Premio nacional, doctorado y vuelta a empezar

El gallego Martín Amoza está a punto de defender su tesis: «Sinceramente, no aspiro a quedarme en la universidad»


santiago / la voz

Alejandro Rivero de Aguilar o Sonia Fonseca son solo dos ejemplos de la inestabilidad laboral que acecha a los mejores expedientes de España. Martín Amoza, compostelano, recibió el lunes el premio nacional fin de carrera en Química de manos del ministro Pedro Duque. Está acabando el doctorado en la Universidad de Barcelona, pero sin esperanzas: «Sinceramente, no aspiro a quedarme». Su perspectiva, en caso de seguir en el campo de la investigación, sería irse al extranjero y tratar de volver con el currículo cargado, «pero ha bajado tanto el ritmo de contratación que hay un embudo terrible y la gente que terminó el doctorado debe hacer cola durante diez años para que le ofrezcan un contrato estable», explica este investigador de 26 años. Supone demasiada paciencia: «Es una carrera de resistencia pura y dura», cuenta.

Así que, como su futuro en la universidad española es incierto y en la gallega negro, ha decidido hacer el máster de profesorado (el viejo CAP) y opositar a secundaria. «Me gusta la docencia; claro que en la universidad hay docencia y además investigación, que es mejor, pero también me tira la tierra», explica. Y esas son sus únicas opciones si quiere regresar. ¿Maltrata la Administración a sus investigadores? «Más que un maltrato directo, los ahoga, que, bueno, sí es un maltrato», contesta, aunque añade: «Al menos, la de ahora [se refiere a la estatal] tiene mejores palabras e intenciones». Querer quedarse en España y dedicarse a la investigación es casi un ejercicio de ilusionismo. «La universidad de fuera de España contrata mucho más, hay más figuras y dinero; tengo compañeros que están cobrando el doble mientras hacen el doctorado, y sus perspectivas al terminar son tener un contrato posdoc en el mismo sitio», explica Amoza.

Una sensación general

La sensación que se vivió el pasado lunes entre los premiados de la promoción 2013-14 era similar: «Cualquier persona con la que hablo tiene las mismas perspectivas: han hecho una buena carrera, un máster, han realizado el doctorado y después su única perspectiva es cambiar de trayectoria o intentarlo en una empresa privada», explica Martín.

¿Volvería a hacer lo mismo este brillante químico si supiera cuál iba a ser su situación cuatro años después? «Buena pregunta: es verdad que a nivel laboral esto no va a acabar como yo pensaba, pero la experiencia del doctorado es importante y creo que me ha hecho como soy hoy en día. No me arrepiento».

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