En Marea reedita la fractura de Amio

La diferencias en el partido cruzaron el punto de no retorno y es difícil que no acaben en escisión


santiago / la voz

Para el nacionalismo gallego, Amio es sinónimo de fractura y escisión. Y todo porque en ese lugar donde se alza el mercado ganadero de Santiago tuvo lugar la última gran asamblea del BNG, en enero del 2012, en la que midieron fuerzas los dos polos internos de la organización. El pulso lo perdieron los de Beiras, Martiño Noriega o Carlos Aymerich, y todos se fueron del Bloque dando un portazo. Lo que está ocurriendo dentro de En Marea es otro Amio, aunque en versión 3.0, pues los brazos alzados votando en asamblea fueron reemplazados ahora por identidades digitales, si cabe más susceptibles de ser manipuladas.

Las primarias para elegir el nuevo consello de En Marea, el máximo órgano del partido instrumental, fueron convocadas en un clima de máxima polarización interna, con dos facciones enfrentadas desde hace tiempo y sin ninguna posibilidad de llegar a un arreglo. Solo cabe ganar. Y el que pierda, como ocurrió en Amio, parece estar abocado a marcharse a su casa o continuar su vida política fuera.

La actual dirección de En Marea, capitaneada por Luís Villares, es consciente de lo que está en juego. Como también lo es el sector crítico que le disputa el poder, que es esa gran coalición formada por las cúpulas de Podemos, Anova, Esquerda Unida y los alcaldes de las ciudades de A Coruña, Santiago o Ferrol.

Ganar estas primarias significa hacerse con el aparato de En Marea, con el control de la marca registrada, con las claves de sus redes sociales y también con la capacidad de decidir sobre los asesores o liberados a sueldo e incluso para dictar el rumbo estratégico de la organización a la hora de tejer alianzas con sus potenciales socios.

Para Pablo Iglesias y Podemos, que tiene la vocación de permanecer como una fuerza política con incidencia en todo el Estado, es fundamental mantenerse en pie en Galicia y no ser engullidos por En Marea. En la capitanía general del partido morado parecieron aprender que para cambiar las cosas ya no es necesario asaltar ningún cuartel de invierno, sino que es suficiente con reclutar identidades para ganar una votación.

De eso es de lo que se está tratando ahora mismo en En Marea, de la sospecha de que personas afines a Podemos hayan lanzado algún tipo de operación para acceder de forma irregular al censo de inscritos para hacerse con sus claves digitales, lo que, en última instancia, permitiría cambiar el sentido de los votos, ya que en el actual proceso en Red se permite revisar lo votado hasta el último momento sin necesidad de hacer una doble verificación de la identidad.

Ahora será la Agenda Española de Protección de Datos, junto a las dos auditorías encargadas al efecto, la que tenga que arrojar luz sobre el alcance de las irregularidades y su autoría. Por lo pronto, el reloj de En Marea se para. Y cuando se ponga de nuevo en marcha será desautorizando a una de las dos facciones en liza. Es un punto sin retorno. La fractura interna es muy difícil que no acabe en escisión.

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