necesario preservar tales restos», concluyó el juez instructor Andrés Lago Louro, que cree que cualquier peritaje posterior que se decida podría partir del ingente material acumulado durante la instrucción judicial, que está a punto de terminar.

«En tiempo mínimo»

Después de cinco años y medio en las instalaciones de Grúas Estación, y tras conseguir el permiso judicial hace más de un año, Renfe ultima los preparativos para analizar los restos, ver qué componentes se pueden recuperar y desguazar in situ el resto para convertir los vagones en chatarra reciclable. «Lo haremos en el tiempo mínimo imprescindible, ya que el almacenamiento conlleva gastos», asegura una fuente de la operadora ferroviaria, que aún no puede dar datos del coste que ha supuesto el almacenamiento de los restos.

Todavía se desconoce qué componentes se podrán recuperar para utilizarlos como repuestos. Todos ellos, eso está claro, estarán en las dos cabezas motrices -se valorará si alguna de ellas se puede recuperar al completo- y en los dos coches técnicos, donde se alojan los generadores diésel que permiten que estos trenes puedan circular por vías sin electrificar. Técnicos de Talgo, la empresa que lo fabricó, revisarán el material en breve para determinar qué piezas se pueden recuperar para formar parte del catálogo de repuestos de los S-730. Aunque antes de eso deberán pasar por un proceso de verificación.

El tren original del que parte este Alvia, el S-130, costó en su momento 13 millones. No está claro el valor de su secuela, el S-730. Renfe también está trabajando en los pliegos de condiciones para licitar el desguace de las piezas inservibles. «Eu penso que ata o verán vai quedar aquí. Esas cousas van lentas», aseguran en la empresa que ha acogido el tren durante estos años.

¿Qué opinan las víctimas del accidente de todo esto? Les sorprende que la estrategia de Renfe sea intentar no sacar vagones completos para no ofenderles, «cuando llevan más de cinco años ofendiéndonos», asegura el presidente de la plataforma, Jesús Domínguez. Creen además que los restos deben seguir donde están, «pues la Agencia Ferroviaria Europea dejó claro que la investigación oficial técnica está incompleta y no ha sido independiente». Están convencidos de que el diseño del tren tuvo mucho que ver en el altísimo coste humano del accidente.

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