Vilaboa, el concello que más sufre las subidas de peajes de la AP-9: 6.000 coches más al día

Cada vez más usuarios cogen la autopista hasta el paso gratuito de Rande para seguir por carretera y evitar pagar a Audasa


vigo / la voz

Cada mil metros hay una rotonda. Casi tantas como bares salpican la carretera nacional 554, que atraviesa el municipio pontevedrés de Vilaboa, el que más sufre en Galicia las subidas de los peajes de la AP-9, porque con cada aumento de sus tarifas se multiplica el número de vehículos que se pasan de la autopista al antiguo trazado que bordea la ría de Vigo.

Miles de usuarios que cruzan a diario el puente de Rande lo hacen solo para aprovechar la gratuidad del viaducto en sus desplazamientos entre Vigo y Pontevedra, haciendo el resto del recorrido entre las dos ciudades por la carretera paralela de Vilaboa.

«Con la subida de los peajes de enero pasamos de unos 4.000 vehículos al día a unos 10.000 ahora», asegura José Luis Poceiro, alcalde de Vilaboa. «Y con las nuevas subidas, seguro que aún aumentará más el tráfico que atraviesa el concello», augura el regidor socialista.

El tráfico pesado se ha comenzado a trasladar también al reformado vial costero para ahorrarse los 8,10 euros que le cuesta el peaje entre Vigo y Pontevedra. Salvo en la salida de Rande hacia Vilaboa y casi en la conclusión de la carretera en la parroquia de Toural, todo el trazado es una sucesión de enclaves residenciales y casas que salen al paso de la carretera. El peligro para los residentes en el municipio pontevedrés va en aumento, al multiplicarse exponencialmente el tráfico que soportan.

Petición de rebajas en la AP-9

«Claro que hay más peligro, pero afortunadamente el único accidente mortal que se produjo en los últimos años ocurrió cuando estaban mejorando la carretera», indica el alcalde. Poceiro ha pedido a Madrid más pasos de cebra para incrementar las medidas de seguridad que ya se habían redoblado con nueve rotondas que obligan a bajar la velocidad de 70 a 50 o 40 kilómetros por hora, dependiendo de la densidad poblacional de los núcleos que atraviesa.

El alcalde está convencido de que la AP-9 «está ya más que amortizada». «No sé cuántas veces nos la van a querer hacer pagar», afirma. Secunda la idea de que, si Audasa rebajase sus peajes a los usuarios frecuentes, los que utilizan la autopista casi todos los días para moverse entre Vigo y Pontevedra, se reduciría notablemente la intensidad del tráfico que soportan los vecinos de Vilaboa.

Estos están centrados con pancartas y pintadas en una protesta contra el derribo de viviendas ilegales instado por la Xunta, y no dan muestras visibles aún del temor que supone un tráfico muy intenso, cargado de vehículos pesados y de automovilistas que no quieren recortar los apenas diez minutos que requiere de más el viaje por la costa frente a los tiempos que permite la autopista.

Algo más de caja

«Ahora corren menos, porque hay mucho más tráfico», atestigua un vecino que asiste al paso de los vehículos desde un bar de la parroquia de Santa Cristina de Cobres. Su camarero reconoce que se nota algo más de caja con el crecimiento del paso de coches por la zona, «pero a maioría son traballadores que viven en Pontevedra e van a Vigo a traballar ou ao revés, e eses non paran, non van gastar en cafés o que aforran en peaxes», dice, y ríe el público asiduo del establecimiento, corroborando la simplicidad y acierto del razonamiento.

Es fácil contabilizar caravanas de hasta 25 coches que continúan desde el pie del puente de Rande hasta el cruce de la nacional 554 con la 550. Son solo diez minutos lo que hay que añadir al viajar por el centro de Vilaboa en lugar de hacerlo por la AP-9, pero miles de conductores frecuentes de dicho itinerario certifican con su elección que les vale la pena.

Otros arañan 1,05 euros al peaje entre Vigo y Pontevedra saliendo de la autopista, tras pasar Rande en O Morrazo, para volver a entrar en el mismo enlace con el boleto que, una vez entregado en el siguiente peaje, aplica la tarifa como si se partiese de Moaña. Al mes se ahorra así más de 20 euros, pero hay que tener tiempo y renunciar durante un par de minutos a la velocidad de crucero.

El olvido de la N-550, ese sí que es un peaje caro

juan capeáns

El vial entre A Coruña y Tui tiene el efecto vertebrador de la AP-9, pero con baches en vez de barreras

Galicia ha librado con gran dignidad y paciencia dos largas batallas con el Ministerio de Fomento: la finalización de las autovías del Noroeste y de las Rías Baixas y la llegada del AVE, que será realidad dentro de poco más de un año. Ambas infraestructuras son de máximo interés general, porque su funcionamiento tiene un innegable impacto social, además de satisfacer múltiples necesidades territoriales.

Pero al margen de los puertos y aeropuertos, solo la autopista del Atlántico alcanza un rango estratégico similar para los gallegos, si cabe mayor, porque un 60 % de la población vive cerca de ella y hace un uso más o menos intensivo o incluso diario. En los últimos meses, al hilo de las subidas de los peajes y de la reclamación de su titularidad por parte de la Xunta, se ha insistido en la trascendencia de esta arteria, que es capaz de poner a un ferrolano en Valença do Minho en dos horas, eso sí, después de pagar 20,40 euros de peajes y 17,50 de combustible en un coche de gasolina normalito. Una desproporción de gastos que denunciaba esta semana el presidente Feijoo y que solo se da en la autopista del Mediterráneo (AP-7) y en alguna vía de alta capacidad del entorno del País Vasco. Carísima, claro que sí.

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