El día que Galicia dijo basta a los narcos

Hace 25 años, en 1993, confluyeron el hartazgo social, expresado en la primera gran protesta, el nacimiento de la ley para embargar bienes o el macrojuicio de la Nécora

El narcotráfico era la primera preocupación de los españoles hace 25 años. Hoy, según el CIS, y con más droga en las calles, no consta entre las diez primeras. Ocurrió en 1993, aún en plena pandemia de heroína y con el sida reptando por el eslabón más bajo de este submundo, los consumidores. En lo alto de la pirámide figuraban también los ya no tan incipientes empresarios de la coca y del hachís. Los mismos que procedían del chollo del tabaco y exhibían su dinero fácil sin saber que cometían el mayor pecado posible: provocar el hartazgo de la sociedad gallega hasta su movilización masiva. Aquel big band contestatario cuajó el 28 de noviembre de 1993. Vilagarcía, por un simbolismo evidente, fue el escenario.

La entonces Federación de APA de O Salnés lanzó la convocatoria con la ayuda de entidades antidroga de la ría de Arousa, Pontevedra, O Baixo Miño y Vigo. La Asociación Érguete, de Carmen Avendaño, entre ellas, también llevó la voz cantante junto a políticos. La cifra oficial de asistencia difundida aquel domingo llegó a 12.000 personas. Hoy sigue generando controversia al considerarse que la estimación se quedó corta. «Los medios de la época señalaban unas 12.000 personas. No se sabe bien de dónde salió la cifra, pero fuentes consultadas dicen que la cantidad real de participantes era muy superior», aclara el gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico, Fernando Alonso, antes de añadir: «No fue la primera movilización, pero desde luego sí que fue la más importante. Germen de la creación de movimientos sociales y apoyo significativo para un creciente rechazo en todos los estamentos sociales».

La entidad, con sede también en la capital arousana, es un buen ejemplo. Tiene su origen en la Plataforma Galega contra o Narcotráfico, que inició su actividad en 1994 para luchar contra el tráfico ilícito de drogas y sus consecuencias más allá de la asistencia directa a los consumidores, que ya prestaban otros colectivos. El juicio de la operación Nécora, que comenzó tras tres años de instrucción el 22 de septiembre de aquel 1993, fue otra demostración de fuerza social. La presión de Érguete fue mayúscula, y la retransmitieron los telediarios de la época. Imágenes de madres, pancarta en mano, increpando a los acusados a su llegada a la Casa de Campo. La demostración definitiva de que la Justicia acaba llegando y de que, en este caso, los imputados y su dinero no eran intocables.

Frente judicial

1993 sirvió también para sentar ciertas bases jurídicas. El hoy aplicado concepto de inversión de la carga de prueba todavía empezaba a sonar entonces. La propuesta, que nació por la tozudez de agentes sociales frente a políticos, ocurre en aquellos casos en los que la ley presume ciertos hechos delictivos, y quien pretenda negarlos tendrá que probarlos. Un planteamiento revolucionario que acabó incluyéndose en la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Del mismo modo que se acabó aprobando un proyecto de ley por entonces sin cerrar. A finales de 1993, Carmen Avendaño, también presidenta de la Federación de Asociaciones de Lucha contra la Droga en Galicia, lo anunciaba: «El Gobierno ultima un anteproyecto de ley según el cual los fiscales y el Ministerio de Hacienda investigarán el origen del patrimonio acumulado por narcos». Un año después, otra vez en Vilagarcía, tuvo lugar el primer gran congreso nacional sobre legislación antinarcotráfico. Otro hito lleno de nombres propios que enviaba un mensaje de proximidad al enemigo: la clave de esta lucha pasa por privar de su patrimonio a acusados y allegados.

El tiempo demostró que, pese a la lentitud en la aplicación de las propuestas, acabaron dando resultado, al igual que el trabajo policial y de inteligencia, cada vez más sofisticado y especializado. Basta analizar las cifras de decomisos: 1993 se cerró con 2.300 kilos de cocaína incautados y 215 detenidos en el conjunto de España. En el 2017 -a falta de datos oficiales del 2018- se llegó a 30.000 kilos de la misma sustancia y 1.089 arrestos. Cifras que recuerdan que toda ayuda es poca. De ahí que, un cuarto de siglo después, se siga instando a las Administraciones a que no bajen la guardia contra el narcotráfico actual, cada vez más sutil, imperceptible y profesionalizado.

«Ya entonces no eran héroes ni referentes sociales para nadie»

La Fundación Galega contra o Narcotráfico concluye, al analizar la evolución del último cuarto de siglo, que «esto es lo que no sale en las películas... Los narcos, ya entonces, no eran héroes ni tampoco referentes sociales en Galicia, ya se les había sacado la careta de contrabandistas», y añade: «Aún faltaba mucho trabajo por hacer, pero ya se empezaban a considerar lo que realmente eran y son: simples delincuentes y criminales que actúan al margen de la ley. Manifestaciones como esa ayudaron, y mucho, a ponerlos en su lugar».

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