Adiós al hombre que luchó en el frente ruso «só por gañar cartos»

Muere a los 98 años Juan Antonio Sanjurjo, el vecino de Arteixo que se alistó con los nazis en la División Azul para no pasar hambre


a Coruña / la voz

Juan Antonio Sanjurjo Costa. Ese era su nombre completo. Nació en O Rañal (Arteixo) en un día de abril de 1920 en el seno de una familia humilde que trabajaba de sol a sol para tener algo que llevarse a la boca. Con 16 años recién cumplidos, se alistó en la Legión para luchar en la Guerra Civil en las filas fascistas y de ahí pasó a la División Azul, donde sería uno de los 47.000 soldados que Franco envió al frente ruso para apoyar a Hitler.

Según cuenta el historiador arteixán Xavier Maceiras, «alí, en Leningrado, combateu contra os rusos na 250.ª División de Infantería da Wehrmacht nazi, pasando fame e moito frío, que combatía bebendo moito. Tanto que un día gañoulle unha aposta a un capitán vasco tras beber dúas botellas de coñac».

Sanjurjo siempre admitió que fue a Rusia por intereses económicos más que políticos. Ideología, ninguna. Según su propio testimonio, que Maceiras recoge en uno de sus libros, «aos soldados que participaban en avanzadas pagábanlles moitos máis cartos que a nós». Pero Antonio no quería arriesgar. Tenía claro que de hacerlo no tardaría en morir, por lo que, al igual que en cualquier trabajo, se dedicó a hacer lo que le mandaban «sen dar un chío».

«Eran xente coma nós», decía de los rusos, y con los alemanes se entendía «con signos, coma os mudos». Sanjurjo le contó en una ocasión a Xavier Maceiras que «as tropas nazis non tiñan reparo ningún para fusilar a un dos seus se era necesario». Un día presenció cómo mataban fríamente a un compañero por dispararse accidentalmente, error que él nunca cometió: «Non ho, eu era ben rápido. Desarmaba e armaba un fusil en quince segundos… e cos ollos pechados».

Tras siete años por el mundo, en febrero de 1943 volvió a Arteixo. Ya no era Antonio do Coireiro. Era Antonio O Alemán. A partir de ahí se ganó la vida como podía. «Cando se lle preguntaba por qué se alistou con Hitler, non o dubidaba: “Por cartos”». Pero ahí viene su problema: «Como perdín a guerra, cando fun reclamar non me deron nada».

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