La última noche de Ana Enjamio

La Fiscalía pide 25 años de cárcel para su presunto asesino y la acusación popular, 33

La joven fue asesinada en diciembre de 2016
La joven fue asesinada en diciembre de 2016

vigo / la voz

La última noche de Ana Enjamio, la ingeniera de 25 años asesinada en Vigo en diciembre del 2016, había celebrado la cena de Navidad con sus compañeros de trabajo. Entre ellos se encontraba el acusado, César Adrio, que estaba obsesionado con ella desde que meses antes Ana había roto la relación. El hombre se encuentra en prisión preventiva desde entonces y ayer asistió por videoconferencia a la lectura de los cargos que pesan contra él. La Fiscalía pide 25 años de prisión por el asesinato y otros dos por acoso. La acusación popular de la Xunta eleva esta petición hasta los 33 años, haciéndole también responsable de los delitos de coacciones, acoso ilegítimo y vulneración de la intimidad.

La representante del Ministerio Público hace un relato en su escrito de acusación de lo acontecido aquella madrugada en el portal de la casa de la víctima. Concluye que el hombre la estaba esperando. Se coló en el edificio cuando ella entró y la abordó por sorpresa. Minutos antes le había pinchado las ruedas del coche que tenía aparcado delante de su vivienda. Pudo ser con la misma arma que esgrimió cuando se encontró a solas con ella en el portal, una navaja de unos once centímetros de longitud. Al principio la pinchó y la cortó de forma superficial en algunos puntos de su cuerpo, como el cuello, el abdomen, uno de los brazos y su ropa. Así la obligó a llegar al fondo del portal, frente a la puerta del ascensor. La víctima gritaba «por favor, no, por favor, no, mamá, mamá». Finalmente, le clavó el cuchillo varias veces en el cuello y en el pecho mientras le tapaba con fuerza la boca con una mano.

Ana Enjamio trató de defenderse y por eso sufrió heridas cortantes en las manos. Los forenses contabilizaron 28 heridas cortopunzantes, de las que 12 le alcanzaron el corazón y seis se lo atravesaron, lo que produjo un shock hipovolémico que determinó su muerte instantánea. Quedó tendida en medio de un charco de sangre hasta que un vecino la descubrió sobre las seis y media de la mañana.

Siguiendo el relato de la Fiscalía, el acusado se fue del lugar en su vehículo Renault Mégane llevándose el teléfono móvil de la víctima, donde se había quedado a medias una conversación que la chica estaba manteniendo con un amigo íntimo. El acusado lo bloqueó en dicho terminal, al tiempo que hizo desaparecer la foto de la víctima de su perfil de WhatsApp.

César Adrio llegó sobre las siete de la madrugada a la casa de sus padres y se duchó. Después se marchó y se deshizo del arma homicida, la ropa y el calzado que vestía, así como del móvil. Son pruebas que nunca llegaron a aparecer. Agentes de la Policía Nacional detuvieron al día siguiente al presunto autor.

Testimonios

Los testimonios de las personas del entorno fueron claves para determinar la acusación contra él y el hecho de que continúe en prisión preventiva. César Adrio no había asumido el fin de la relación y llevaba tiempo acosándola antes de cometer el crimen, según el escrito fiscal.

Ambos trabajaban en una empresa de O Porriño. Se habían enamorado. Él dejó a su familia y ella a su novio y se fueron a vivir juntos a un piso de Vigo. Pero Ana descubrió que no lo quería y lo dejó. El acusado no aceptó la decisión y empezó a insistirle a menudo en que volviera con él. Llegó a confesar a algunos amigos y conocidos que él había roto con su familia por estar con ella y que, si no estaba con él, tampoco iba a estar con su antiguo novio, al que había vuelto a ver.

El fiscal afirma que le robó el móvil aprovechando un viaje a Valença do Minho y que desde él envió una fotografía en la que aparecían junto al amigo de Ana Enjamio. Durante el verano del 2016 continuó hostigándola y siguiéndola. Llegó a instalar en su móvil una aplicación para conocer los contactos que mantenía por teléfono.

Una noche de agosto se presentó en su casa. Ana tuvo que irse a vivir a otra parte para poder estar tranquila. No regresó a su piso por temor a que el acusado continuara molestándola. En una ocasión tuvo que llamar a la Policía Local porque no le dejaba salir con el coche para irse al trabajo. La Fiscalía cree que le hacía la vida imposible.

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