Freno al feísmo de las marquesinas de autobús con dos únicos modelos

La Xunta implanta un diseño para entornos urbanos y otro para zonas rurales


santiago / la voz

Galicia, el país de los mil ríos y del millón de vacas, es también el de los infinitos modelos de marquesinas de autobús, muchos de ellos con un criterio estético mejorable, con graves problemas de mantenimiento y una eficacia cuestionable. La Consellería de Infraestruturas quiere poner fin de forma escalonada a la anarquía imperante en la red viaria gallega con dos únicos modelos, que pretende extender por toda la geografía, uno para los entornos urbanos y otro para las zonas rurales.

Se trata de una histórica teima de la Administración autonómica para poner en valor el paisaje que coincide con una de las demandas más frecuentes de los concellos en relación con el transporte público, de ahí que se haya optado por un diseño integrado en el territorio que mejore la protección contra las inclemencias del tiempo, que haga más cómodas las esperas y que sea identificable por la incorporación de elementos corporativos.

Modelo para las marquesinas
Modelo para las marquesinas
El modelo para zonas rurales, con más protección y madera de pino termotratada para aguantar mejor las inclemencias del tiempo
El modelo para zonas rurales, con más protección y madera de pino termotratada para aguantar mejor las inclemencias del tiempo

Los modelos escogidos tienen un almacenaje y transporte más sencillo, y son fáciles de montar. La madera y el acero son los materiales básicos, destaca el uso del pino termohidratado, que resiste mejor la humedad, y en su elección se ha tenido en cuenta la resistencia a los actos vandálicos, ya que cuenta con un vidrio de seguridad laminado. Al ser el borde de las carreteras su lugar natural, también se pensó en la seguridad vial, para lo que se ha creado estructuras resistentes pero deformables en caso de impacto de un vehículo, y podrán incorporar iluminación led con paneles solares, si fuera necesario.

Las primeras marquesinas con una imagen renovada y reconocible empezarán a verse en el segundo trimestre del próximo año. Hasta entonces, queda trabajo administrativo por delante que comenzará en las próximas semanas con la licitación de un contrato de suministro de las primeras unidades por un importe de 800.000 euros. La consellería cuenta con tener a disposición los primeros modelos en marzo, y a partir de ahí iniciar el proceso de instalación y sustitución de las marquesinas viejas, bajo un criterio de implantación que decidirá la propia Xunta. En total, en la primera fase se avanzará con las primeras 180, que es el plan de partida.

Los concellos y las diputaciones provinciales tendrán un papel esencial, porque, una vez suministradas, deberán asumir su conservación y mantenimiento, aunque Infraestruturas prevé redactar un contrato a partir del próximo verano para garantizar las labores de mantenimiento y la retirada de las estructuras ruinosas.

Carreteras más seguras

Al margen de la distribución que decida la consellería, en paralelo, la Axencia Galega de Infraestruturas irá demandando unidades para instalar en sus proyectos de eliminación de tramos con concentración de accidentes, cuando estos incluyan alguna parada de autobús.

La Xunta se ha comprometido a programar inversiones continuadas en los próximos ejercicios para que no decaiga un plan de renovación que ya intentó en el pasado. Los primeros esfuerzos para la unificación de criterios se remontan a la última etapa de Fraga, con Feijoo como conselleiro de Política Territorial, cuando se hizo una primera exploración que continuó con más intensidad en el 2010, ya como presidente. Entonces impulsó un proyecto para adquirir 230 marquesinas con un diseño único que tenían un coste medio de 4.348 euros. Las que ahora se proponen saldrán, en esta primera fase, a poco más de 4.440 euros.

Refugios más amables y eficaces para una red que afronta su cambio más revolucionario

La Xunta califica como actuación de «pequeña escala» la progresiva renovación de las marquesinas de autobús para hacerlas más amables y eficaces, y efectivamente lo es, porque los 800.000 euros que se van a destinar inicialmente, ya presupuestados para el 2019, son una pequeña parte de una tarta de 22 millones que se destinarán a darle un revolcón total al mapa gallego del transporte público. Este mismo mes irá al Consello autonómico la aprobación de las líneas generales del plan que debe estar en marcha a finales del 2019 y que significará un cambio aún mayor que el que se produjo el año pasado, cuando se sucedieron las jornadas de huelga al modificar 800 rutas a las que habían renunciado las empresas.

Ahora está todo mucho más engrasado, pero es imposible descartar desajustes en un nuevo mapa que se conocerá a partir del próximo verano, cuando las empresas podrán optar por la concesión de rutas. En principio, se deberían salvar algunos atrancos, como el laboral, que quedó amarrado el año pasado con los acuerdos sindicales que garantizaron entonces el empleo a medio millar de conductores.

Pero habrá que implementar otras novedades, como la extensión a todo el territorio gallego de la tarjeta Xente Nova, que hasta ahora permitía viajar gratis a los menores de 19 años en las áreas metropolitanas, a las que están adscritos 65 concellos -25 más han pedido integrarse-. Y se insistirá en nuevas fórmulas ya activadas, como el autobús escolar compartido, que ha tenido 115.000 usuarios, con tres millones de kilómetros recorridos y ni una sola incidencia; o el transporte bajo demanda a través de una central de reservas, cuyo uso está más verde (2.500 peticiones), pero en el que se va a insistir a partir del 2019.

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