Una ruina tras 20 años de discusión

El cuartel del centro de Lugo que iba a ser auditorio y luego museo de la romanización ya amenaza ruina

Cuartel de San Fernando, en ruina y abandono
Cuartel de San Fernando, en ruina y abandono

lugo / la voz

Lugo tiene en pleno casco histórico un edificio neoclásico no religioso acabado en 1790, único de su tipología conservado en España, que mandó construir Carlos III para hospital militar en el que cuidar a los soldados heridos. El edificio ya amenaza ruina, porque desde hace 20 años, que se inició su proceso de desmilitarización para convertirlo en auditorio de Lugo, las luchas entre la política local y la autonómico lo han impedido. El viejo hospital construido para curar las cuchilladas a los soldados españoles de los siglos XVIII y XIX ha visto más puñaladas traperas entre políticos en estos últimos 20 años que sablazos militares en sus anteriores dos siglos de vida. Pero, mientras que los soldados se dejaban matar por honor y servicio a la patria, los políticos de los últimos 20 años fueron dándose otras puñaladas solo para que el enemigo del otro partido no se colgase la medalla de inaugurar el auditorio.

El procedimiento comenzó hace exactamente 20 años, cuando a finales de 1998 el gobierno local del PP, dirigido por el entonces innovador alcalde Joaquín García Díez, empeñado en peatonalizar y modernizar el casco histórico lucense, decidió proponer a los militares que dejasen su viejo y ya poco aprovechado cuartel para irse a otro edificio más pequeño y funcional. Y así poder convertir San Fernando en el auditorio de aquel incipiente casco histórico peatonalizado dentro de murallas. El alcalde convocó un concurso de ideas al que se presentaron 14 equipos de arquitectos, y que ganó el joven Marcos Parga, con un modelo que aprovechaba el gran patio central del cuartel, similar a un claustro, para convertirlo en auditorio cubriéndolo con cristal. Aquel proyecto ilusionante, con una sala de butacas para mil personas, se negoció con la Xunta de Fraga, que firmó un convenio para financiarlo en su mayor parte. El 13 de junio de 1999 hubo elecciones municipales y el PP, que no contó con García Díez, las perdió. Ocupó la alcaldía el socialista López Orozco, que hizo del proyecto su bandera. Pero finalizado el año 2.000 sin cumplir todos los trámites, apareció el primer escollo: expiró el plazo del convenio de financiación. El entonces conselleiro Cuíña le garantizó a Orozco en febrero del 2001 los 900 millones de pesetas no ejecutados. En el 2004 ya dejaron el edificio los militares y el nuevo conselleiro Núñez Feijoo firmó en agosto el convenio: 5,4 millones de la Xunta y 1,2 del ayuntamiento. En el 2005 llega a la Xunta Touriño y el presupuesto sube a los 12,5 millones y sale a licitación en diciembre del 2006, con 22 constructoras pujando. Pero en vísperas del día de Reyes del 2007, a punto de arrancar la campaña de las municipales de mayo, Orozco recibe un regalo mortal de la Xunta bipartita y amiga: una carta del director xeral de Patrimonio, el también lucense Felipe Arias, del BNG, pidiendo que se paralice la adjudicación porque el cuartel iba a resultar demasiado modificado al reconvertirlo. «Nunca tal falcatruada se viu», dijo Orozco de Felipe Arias, del que pidió su dimisión, al igual que la de la conselleira de Cultura, Ánxela Bugallo. Intervino el presidente Touriño y ordenó que la licitación siguiese adelante. Pero el BNG ya le había dado el golpe de muerte a un Orozco crecido en su mayoría absoluta. El regidor peleó contra el grupo que bautizó como la «gauche divine», con Felipe Arias, arquitectos y otras fuerzas preparadas para frenar su campaña.

Pero la izquierda divina ya tenía su plan orquestado. Presentó escritos de firmas, agitó la campaña y en marzo le dio la estocada final, a dos meses de las elecciones: una carta del Icomos, una oenegé dependiente de la Unesco constituida por un colectivo de profesores, que no firmaban individualmente el informe, diciendo lo mismo que Felipe Arias: el cuartel resultaría demasiado afectado. Y ese fue el final, con debates y discusiones en plena campaña, incluido un anuncio de la conselleira de Cultura, Ánxela Bugallo, diciendo que San Fernando sería mejor un museo de la romanización, como ya había dicho su director xeral Felipe Arias, arqueólogo. Orozco perdió un concejal y su mayoría en mayo del 2007 y el cuartel de San Fernando siguió siendo el mono de feria para lanzarse los trastos unos a otros hasta hoy. La Xunta hizo un auditorio de más de 20 millones en el extremo sur de la ciudad, en una vaguada al lado del río, de difícil acceso para una ciudad alargada, con grandes cuestas, muchos jubilados y pocos autobuses.

Y sobre San Fernando, casi en ruinas y parcheado, sigue el debate: el delegado de la Xunta dijo en días pasados que Lugo no necesita más museos, y la alcaldesa lo reclama cada pocas semanas.

El pasado 

El cuartel de San Fernando fue hospital de militares en el siglo XIX. En el XX, cuartel militar y en el XXI iba a ser el auditorio de la ciudad, pero en la campaña de las municipales del 2007 se frustró la obra, a punto de adjudicarse.

El presente 

Su destino ahora es ser un museo de la romanización, de lo que Lugo tiene urgente necesidad. Pero la Xunta dice que en este momento ya hay demasiados museos y no es prioritario.

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