«Como vou mandar a filla ao colexio de noite por unha pista chea de lobos?»

Una familia de Muxía pelea por una parada de bus segura para una niña de 12 años

«Como vou mandar a filla ao colexio de noite por unha pista chea de lobos?» Una familia de Muxía pelea por una parada de bus segura para una niña de 12 años.

cee / la voz

«Dende a nosa casa ata o cruce é todo monte. Como vou mandar a miña filla ao colexio andando ás sete e media da mañá, que aínda é de noite, por unha pista que está chea de xabarís, que iso xa non ten xeito, pero sobre todo de lobos? Non é que o diga eu, que están comendo ovellas, cans... comen todo canto hai. É que nin se me pasa pola cabeza», se queja Soledad Soneira, la madre de Paula Noya, una niña de 12 años de Morquintián, en el municipio coruñés de Muxía, para quien el cambio del colegio al instituto ha supuesto que el autobús que la recogía al lado de casa ahora para en un cruce a 870 metros de distancia, por una pista sin arcén ni alumbrado público que atraviesa terrenos casi íntegramente forestales.

La razón es que, por más gestiones que han realizado desde junio pasado, y a pesar de la intervención del director del instituto, Ramón Caamaño, del alcalde y de la Policía Local, la Consellería de Educación no accede a realizar una excepción, ya que, por normativa, no se permiten nuevas paradas por distancias inferiores a dos kilómetros.

«Eu, se é a miña filla, non a mando, téñoo clarísimo. Hai que darse conta que dende a igrexa ata o bus non hai nin unha soa casa. Estamos falando dun risco certo: de inverno, de noite, unha criatura soa e nunha zona na que hai moito xabaril e lobo. Paréceme un despropósito, unha auténtica barbaridade, porque uns días poderás levala, pero outros non», añade el alcalde de Muxía, Félix Porto (PSOE), para quien «certas normas poden ter sentido noutras contornas, de tipo máis urbano, pero aquí no rural, non». De hecho, después de hablar personalmente con Transportes, Porto vio «certo compromiso», para que se tuviese en cuenta la excepcionalidad del caso, pero no ha sido así. «Despois tomaremos medidas cando pase unha desgraza», sentencia el regidor, que incluso le pidió un informe a la Policía Local.

En ese informe, el agente encargado da cuenta de que la pequeña sale de casa a las 7.25 horas para subir al autobús a las 08.10, después de recorrer 870 metros hasta «un cruce de estradas sen ningunha protección para as persoas e illado das vivendas», por «unha estrada local sen beiravías e sen alumeado público e situada nunha zona de monte forestal». Es más, después de hablar con la madre, recoge que la mujer no puede acompañar a la menor todos los días, porque su marido trabaja y ella cuida en casa de tres personas mayores a las que no puede dejar solas. De hecho, la propia Soledad reconoce que en ocasiones tiene que echar mano de algún vecino para que lleve a la pequeña, como ella misma hizo anteriormente con otras tres niñas de la aldea, que perdieron a su madre y que «agora xa son mulleres, pero tampouco as viña buscar o autobús». Y eso que, como detalla el informe policial, a unos 100 metros de la casa de Paula, frente a la iglesia, al lado de viviendas habitadas, «hai unha zona adecuada de 300 metros cadrados onde o autobús do transporte público escolar podería recoller á alumna, facer o cambio de sentido e retomar a liña». Una maniobra que la madre calcula que le llevaría menos de cinco minutos y que supondría un gran alivio para su familia y, sobre todo, una mayor garantía para la seguridad de la menor.

Educación considera un «agravio comparativo» la excepción de la norma

El 19 de julio, el padre de Paula, Manuel Jesús Noya Lago, solicitó la parada. El 4 de octubre el jefe territorial de Educación se la denegó y el 19 la madre, Soledad Soneira Lago, interpuso un recurso de alzada que ha sido rechazado, en este caso por parte de la jefa del servicio técnico jurídico de la consellería. Explica que, a la hora de planificar el transporte, el interés del alumnado desplazado «debe ostentar preferencia sobre o particular de cada un dos usuarios», con lo que la concesión de paradas a menos de esos dos kilómetros reglamentarios supondría «un agravio comparativo respecto de todos aqueles que a teñen situada a dous quilómetros», y se dispararían la solicitudes en el mismo sentido.

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