Tocata y fuga en la izquierda gallega

El riesgo de escisión planea sobre el PSOE gallego y En Marea cuando en España lo hace sobre la derecha

Pachi Vázquez
Pachi Vázquez

Santiago / la voz

Cataluña y Andalucía. El desafío independentista que puede arrastrar a Pedro Sánchez al abismo y la fulgurante irrupción de Vox, que por lo de pronto le va a expropiar al PSOE el latifundio que gobernó durante 37 años. Estos son los dos grandes vórtices del tablero político español, en el que la extrema derecha reivindica su parcela y se suma a Ciudadanos en el afán de meterle una buena dentellada a la base electoral del PP. Durante más de dos décadas, el charrán popular voló en solitario sobre el centroderecha, pero ahora le toca sufrir y compartir el ecosistema con otras especies. Es probable que la fragmentación de este espacio también acabe teniendo un reflejo en Galicia, aunque en esta tierra sigue siendo en la izquierda donde mejor se interpreta la tocata y fuga a varias voces.

Por lo de pronto, a Núñez Feijoo parecen inquietarle bastante más los médicos y los fogonazos asociados a la conflictividad laboral en el sistema sanitario gallego que la concurrencia de otras fuerzas en el centroderecha, o el desgaste que pueda ocasionarle los partidos de la oposición. Vox ya existía en las municipales del 2015 -obtuvo 304 votos en Ferrol- y Ciudadanos concurrió a las autonómicas del 2016, y en ambos casos el PPdeG tuvo cierta habilidad en manejar la situación para que ambas fuerzas quedaran al margen de las instituciones.

Un partido de nuevo cuño como En Marea es, en realidad, heredero de la fractura. En el 2015 concurrió con varios nombres diferentes en Ferrol, Lugo, Ourense y Vigo. Su sustrato procede de la escisión que sufrió el BNG tras la asamblea de Amio, de la tocata interpretada en Anova cuando se marcharon los versos libres de Cerna y de la fuga a varios tiempos representada por Alternativa Galega de Esquerda (AGE) al huir al Grupo Mixto del Parlamento un tercio de sus diputados.

Las palabras del alcalde de Santiago, Martiño Noriega, al manifestar el pasado viernes que «ninguén entendería» que la dirección de En Marea apoyara en las ciudades otras candidaturas o confluencias diferentes a las ya constituidas, deja entrever un cierto temor a que eso ocurra. No deja de ser llamativo que intente conjurar la amenaza quien prendió la mecha de la quiebra interna de En Marea al impulsar la llamada Mesa pola Confluencia para renovar de inmediato la cúpula del partido instrumental.

Tampoco el PSOE gallego, pese a ser una fuerza aplomada en sus 140 años de historia, está exento de que se le abra un boquete y viva algo parecido a una escisión. La advertencia lanzada el viernes por los afines al ex secretario general Pachi Vázquez, que dicen tener capacidad para presentar candidaturas en 23 concellos de Ourense, le puede acabar haciendo un roto al partido. Está por ver si el Espazo Común Socialista, la plataforma pachista, toma forma de partido. Si lo hace, la tocata y fuga de la izquierda puede diluir su capacidad de erigirse en alternativa. Salvo que el BNG cohesionado por Ana Pontón fuera capaz de capitalizar el desgaste de sus aliados. Y eso a corto plazo es difícil.

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