Galicia se moviliza con Asturias para detener la sangría de fondos de la UE

Eslovenia, Chipre y algunas regiones griegas se encuentran ante recortes similares


santiago / la voz

Galicia y Asturias van a redoblar su frente común para mejorar sus fuentes de financiación. Lo activaron ante el Gobierno central para reclamar un reparto más justo entre el Estado y las comunidades autónomas, y ahora deberán llamar simultáneamente a las puertas de Madrid y Bruselas por una situación que se mueve entre el contrasentido y la injusticia: para el período 2020-2027, España, en general, va a mejorar la recepción fondos de la Unión Europea en torno a un 5 %; mientras, Galicia y Asturias perderán millones a borbotones, en porcentajes relativos respecto al 2014-2020 que se mueven entre el 46 y el 37 %, respectivamente.

Ambos Gobiernos se pusieron en contacto ayer después de que trascendiera esta sangría de fondos en una reunión que mantuvo el vicepresidente de la Xunta con el representante de España ante la UE. En ambos casos se da la paradoja de que, tras la crisis económica, han perdido la categoría de zonas desarrolladas para regresar a los vagones de cola comunitarios por el desplome del PIB per cápita con respecto a la media europea. Sin embargo, ese descenso de categoría no se va a traducir en un aumento de los fondos (Galicia perdería 1.141 millones) «porque la Comisión Europea ha tenido en cuenta las atribuciones originarias en el actual período 2014-2020», explica Jesús Gamallo, director xeral de Relacións Exteriores e coa UE de la Xunta.

De alguna manera, se podría decir que Europa toma como referencia para el reparto de fondos una Galicia bien distinta a la actual, prácticamente como si la crisis no hubiera existido. Con un PIB que supera por centésimas el 90 % de la media europea -tras la incorporación de países del Este-, la comunidad se convirtió en la anterior etapa de negociación en una zona «desarrollada» dentro de las categorías establecidas por Bruselas. Ese nivel de crecimiento ponía a Galicia en los mismos parámetros de recepción de partidas que el País Vasco. «Nos correspondían unos 400 millones de euros», calcula Gamallo. Muy pocos. Sin embargo, Galicia logró en negociaciones posteriores, como las que ahora se quieren promover, un montante extraordinario, justificando su petición en que había conseguido ascender de división por los pelos y las previsiones económicas -se negoció en torno al 2012 y 2013- parecían catastróficas, temor que se cumplió. Sumando todas las líneas que maneja la UE, llegaron más de 4.000 millones de euros que ahora se desvanecen, al menos en parte.

Asturias, a su vez, logró unos mil millones de euros extras por vía de negociación posterior, y ambas regiones tuvieron unos ingresos muchísimo más altos que los que les correspondían en un principio. Pero ahora se ha vuelto a tener en cuenta la asignación inicial, de ahí el descalabro.

De momento, Galicia y Asturias tienen más trabajo en Madrid que en la capital europea. Para recuperar fuelle presupuestario, ambas deberán apelar al Gobierno central, que con los nuevos criterios de gestión tiene más mano sobre el reparto de fondos dentro del Estado. De hecho, Europa y España aceptaron un sistema que permitía activar una «red de seguridad» para las comunidades que sufriesen un acusado descenso de los ingresos, con el objeto de compensar los desequilibrios.

Y después está la vía europea, siempre más compleja. En la misma situación que Galicia y Asturias están otros países como Eslovenia y Chipre, algunas regiones griegas y las zonas de influencia de Varsovia y Bucarest, que gozaron de enormes avances económicos en un período de tiempo muy corto que les permitió saltar del vagón de cola a la locomotora sin pasar por el limbo europeo, una categoría denominada de transición. Pero los que antes cabalgaban a lomos de la ola positiva ahora jadean tras la crisis, y los números de Europa ya no son los mismos. Solo la salida del Reino Unido supone un mordisco a los presupuestos del 15 %, y un agujero en los ingresos de los fondos de cohesión de 10.000 millones de euros.

La Xunta sostiene que en la historia de la UE no hay precedentes de que un paso atrás económico se pague con menos dinero.

Víctimas del éxito de la anterior negociación

J. C.

La preocupación en la Xunta por la pérdida de fondos europeos es notable y está justificada a nivel numérico, pero internamente también cunde la sensación de que Galicia está siendo víctima de su éxito en la anterior negociación. Objetivamente, y ateniéndose a los criterios de reparto establecidos en 1999, es posible que no le correspondiesen algunos o incluso muchos de los millones extraordinarios que se consiguieron después del reparto original para el período 2014-2020, pero la precaria entrada de la comunidad gallega en el club de los ricos, ilusión que la crisis se llevó por delante, acreditó la necesidad de recibir aquel refuerzo adicional que se está disfrutando en la actualidad y cuyo período de ejecución termina dentro de cinco años. La clave es que esos millones asignados inicialmente son los que de verdad han contado para el nuevo reparto.

PLAZOS

Tiempos ajustados. Igual que en el actual período hubo una prórroga para alcanzar acuerdos, ahora los tiempos se estrechan, porque Europa tiene la intención de llegar a las elecciones de mayo del 2019 con todo atado, para que no queden flecos en manos de unos nuevos actores políticos del todo imprevisibles. Pero será difícil que lleguen a la reunión de Rumanía del 9 de mayo con los ajustes finos hechos. El calendario es demasiado ambicioso y como mucho se llegará a un acuerdo sobre el marco financiero, sin entrar todavía en los fondos de cohesión.

MOTIVOS

¿Hicimos algo mal? Políticamente siempre es discutible cómo ha invertido sus fondos Galicia, pero la Xunta sostiene que ha alcanzado un altísimo grado de ejecución de proyectos, cumpliendo los objetivos propuestos por Europa. Ahora bien, en el próximo período de adjudicación entran nuevos criterios, como la transición energética, la integración de los migrantes o la agenda urbana sostenible, que le han robado parte del protagonismo al PIB, que fue el gran referente hasta ahora. La crisis demográfica, la gran debilidad de Asturias y Galicia, se ha ignorado.

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