Cuando el lodo llega a los Parlamentos

Con las urnas cada vez más cerca, la carrera por los votos acalora los debates en las cámaras y se sobrepasan los límites


REDACCIÓN / LA VOZ

Los buenos modales se alejan casi al mismo ritmo al que se aproximan las urnas del debate parlamentario. Un escenario en el que la cortesía brilla en ocasiones por su ausencia y el diálogo da paso al espectáculo. Estas son las cuestiones clave que acaloran las cámaras.

¿Qué agitó el debate parlamentario gallego?

Ana Pontón, portavoz nacional del BNG, prendió la llama el pasado jueves deslizando que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, podría «formar parte dunha Manada», y retándole a demostrar con actos que no es miembro de ninguna de las muchas que, asegura, hay en la sociedad: «Na Xustiza, na política e nas institucións» y que fomentan el ataque a las mujeres.

¿Por qué no volvieron las aguas a su cauce?

Casi a la misma hora en que diputadas, concejalas y cargos del PPdeG se reunían para exigir públicamente a Pontón que retirase sus palabras, la portavoz nacionalista se reafirmaba en ellas y se declaraba «sorprendida» de que Feijoo diese «instruccións á secretaria xeral de saír en defensa do macho alfa». Nuevo dardo envenenado hacia el presidente de la Xunta.

¿Cómo se traslada esta crispación al Congreso?

El tono se ha ido elevando también en el Congreso en los últimos días, desembocando el pasado miércoles en una de las jornadas más tensas que se recuerdan y que terminó con la expulsión del diputado de ERC Gabriel Rufián, que había tachado de «fascistas» a los líderes de Ciudadanos y al ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrel, de hooligan y militante de la extrema derecha. El mismo Borrel denunció además el escupitajo que supuestamente le dedicó el diputado Jordi Salvador cuando se disponía a abandonar la sala.

¿Quién trató de mantener la calma institucional?

Ana Pastor fue la encargada de ejercer su papel institucional como presidenta del Congreso, manteniendo la calma y haciendo gala de una educación y una prudencia a prueba de bomba, incluso en el momento de expulsar a Rufián de la sala. No le tembló tampoco el pulso a Pastor cuando se vio obligada a abroncar a todos los diputados, reprochándoles la repetición de «actitudes que son impresentables absolutamente».

¿Solo hay broncas en las Cámaras españolas?

Aunque en nuestro país la carrera por conseguir votos está agitando el debate, hay parlamentos extranjeros en los que llegaron incluso a las manos. Cabe recordar el caso de los de Ucrania, Italia, Turquía, Japón o Corea del Sur, donde se ha hablado en numerosas ocasiones de «violencia parlamentaria». El brexit ha fracturado también al Parlamento británico, donde pierden los nervios con frecuencia. Nada que ver con la diplomacia que se respira en las cámaras francesa y estadounidense, donde no suelen perder ni los papeles ni la educación.

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