¿Qué fue de...?: La modernidad acabó con el mercado

Tras gastarse dos millones de euros en su remodelación, la plaza de Abastos de A Ponte en Ourese, lleva casi cuatro años cerrado a cal y canto


ourense / la voz

Al lado del puente Romano de Ourense, en la margen derecha del río Miño, cualquiera que visite la ciudad se encontrará con un edificio totalmente rehabilitado. La simple curiosidad de quien no sea vecino del populoso barrio de A Ponte y no esté al tanto de su historia lo llevará a tratar de entrar en su interior. Se encontrará de bruces con las puertas cerradas a cal y canto. Llevan así casi cuatro años. El histórico inmueble fue rehabilitado en el 2014, bajo la dirección de los arquitectos Alfredo Freixedo y Pedro Diéguez, con el objetivo de transformar una vetusta plaza de abastos en un moderno y dinamizador mercado gracias a una subvención del Gobierno central.

La apuesta salió rana y el balance no puede ser más desolador, ya que una inversión de dos millones de euros no ha logrado reabrir las puertas del ahora lujoso recinto, que hasta entonces mantenía su actividad con una decena de placeros, que incluso fueron acomodados en un edificio provisional en las inmediaciones para mantener su negocio mientras durasen las obras.

Los planes para la plaza de abastos de A Ponte eran ambiciosos y apuntaban a referentes como el mercado de San Miguel, en Madrid. El anterior gobierno socialista tenía en mente lanzar una gestión única con un modelo de negocio que incluyera un restaurante para degustar los productos frescos y un horario de apertura que se estirase hasta las 16 horas al día. Todo ello por un canon anual que superaba los 50.000 euros y a los que había que sumar los gastos de mantenimiento de la moderna instalación.

En el mercado del populoso barrio ourensano todo se hizo tan a lo grande que hasta se produjo un amago de inauguración. Era en vísperas de las elecciones municipales del 2015 y todos corrieron a hacerse la foto al mercado. Poco le importó a unos y a otros que el pliego de condiciones para sacar a concurso la explotación del recinto todavía estuviera sin elaborar. Numerosos cargos institucionales de PP y PSOE recorrieron la instalación, con la por aquel entonces ministra de Fomento, Ana Pastor, al frente. Cuatro años después, la persiana sigue bajada. Apenas se levantó en un puñado de ocasiones para mostrarla a posibles inversores, ya fuese en una jornada de puertas abiertas o en privado. De nada sirvió, ya que el concurso público lanzado por el gobierno de Ourense a principios del año 2016 -ya con el PP al frente de la ciudad- quedó desierto.

El primer fiasco no desanimó a los populares que, conscientes del regalo envenenado que habían recibido, negociaron a la baja las condiciones del recinto para volver a sacarlo a concurso. Tras varios meses en el horno, a finales del año 2016 volvía a exponerse al mejor postor. Entre las modificaciones que se realizaron, las más significativas fueron la de rebajar el canon anual de la concesión -el precio pasó de 52.737,85 a 45.410,79 euros- y el de reducir a la mitad el tiempo mínimo de apertura del recinto. No sirvió de nada, y la historia se volvió a repetir. La mesa de contratación se cerró sin ninguna oferta que llevarse a la boca. Era noviembre del 2016. Dos años después, el recinto sigue cerrado a cal y canto y el gobierno de Ourense todavía no ha logrado dar con la tecla para encontrarle utilidad al mercado pontino, que desde entonces solo se usó públicamente en una ocasión para la entrega de unos premios organizados por una asociación de jóvenes empresarios. Fuentes municipales explican que ahora se exploran posibilidades para sacar de nuevo a concurso la explotación. Se busca el aval jurídico para acometer una nueva rebaja del canon que lo haga más atractivo y tampoco se deja de lado la posibilidad de que se busque un nuevo uso al local, siempre que tenga encaje legal dentro de la subvención concedida.

Biblioteca y local vecinal

A la espera de encontrar un gestor, el renovado edificio sufre las consecuencias del desuso. Su moderna imagen y cómodas instalaciones no han sido suficiente anzuelo. Una de las principales dudas que genera el proyecto es el de amortizar la inversión con un número tan reducido de puestos. En concreto, están habilitados ocho espacios para la venta de fruta, quesos, vinos, pescados, carne, charcutería, pan y delicatesen. A esto hay que sumar un restaurante. Todos tienen bodega y el tamaño de los puestos va desde los 12,95 hasta los 21,40 metros. Otra debilidad del mercado es compartida con muchos negocios de la zona y tiene que ver con las dificultades para aparcar. Del desuso tan solo se salva la planta superior, donde se mantiene activa, al igual que antes de la reforma, una biblioteca y un local vecinal.

El pasado

El edificio noble fue proyectado en 1929, cuando Ponte Canedo todavía era un Ayuntamiento independiente. Se mantuvo abierto, con numerosos lavados de cara, hasta principios de esta década, cuando se cerró para la reforma.

El presente

Las obras se dieron por finalizadas en diciembre del 2014. Desde entonces sigue sin actividad al quedar desiertos los dos concursos lanzados a lo largo del año 2016 por parte del Concello de Ourense.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
14 votos
Comentarios

¿Qué fue de...?: La modernidad acabó con el mercado