La mayoría de los estudiantes ven poco útil la orientación que reciben

Según una tesis, apenas el 24 % tienen asesoramiento personalizado en bachillerato

Alumnos de Selectividad, en Viveiro
Alumnos de Selectividad, en Viveiro

santiago / la voz

«Polo xeral, advírtese bastante desinformación sobre os posibles estudos a realizar tras o remate do bacharelato». Esther Vila, profesora de la Universidade de Santiago, defendió una tesis, calificada con sobresaliente cum laude, que analiza el proceso que siguen los alumnos gallegos a la hora de escoger su carrera. Lo hizo a través de un estudio entre más de 600 estudiantes del área de Vigo. La conclusión es que algo falla en el proceso de asesoramiento. Porque la mayoría ven poco útil la orientación que reciben y, de hecho, es un factor poco influyente a la hora de realizar la elección profesional.

«A orientación académico- profesional segue bebendo dunha noción clásica limitada a unha serie de actividades illadas e inconexas situadas ao final dunha etapa escolar». Y eso que explica la profesora Vila Couñago ayuda más bien poco a la hora de aclarar las ideas de los estudiantes. La inmensa mayoría (prácticamente un 90 %) reciben la orientación en el último curso de bachillerato, es decir, a unos meses de tener que realizar una elección que marcará los siguientes años de sus vidas. Poco más del 40 % la han considerado útil o muy útil. Sin embargo, si la orientación se produce en un curso anterior, como primero o segundo de ESO, la percepción de la utilidad aumenta hasta un 70 %.

El tipo de orientación tampoco facilita las cosas, porque se basa principalmente en charlas y, en segundo lugar, en visitas. El asesoramiento individualizado solo llega a uno de cada cuatro alumnos, y son estos los que suelen considerar más útil el proceso.

Así que la mayoría se orientan solos. Más del 85 % de los alumnos dicen haber buscado información por su cuenta, especialmente a través de recursos electrónicos, aunque también les piden opinión a familiares y a sus amigos. El profesorado y el personal de orientación apenas son consultados por un 25 y un 20 % de los alumnos, respectivamente.

Una decisión ¿informada?

Y después está la decisión en sí. Los datos demuestran que el alumnado gallego cree que su decisión es meditada y tomada con el tiempo suficiente para valorar los pros y los contras. La realidad es un poco diferente. «Evidenciamos que aínda se manteñen moitos prexuízos respecto aos ciclos formativos e outras opcións que non sexan estudos universitarios», remarca Esther Vila. De hecho, apenas el 17 % de los alumnos encuestados pensaban cursar un ciclo de formación profesional. Los estudios universitarios eran la opción de tres de cada cuatro alumnos, aunque había un 10 % que todavía no sabían qué iban a hacer al curso siguiente.

Un cuarto de los estudiantes que habían decidido seguir estudios superiores concentraban sus opciones en cinco carreras: Empresariales, Derecho, Medicina, Magisterio y Psicología, seguidas de cerca por Enfermería e Ingeniería Industrial. «Vese claramente que as escollas do alumnado se acumulan nunhas determinadas titulacións máis que noutras», dice la profesora de la USC. La estadística lo demuestra: las solicitudes para Medicina, por ejemplo, septuplicaron el año pasado el número de vacantes. Y además existe un sesgo por sexos. Mientras ellos son más proclives a Ingeniería Industrial y a Empresariales, ellas escogen más Magisterio y Medicina. Lo cierto es que pesan los estereotipos y la investigación demuestra que la elección que hacen los estudiantes está basada en una «visión errónea e ao nesgo de determinadas carreiras».

Y aunque los alumnos hacen hincapié en que su elección ha sido individual, la tesis demuestra la enorme influencia de familiares próximos. Con excepciones. La elección de Psicología es la que menos apoyo recibe desde el núcleo familiar.

La nota de corte, uno de los elementos clave a la hora de escoger el grado

«Observamos perfís claramente diferenciados respecto á cualificación académica do alumnado segundo as titulacións elixidas», afirma la profesora Esther Vila. Tiene sentido, ya que la nota de corte es el filtro principal para el acceso a la universidad.

La tesis que defendió Vila en la Universidade de Santiago constata que hay que realizar un mayor esfuerzo para favorecer la planificación de los estudiantes, porque se ha demostrado una «grande imprevisión» a la hora de hacer determinadas elecciones cuando los estudiantes descubren que no tienen la nota necesaria para entrar en la carrera que quieren. El plan B se conforma un poco más tarde. El 63 % de los estudiantes consultados en la investigación escogen una segunda opción entre primero y segundo de bachillerato, mientras que la primera la eligen en esos cursos menos de la mitad de los alumnos. Menos del 25 % pensaron en su plan B entre tercero y cuarto de la ESO.

Esforzarse según la carrera

Pero las calificaciones actúan como filtro incluso antes de la selectividad. Uno de los factores más importantes para escoger un determinado grado «é a crenza de ter capacidade para realizar eses estudos en cuestión». Así que hay alumnos que se animaron a emprender estudios difíciles después de haber obtenido notas altas en bachillerato y, al revés, dicen que optarían por una carrera que consideraban más fácil en el caso de obtener peores calificaciones. Incluso hay alumnos que reconocen haberse esforzado lo justo durante el bachillerato porque sabían que la carrera que querían hacer no exigía una nota de corte alta.

Las notas de corte también generan situaciones en las que la vocación inicial queda a un lado. Por ejemplo, el estudio constata que hay estudiantes que, al obtener una media más alta, deciden matricularse en una titulación con mayor nota de corte que la que habían elegido.

Las notas altas, a Medicina

El estudio revela casos puntuales de jóvenes que escogieron grados como Medicina o Psicología «motivados por ter conseguido a nota suficiente para acceder a elas». Una de las estudiantes entrevistadas explicó que un compañero, que había pensado escoger Ingeniería Química, se matriculó en Medicina cuando vio que tenía una nota suficiente para pasar el corte.

Uno de cada tres alumnos deciden a qué se van a dedicar al final de la ESO

La orientación académica y profesional por parte de los centros suele ocurrir en segundo de bachillerato y, sin embargo, buena parte de los alumnos ya han decidido en ese momento la carrera profesional que van a emprender. Según la investigación de Esther Vila, la mayoría toman esa decisión en el final de la ESO. Un 32 % contestaron que habían escogido entre tercero y cuarto de secundaria. Otro 28 % lo hicieron al curso siguiente, cuando ya estaban cursando bachillerato. Alrededor de un 20 % lo tienen claro antes de tercero de ESO y una proporción semejante se deciden en segundo de bachillerato. Ellas comienzan a mostrar interés antes que ellos por el futuro. El 55 % de las mujeres deciden antes de empezar bachillerato, frente a un 46 % de los hombres.

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