El obispo de Tui-Vigo no denunció los abusos en los miguelianos porque su misión «es moral»

Tampoco el visitador canónigo de la orden denunció estos hechos al considerar que no eran delito: «Son pecado»

El obispo (derecha) a su llegada ayer a la Audiencia de Pontevedra
El obispo (derecha) a su llegada ayer a la Audiencia de Pontevedra

Pontevedra / La voz

Las dos últimas jornadas del juicio que se sigue en la Audiencia de Pontevedra contra el fundador y miembros de la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel se vieron marcadas por las intervenciones de los representantes de la Iglesia católica. Si el miércoles compareció como testigo el capellán de la prisión de A Lama e impulsor de la denuncia que, a la postre, dio pie a este proceso judicial, ayer intervinieron, entre otros, el obispo de la diócesis de Tui-Vigo, Luis Quinteiro Fiuza, y el visitador canónico designado por este para investigar la congregación.

Quinteiro Fiuza relató que, nada más tener conocimiento por parte de De Vega de que podían existir irregularidades en el seno de la orden, decidió abrir una investigación que le llevó a entrevistarse con distintos miembros de los miguelianos y con una exadepta. Añadió que, mientras los primeros negaron en todo momento la existencia de abusos sexuales u otros hechos punibles, esta le había relatado unas relaciones «forzadas», pero «no físicamente impuestas», por lo que optó por la prudencia.

Reconoció que no denunció estos hechos, aunque aseguró que insistió a la víctima para que diera ese paso. «Mi misión es moral», vino a decir en un momento de su declaración. Añadió que la joven «no fue físicamente violada», así que «de alguna manera entró en el juego».

En este sentido, y en declaraciones recogidas por Europa Press, el obispo de Tui precisó que le «preocupaba» la «cuestión moral» porque en la congregación se observaba una «falta moral» que atentaba «absolutamente» contra «los principios cristianos» y «los principios que ellos habían aceptado». Incidió en que no se metió «en si esto es del demonio o de Dios», pero dejó claro que «todo lo que es tentación es del demonio».

En todo caso, sostuvo que en ningún momento imaginó el alcance de lo que supuestamente ocurría en el seno de la orden.

Coincidió con Isaac de Vega a la hora de precisar que las autodenominadas consagradas no eran monjas, dado que se trataba de una «consagración individual, no públicamente reconocida por la Iglesia», aunque se habían iniciado los trámites. Esta circunstancia explica que no dispusieran de un hábito reconocido por la Iglesia católica, si bien para determinados actos religiosos sí que se les permitió vestir determinados hábitos.

Previamente a la intervención de Quinteiro Fiuza, el visitador canónico precisó que tuvo conocimiento de unos posibles abusos en el seno de la orden que no denunció al entender que, si bien denotaban «la existencia de pecado», presumiblemente no constituían, en su opinión, delito alguno. En su informe recogió, entre otras cuestiones, que los integrantes de la orden tenían una libertad de movimientos limitada, así como que pudo percibir una sumisión hacia Miguel Rosendo.

En el proceso judicial, la Iglesia es considerada por la Fiscalía de Pontevedra responsable civil subsidiaria en alguno de los delitos por daños morales que se imputan a los encausados.

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