Los partidos gallegos fían su éxito a los candidatos y huyen de «paracaidistas»

Se ponen a disposición de los aspirantes locales ante las dudas que generan sus líderes


santiago / la voz

Pedro Sánchez ¿suma o resta en un mitin socialista en Vigo? ¿Qué pinta Luís Villares en un acto de campaña de Xulio Ferreiro? ¿Le conviene a Pablo Casado hablar en Santiago de recentralizar la educación y de «la España de los balcones»? ¿Cuántas fotos se va a hacer Ana Pontón con Arnaldo Otegi para pedir el voto en las europeas para su coalición con los secesionistas catalanes? ¿Seguirá Pablo Iglesias de baja por paternidad? Con la campaña de las municipales a cuatro meses y medio, los principales partidos políticos gallegos con representación parlamentaria miran hacia sus activos locales más que nunca, sabedores de que, si logran algo grande a finales de mayo, no será por la influencia de sus líderes, cuestionados, en proceso de maduración, enfrentados o directamente a la baja.

Las campañas municipales son diferentes entre otras cuestiones porque los partidos pasan de estar en el centro de todo para convertirse en facilitadores de sus candidatos, que demandan apoyo logístico o respaldo de los líderes según vaya la feria. En el PPdeG, por ejemplo, Feijoo estará «a completa disposición». «Si alguien cree que puede aportar, allí estaremos en la medida de sus posibilidades», explica uno de los fontaneros que acompaña al líder popular desde su regreso triunfal a Galicia, que solo tuvo un grave tropiezo en el 2015, precisamente con las municipales. Esas limitaciones vienen impuestas por la actividad institucional del presidente, que prácticamente no permite que se imponga la agenda de partido más allá de alguna cita de tarde o en fin de semana. Los populares admiten la tesis de que en el actual panorama gallego «no hay nadie cómodo», ni siquiera Ciudadanos, que arrastra un grave complejo por no haber sabido meter la cabeza en la comunidad.

La misma oferta que hace Feijoo de apoyar las candidaturas locales que demanden su presencia la pretende poner en marcha Luís Villares, aunque es fácil concluir que el portavoz de En Marea tendrá muchas más tardes libres que el presidente a medida que se acerquen los comicios. El renovado líder rupturista quiere hacer un esfuerzo con «vontade de achegamento», pero sin promover tensiones que puedan echar más sal a las heridas. De hecho, el entorno del exjuez se ofrecerá a nivel logístico y de apoyo allí donde se demande -«hai máis alcaldías que as das cidades da Coruña», aclaran- pero desde un segundo plano, evitando que se vea a En Marea como una autoridad centralizadora. Con todo, las secuelas de la lucha interna se evidencian en la falta de posicionamiento que tiene la formación ante eventualidades como que haya un adelanto electoral o que se confirme la posibilidad de un superdomingo. 

«Lo de Pachi es ruido»

Esa opción, la de hacer coincidir hasta tres votaciones distintas en Galicia -locales, generales y europeas- no hace demasiada gracia a los socialistas con poder y, hasta donde ellos saben, tampoco está en la volátil cabeza de Pedro Sánchez. A excepción de Abel Caballero -«va a centrarse en Vigo», aseguran-, todo aquel que es alguien en el PSdeG tiene un papel asignado en un amplio comité electoral que parte de la premisa de mantener las dos alcaldías urbanas (Vigo y Lugo) y las tres diputaciones. Y a partir de ahí, recuperar terreno «con una combinación de candidatos contrastados y nuevas caras» que tienen como consigna ponerse a rebufo de las medidas sociales que pueda desarrollar Pedro Sánchez, pero sin contar necesariamente con él. Gonzalo Caballero, pendiente de entrar en el Parlamento, va a hacer una campaña «intensa» porque ya da por controlado el partido. «Lo de Pachi Vázquez en Ourense es ruido», garantizan.

«Estas son as nosas eleccións», piensan en el BNG, y se ven objetivamente más fuertes que en el 2015. Desde el gabinete de organización levantan las banderas de Pontevedra, Allariz o Muras para presumir de modelo nacionalista «recoñecible» para las ciudades o el medio rural. Tienen confirmadas 222 candidaturas -encuentran resistencias en los concellos ourensanos pequeños- y son la formación más preocupada por la llegada de paracaidistas «alleos a Galicia» que vienen a «deteriorar a mensaxe local».

La situación de En Marea genera recelo y respeto en la izquierda

El PSdeG y el BNG viven la crisis insalvable de En Marea con una sensación agridulce, como el hostelero de barrio que, ante la apertura de un nuevo bar, duda si este le quitará clientes o generará más ambiente en la calle y, por tanto, mayores beneficios para todos. En el análisis urgente, ambas formaciones salen beneficiadas por la decepción que generan las desavenencias internas de la izquierda rupturista en los votantes, que recalaron mayoritariamente en esta opción que se presumía integradora tras apoyar en anteriores ocasiones a socialistas o a nacionalistas. La posibilidad de recuperar antiguos simpatizantes es celebrada en el PSdeG porque «son competencia», pero también admiten que ese intercambio de votantes, con vistas a las autonómicas del 2020, puede resultar igual de frustrante que casi siempre si el PP, en solitario o en compañía de otros, sigue sumando 38 diputados o más. Desde el BNG, que ha vivido purgas internas similares, prefieren guardarse la opinión y siguen las evoluciones de En Marea «con máximo respecto». 

El PP no descarta a nadie

En el otro bloque la situación es distinta. Para el PP cada campaña es un sinvivir porque cualquier mal cálculo los obliga a entregar el poder tras tres mayorías. La fragmentación de la derecha ya es una realidad en toda España menos en Galicia, y en el puesto de mando de San Lázaro no descartan a «nadie». Fenómenos como el de Vox, que irrumpió en el Parlamento andaluz «con una cuenta de Twitter», resumen, también son posibles aquí.

El PPdeG también sabe que Ciudadanos no será el mismo partido bisoño dispuesto a explicar su programa en Galicia tras las elecciones.

Tras los éxitos en Cataluña y Andalucía, los de Albert Rivera tendrán oportunidad de posicionarse en muchos municipios y de aquilatar un relato autonómico que le faltó en los últimos comicios. «Nuestro discurso es el mismo en toda España, y si conseguimos ganar en Cataluña y subir en Andalucía, en Galicia será más fácil», dicen convencidos desde la secretaría de organización.

Madrid y Barcelona examinan a Podemos

Gonzalo BAreño

Manuela Carmena y Ada Colau afrontan las locales con escasas posibilidades de repetir como alcaldesas

Después del terremoto político de las elecciones autonómicas en Andalucía, las primeras tras la moción de censura contra Mariano Rajoy, los comicios municipales y autonómicos de mayo pondrán a prueba si el giro hacia la derecha se consolida y si la irrupción de la extrema derecha que representa Vox se extiende a nivel nacional. En las dos grandes ciudades españolas, Madrid y Barcelona, gobernadas ambas por confluencias de Podemos, las perspectivas no son buenas para Manuela Carmena en la capital, en donde tiene difícil repetir alcaldía, y son aún peores para Ada Colau, muy desgastada por su gestión en Barcelona.

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