El Ministerio de Educación estudia un sistema que permita evaluar a los profesores

Hoy se celebra un foro con expertos para debatir una «reforma integral» de la profesión docente


redacción / la voz

La ministra de Educación, Isabel Celaá, ya había anunciado que quería perfilar una reforma de la profesión docente antes de Navidad, y es posible que el de hoy sea un día importante. Para presentar el foro que acoge a expertos de primer nivel que nunca antes han estado juntos, Celaá dejó caer ayer que su ministerio estudia un sistema que permita evaluar a los docentes para garantizar que en las aulas se ofrece la mejor calidad. No dijo más. Al preguntar ayer la Consellería de Educación, esta evitó pronunciarse sobre propuestas que no conocen y recordó que «desde Galicia siempre se apostó por el pacto por la educación para este tipo de asuntos».

En cuanto al foro de hoy, está dividido en una charla inicial de Isabel Celaá con Paulo Santiago (de la OCDE) y en tres paneles de expertos que analizarán la formación inicial, la inducción a la profesión y la formación permanente y valoración de los profesores. En el primer encuentro estarán el pedagogo José Antonio Marina; Miquel Martínez Martín, experto en formación del profesorado de la Universidad de Barcelona; Mireia López Beltrán, profesora de Matemáticas en un instituto y del máster del profesorado en la Pompeu Fabra; y Carmen Fernández Morante, la decana de Educación de la USC, que se estrena como presidenta de la Conferencia de Decanos de Educación.

Tras la comida se analizará el acceso al trabajo docente, con Mariano Fernández Enguita, de la Complutense, uno de los expertos en educación más polémicos e interesantes de la actualidad; Francisco López Rupérez, expresidente del Consejo Escolar del Estado; Miguel Soler, secretario autonómico de Educación en la Comunidad Valenciana; y Marta Águeda Maroñas, presidenta de la Asociación Nacional de Estudiantes de Educación y Formación del Profesorado (Cesed).

Para terminar se ha elegido a otro de los pesos pesados de la educación, Álvaro Marchesi, catedrático en la UCM y uno de los artífices de la Logse; José Moya, responsable del Proyecto Atlántida, que integra experiencias sobre la idea de proyectar la ciudadanía democrática en el currículo, la organización de los colegios y las familias; Aurora Ruiz González, del colectivo Lorenzo Luzuriaga, un think thank socialista en Madrid; y Carmen Rodríguez Martínez, representante del Foro de Sevilla, un conjunto de profesores que se unieron en el 2012 contra la Lomce.

Una necesidad que no puede escapar de la polémica

s. carreira

Hay un acuerdo unánime en señalar al profesor como el gran pilar de la educación: los últimos estudios (como el de Gems Education) indican que es mejor estudiar con un buen maestro que en una clase de pocos alumnos. Pero a partir de esta premisa, el valor del docente, las unanimidades desaparecen.

En España sí podría decirse que hay un sentimiento generalizado de que el maestro no tiene el reconocimiento que se merece. Para muchos esto se debe en parte a la carencia de una carrera profesional como tal: da lo mismo que uno trabaje mucho o algo menos, que se esfuerce al máximo o cumpla solo con su deber, que se forme de manera constante o se mantenga en la zona de confort; al final, son los sexenios los que deciden su sueldo y es la Administración la que marca su rumbo profesional con ascensos más o menos subjetivos. La receta de cómo mejorar la situación es tan diversa como uno desee. Hay quien incluso cree que el «café para todos» actual es el mejor modelo.

El clima entre el profesorado está enrarecido también por los recortes del 2012: ratios excesivas (en muchas comunidades no se cuentan los repetidores para establecer el número máximo de alumnos), más horas lectivas (lo que impide preparar las clases con detenimiento), eliminación de las sustituciones (con los mismos profesores atendiendo cada vez más aulas) y bajada general de sueldos. Como remate, un currículo creciente, la polémica de las reválidas y un centralismo en aumento.

El Gobierno de Rajoy quiso establecer los cimientos de una carrera profesional a través del fallido pacto por la educación, con el Libro Blanco que le encargó a Marina y con un acercamiento a la Conferencia de Decanos. Ahora Celaá parece estar dispuesta a parchear la Lomce para centrarse en los docentes y firmar cambios que son tan necesarios como inevitablemente polémicos.

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