Galicia busca su algoritmo turístico

A dos años del Xacobeo 2021 la comunidad recibe a menos viajeros, pero ahora gastan más y amplían su estancia


santiago / la voz

A Florencia llegan cada año nueve millones de turistas. Este viernes por la tarde, viendo las webcams, se podían sacar dos conclusiones evidentes: una es de geografía física aplastante, y es que aquí anochece bastante más tarde; y la segunda es que la praza do Obradoiro estaba a la misma hora algo más desangelada que la piazza della Signoria. Es recomendable poner el foco de vez en cuando en las ciudades italianas más hermosas, porque tienen mucho a imitar y, aunque no genere el síndrome de Stendhal, son millones los viajeros que se acercan a Galicia y se quedan ensimismados ante la acumulación de belleza, por no hablar de las palpitaciones que provoca el licor café.

En octubre, un equipo de la Universidad de L´Aquila hizo las primeras pruebas de un sistema que, en teoría, va a acabar con las eternas colas para entrar en la Galleria degli Uffizi y disfrutar de Leonardo y Botticelli. Se trata de un algoritmo extraído del análisis del comportamiento de los visitantes del museo, que recibe a 3,4 millones de personas cada año. Cuando esté afinada, aseguran que esta herramienta mágica basada en la gestión masiva de datos permitirá el acceso con cita previa casi sin interrupciones, con un leve margen de error de un cuarto de hora. Un tiempo precioso para alargar un café o para comprar algo de artesanía en el Ponte Vecchio.

Galicia necesita su propio algoritmo turístico. Resulta chocante que en una misma rueda de prensa el presidente de la Xunta anuncie rigurosos cupos para visitar las Illas Atlánticas y que, acto seguido, proclame la declaración de la Ribeira Sacra como bien de interés cultural la Ribeira Sacra, un paso previo a convertirse en Patrimonio de la Unesco «e acadar unha maior atracción turística e a desestacionalización da demanda».

Ahí está la clave. Desahogar los meses tradicionalmente vacacionales y estirar los picos de visitas al otoño y al invierno sería, según los profesionales, una auténtica bendición apostólica. Aquí un ejemplo: este viernes llegaron a Compostela veinte peregrinos. A ese ritmo, sumaríamos 7.000 en todo el año, cuando lo cierto es que se han superado los 300.000 caminantes acreditados, récord histórico que va a seguir creciendo al menos hasta el Xacobeo 2021.

La realidad turística del 2018 es otra y va a dejar una leve curva negativa que nos sacará oportunamente de la autosuficiencia. Según los datos que estima la flamante Consellería de Cultura e Turismo, Galicia va a dar un pasito atrás en las cifras globales, víctima quizás del inesperado éxito del año pasado, cuando se vivió un prodigioso verano que elevó el listón hasta los 5,1 millones de turistas. Sin embargo, hay indicadores que dejan entrever una tendencia en el modelo más interesante, con estancias más largas, mayor gasto por persona y un mejor rendimiento de los negocios, lo que subjetivamente invita a pensar en un visitante más sosegado. Y hay otra cifra para la esperanza: este noviembre fue el mejor mes en pernoctaciones desde que hay estadísticas.

Por ahí pueden empezar las primeras lecciones para preparar «o mellor Xacobeo da historia», sin obsesionarse con las cantidades. Las colas en el Pórtico, en As Catedrais o en el barco de las Cíes se podrán gestionar con algoritmos, pero la calidad solo se alcanza con sentidiño y reposo. Ese es el buen camino.

Resistencia sanitaria en Baiona  

El conselleiro de Sanidade tiene varios frentes abiertos a la espera de que la gripe haga circular los vídeos virales de los enfermos en los pasillos de las urgencias. Pero mientras no se politiza la infección vírica, también tiene otro pequeño lío en su pueblo. El centro de salud de Baiona, donde Vázquez Almuíña fue alcalde y vive, tiene pendiente de nombrar un jefe de unidad. Existió una oferta concreta, pero el elegido se resistió a aceptar.

Valtònyc quema la paciencia gallega  

El acto del independentismo catalán celebrado en el Centro Gallego de Bruselas el 8 de diciembre ha llegado al Parlamento de la mano del BNG, que entiende que la Xunta debe pedir disculpas a la entidad por haberle expresado oficialmente su malestar por acoger un evento contra España y la Constitución. ¿Y si Valtònyc hubiese quemado fotos de Castelao y una bandera gallega? ¿Lo defenderían igual?

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