«Cuidaba a crónicos, daba fármacos, atendía anorexias y hasta ''bullying''»

Lucense afincada en Madrid, donde los colegios tienen enfermera, una figura que se quiere implantar en Galicia

Fátima Fernández fue enfermera escolar en Madrid, aunque ahora ha vuelto a los hospitales
Fátima Fernández fue enfermera escolar en Madrid, aunque ahora ha vuelto a los hospitales

redacción / la voz

Fátima Fernández (Lugo, 1982) ejerció durante un curso de enfermera escolar en Madrid, un paréntesis en su trabajo en hospitales, antes en Lugo y ahora en la capital de España. Su paso por el colegio lo recuerda como «una experiencia casi mejor que en el hospital», y reconoce que cuando empezó en el centro pensaba que tendría una vida muy tranquila. «Y en absoluto, no daba abasto». Contará su experiencia en la Facultade de Formación do Profesorado de Lugo en las jornadas sobre A implantación da figura da enfermera/o escolar nos centros educativos de Galicia, que el sindicato ANPE celebra esta mañana.

-¿Qué valoración hace de su experiencia como enfermera escolar? ¿Era como suponía?

-Yo sabía de la existencia de la figura, pero nunca había ejercido hasta que por motivos personales me trasladé a Madrid y me salió la posibilidad de una sustitución en un centro concertado durante el curso 2017/18. Pensaba que tendría un trabajo más tranquilo que en el hospital, pero para nada, no daba abasto.

-¿Cuántos alumnos atendía?

-Era un centro enorme, de 2.500 niños de entre 3 y 18 años. Había 10 diabéticos, 3 crónicos con medicación diaria, las alergias eran tantas que las fichas no cabían ni en el corcho del comedor, también había alumnos con epilepsia y otros con trastornos psicomotores. Había días que tenía que comer cualquier cosa y a toda prisa. Pero la experiencia ha sido casi mejor que la de un hospital.

-En su caso, ¿quién le pagaba el sueldo?

-A mí me pagaba el centro, pero en el caso de otros enfermeros que están en la escuela pública de Madrid, el pago era por la Consejería de Sanidad, aunque ahora se quiere cambiar e incluir a la de Educación.

-Dice que apenas tenía tiempo. ¿En qué consistía su trabajo?

-A los enfermos crónicos o aquellos que tenían que tomar medicación (por ejemplo, un antibiótico), yo los recibía en el botiquín si eran mayores. Cuando se trataba de niños pequeños, iba yo a la clase y me los llevaba aparte para darles el medicamento; como con los niños hay que tener cuidado, la medicina la llevaba yo al botiquín hasta que venían los padres a buscar al niño o, si no, se lo daba al docente a última hora. También atendía los accidentes, que en un colegio son frecuentes: traumatismos craneoencefálicos, la fractura de húmero de un niño de tres años... hasta una vez una abuela que se cayó al venir a buscar a los nietos y tenía la cadera rota. Atendí un caso de anorexia y varios de bullying, porque es habitual que los jóvenes acudan a la enfermería porque es una figura externa a la clase, a los profesores. Y además atendí un debut diabético.

-¿Eso qué significa?

-Una niña que no tenía antecedentes ni había dado muestras de diabetes tuvo una primera crisis en el colegio. La niña estuvo ingresada en el hospital pero solo perdió una semana de clase porque nos coordinamos la familia, la enfermería del servicio de endocrinología y yo. Esta relación con las familias es muy importante; por ejemplo, detectábamos fiebre en un niño y yo llamaba a la familia y nos organizábamos, porque a lo mejor decidíamos darle ibuprofeno y mantenerlo en el colegio. Todo esto da mucha tranquilidad a los padres y a los profesores, tanto que cuando la persona que yo sustituía se puso de baja, los profesores entraron en pánico porque no concebían trabajar sin enfermería.

-Ahora que sabe lo que es, ¿cómo lo ve usted?

-Me parece impensable que no haya enfermeros en los colegios.

-¿Incluso en los centros pequeños? Porque en Galicia posiblemente no haya un colegio con 2.500 alumnos.

-En Cataluña se estipula que los centros deben tener enfermería a partir de 750 alumnos, pero yo creo que incluso a partir de 300 debería tener el servicio, porque puedes hacer labores de prevención, desde las alergias alimentarias hasta cursos de primeros auxilios. En mi colegio era impensable, lo único que podía hacer como extra era preparar un botiquín para cada clase cuando iba a una excursión en función de las necesidades del momento y el curso. Y enseñar a los profesores a poner una inyección de adrenalina por si se daba el caso de una alergia. Pero los profesores querían que fuese con ellos si hacían intercambio con otro colegio que no tuviese enfermería, y eso era imposible.

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